miércoles, 8 de mayo de 2013

Chovinismo a la inversa



Una de las constantes, entre los adultos jóvenes venezolanos de clase media, es el desarraigo que dicen sentir hacia su tierra. Los que no se han ido todavía están considerando la posibilidad, si no es que ya tomaron la decisión de emigrar. Es común leer en las redes sociales manifestaciones de inconformidad y de rechazo hacia lo nacional, deconstrucciones de los atractivos que se venden como hitos de la venezolanidad, buscando su ridiculización: ¿que tenemos las mejores playas? Sí, y un cerro de basura en ellas; ¿El Ávila? Sube a ver si no te roban; ¿la amabilidad del venezolano? Claro, sobre todo en el metro en horas punta. Y así hay miles de ejemplos.

Con mucho pesar debo admitir que, aunque me duele, esa manera de pensar está plenamente justificada. El país hoy en día no les ofrece mucho, por no decir que nada: por más estudios que realicen, por más títulos que acumulen, la oferta de trabajo es ínfima, así como las remuneraciones. Una pareja joven se casa: lo natural es que consiguiera un apartamento en una zona de clase media, con un cánon de arrendamiento que le fuera sencillo de pagar con el sueldo de ambos; con el tiempo, ir ahorrando lo suficiente para alcanzar la suma necesaria para la cuota inicial de una vivienda, y pagarla en unos 15 o 20 años. Como lo hicimos nosotros, los que nos tocó la suerte de vivir esa etapa hace unos 30 años. A bajarse de la nube: si acaso pueden pagar una habitación con derecho a baño en alguna zona céntrica de Caracas, o un miniapartamento ya sea en los altos mirandinos o en el eje Guarenas-Guatire. Con todos los inconvenientes que eso acarrea, puesto que el trabajo por lo general lo tienen en el casco urbano. O vivir arrimados en casa de los padres. Es sintomático el crecimiento vertical de las casas en las zonas residenciales; a todas les construyen un piso o dos adicionales, para darle techo a los hijos.

¿Y cómo se divierten? Los que no tienen instintos suicidas hace rato que dejaron de frecuentar locales nocturnos: las salidas son si acaso al cine, a tomarse unas birras en El Leon o El Naturista, pero hasta temprano,  y después caer en casa de alguno de la partida para amanecer e irse con la luz del sol. La inseguridad es uno de los principales disparadores de las ganas de marcharse. Uno, como padre, vive con el corazón en la boca siempre. El tema de los secuestros express es una espada de Damocles en la cabeza de cada uno de nosotros, sin importar la posición social. Los hampones se antojan de cualquiera, y el día que te toque verás como pares los 30, 40, 50 palos que te pedirán como rescate.

Así que el gran plan que se urde en la mente de los jóvenes, al llegar a su veintena, es irse de Venezuela. Saben de antemano que no van a trabajar en la profesión que escogieron,a menos que tengan un golpe de suerte, pero no les importa mucho. Venden todos los activos que pudieron acumular en su corta vida, cambian los bolívares conseguidos en moneda dura, compran el pasaje de ida, y se marchan. Se van a agarrar cualquier cosa, cualquier empleo que les permita pagar el alquiler y la comida. Y lo consiguen, por lo general. Así van radicándose en España, Inglaterra, Italia (los que cuentan con la doble nacionalidad por sus padres), o Estados Unidos, Colombia, Chile, Costa Rica. Los más osados se van a Australia o a Canadá.

Pero algo hay que reconocerles: los ves en las redes sociales interesados por la situación del país, votan, van a marchas allá donde viven. Están bien enterados de lo que sucede en el país, y tienen opiniones fuertes.A pesar del supuesto rencor que parecieran albergar hacia el país, en el fondo sí tienen algún tipo de sentimiento hacia lo que dejaron atrás. Por lo general dicen que es por su familia, pero yo creo que hay algo más: tal vez, el despecho de no haber podido vivir una vida normal en la tierra que les correspondía por derecho.

lunes, 6 de mayo de 2013

Leer: 5° Festival de la lectura Chacao, 2013

Foto tomada de la página de Facebook del Festival


Ayer domingo 5 de mayo clausuró el festival de la lectura en los espacios de la Plaza Altamira. Desde el viernes 26 de abril estuvo abierto a un público ávido de ese tipo de experiencias: gente que necesita un desahogo, un escape a la situación agobiante del país. Un pequeño gran respiro, en suma.

Nosotros nos acercamos al festival en tres oportunidades: el 1° de mayo, aprovechando el feriado del día del trabajador, y las dos últimas fechas. En todas las ocasiones la plaza estuvo llena, y tuvimos la grata posibilidad de compartir con amistades recientes y añejas. Además de disfrutar de las ofertas propias del evento, que fueron muchas y variadas, el encanto estuvo precisamente en el rescate de ese ambiente relajado bajo el signo de la cultura, pero no una cultura solemne y acartonada, sino festiva.

El día sábado fue el que mayores satisfacciones me produjo: asistimos a una conferencia sobre la obra de Cortázar en general, con especial énfasis en Rayuela, dada la circunstancia de la conmemoración del cincuentenario de la novela. La ponente, la argentina Eva Tabakián, toda una experta sobre el tema cortazariano, nos dio un ameno paseo por la vida y la obra del genial escritor. Con anécdotas de primera mano nos fue contando la historia menuda de Julio, desde sus inicios hasta su lamentable muerte. Y nos ofreció una visión particular sobre el mundo de Rayuela, que reafirmó cosas que ya sabíamos pero también nos aportó elementos que no habíamos notado. En lo particular me sembró las ganas de releer la novela, bajo esa nueva luz. Acto seguido, nos movimos hacia el pequeño anfiteatro de la zona sur de la plaza, cruzando la Miranda, en donde disfrutamos de la música caribeña producida por Alfredo Naranjo y su Guajeo. Como siempre, fue un espectáculo memorable. No es sólo la maestría de la banda, en donde todos los músicos son profesionales de primera línea, sino el ambiente tan sabroso que sabe imponer Naranjo en sus toques. Parece un muchachito travieso, siempre buscando el momento jocoso y estimulando al público a divertirse. Hasta yo, que estoy dotado de dos pies izquierdos, no pude evitar sacudirme e improvisar una coreografía en los escalones del teatro al aire libre, lleno a reventar. Una jornada memorable, bajo todo punto de vista.

El domingo fue el destinado a la compra: dimos varias vueltas al circuito en busca de las ofertas de última hora, y regresamos a casa con un discreto botín literario, que de seguro suplirá las necesidades de lectura de los próximos meses. Ojalá esta iniciativa se mantenga durante los próximos años, la ciudad lo va a agradecer.

viernes, 3 de mayo de 2013

Papel toalé rosado



El automercado en donde suplo mis necesidades cotidianas de compra, después de días de ausencia total de existencias de papel higiénico, amaneció con los estantes destinados a esa mercancía llenos de papel propio de paraderos de carretera o de oficinas burocráticas - que vienen siendo lo mismo, en realidad: ese papel rosado sucio, el gris de los rosados, de consistencia parecida a la lija, sin las convenientes separaciones perforadas. El rancho de la higiene, el último escalón antes de llegar a las hojas de "El propio" o "Primera hora".

Y no es que uno sea demasiado exquisito, o demasiado sifrino. Es que,caramba, ciertas comodidades son irrenunciables. La vida ya es demasiado dura por sí misma para que también lo sea en ese momento tan cotidiano pero tan íntimo; someterse a la tortura de la limpieza áspera es cruel, no encuentro otro adjetivo mejor. Yo no vengo de una familia acaudalada ni mucho menos, clase media que comenzó siendo baja pero poco a poco fue mejorando en la escala social. Que yo recuerde, casi nunca hubo necesidad de escatimar a la hora de comprar papel. Siempre estaba acomodado en su portarollos el papel blanco, suave, convenientemente segmentado en cuadros uniformes, que no lastimaba con el roce. Hoy en día no es cuestión de dinero, sino de oferta. Ya no se puede elegir con qué material vamos a limpiarnos. Es el papel higíenico que esté en los anaqueles.

Lo que sucede con el papel acontece también con la mayoría de los rubros, por supuesto. Cada semana le toca escasez o desaparición absoluta a algún artículo básico para el día a día. Y las amas y amos de casa se ven sometidos a peregrinaciones de automercado en automercado, pasándose la voz: "en el Gama hay arroz", "llegó el Maceite al Plan Suárez" son los mensajes que más circulan por el BBM o por la mensajería de texto. Como en una caza del tesoro pasamos nuestro tiempo libre en la búsqueda de los víveres indispensables para nuestra dieta o nuestra calidad de vida.

Y tal vez no hayamos tocado fondo todavía. A lo mejor, dentro de unos meses, estaremos añorando la calidad del papel rosado sucio, mientras la foto de la sonreída "propia"  vaya acercándose a la zona anal para cumplir con la desagradable pero necesaria tarea higiénica. Limpiarse con una bomba sexy, el sino de los venezolanos del año 13 del siglo 21.