domingo, 19 de agosto de 2012

Por el medio de la calle 2012, hasta el momento.




Sábado 28 de julio: el hombre levitante.
En una Plaza Bolívar de Chacao rebosante de gente, vimos la primera convocatoria del nuevo formato. Esparcidos por la plaza, algunos elementos que parecían dar pistas sobre lo que ocurriría allí: varias tarimas pequeñas, unipersonales casi, en donde se supone se acomodarían los músicos, y en dos o tres lugares un mobiliario tipo sala de apartamento (sofás, puffs cuadrados). Una estatua humana representando un campesino fue el sujeto de centenares de objetivos fotográficos; hasta ese momento era la única atracción evidente. De manera repentina comenzó un barullo,  la gente se fue aglomerando hacia el lado sur de la plaza, y allí observamos la ceremonia de vestidura de un caballero en el aire: como por arte de magia, le estaban colocando prendas de vestir a un señor que aparentemente estaba levitando. Concluído el trámite, el señor estaba flotando, apoyado con una mano (parte del truco, no era su mano en realidad sino una estructura atornillada de la pared) de un edificio. La ilusión era perfecta... pero como espectáculo, a los 5 minutos perdió la gracia, con sacar las fotos de rigor nos dimos por satisfechos y nos dispusimos a aguardar la atracción siguiente. Sin embargo no llegamos a ver más nada: pasó tanto tiempo sin ningún anuncio, que decidimos levar anclas y regresarnos.

Sábado 11 de agosto: multimedia.
Esta vez la convocatoria tuvo lugar en ese grato lugar de encuentro ciudadano que constituye la plaza Los Palos Grandes. El menú del día fue una jornada de canje de libros, y un espectáculo a tres bandas: una poeta leyendo algunos textos, acompañada por unas fotográfa que iba pasando en una pantalla algunas de sus tomas y por un guitarrista que improvisaba riffs. La idea interesante, la ejecución algo menos. A manera personal, no sentí empatía con la propuesta, lo mismo le sucedió a mis acompañantes y nos fuimos antes de que concluyera.

Sábado 18 de agosto: rock en la Isabel la católica.
Muy poca gente, espantada tal vez por la lluvia. La convocatoria era a las 4:00; llegamos a las 5:00 y estaban crudos, probando sonido todavía. Como a un cuarto para las seis se montó la primera banda, los Stereo Jam, para mi gusto unos muchachos en busca de su identidad, por ahora una suerte de "wannabe" Amigos Invisibles, con mucha energía pero sin muchas ideas que celebrar. Buenos ejecutantes de sus instrumentos, pero musicalmente incipientes. A continuación se montó Del Pez, una banda familiar (entre sus integrantes, tocan padre e hijo). Un rock bastante sólido, con reminiscencias pinkfloydianas; un vocalista/guitarrista, con guiños a Gilmour a ratos,  demasiado hiperkinético para mi gusto: era tal la vehemencia que le ponía a su ejecución que cuando le tocó hablar lucía fatigado de manera notoria. A la banda se le nota cierta falta de experiencia, pues tienen menos de un año de formados. Sin embargo son músicos muy solventes (no por nada tienen el sello Friedman) y si siguen por ese camino, puliendo algunos detalles, tienen potencial para llegar lejos. Por último, Fibonacci, sin duda lo más descollante de la noche. El mejor elogio que se les puede hacer es que no se parecen a nadie. Es una banda con una gran personalidad, y su frontman, Baldomero Verdú, es un ser que derrocha buena vibra y humildad bien entendida. Hasta el momento, esta jornada fue lo mejor del nuevo formato de PELMDLC.

domingo, 12 de agosto de 2012

Nostalgia

-.-


Nostalgia, ese aguacerito que se instala en los recovecos de la memoria,
y en un juego de espejos deformados nos ilusiona con un ayer mejor.

Nos ancla a recuerdos antiguos, estalactitas pendientes en la mente,
geologías fantasiosas en perenne formación.

Engañadora de oficio, mareadora, celestina del pasado,
¡cómo sabe su oficio ejercer!

Nos seduce y nos tormenta con películas embusteras,
y, tontos nosostros, nos las volvemos a creer.

sábado, 7 de julio de 2012

Lluvia




Resuenan cantarines los techos,
melodías monótonas improvisan;
gotean (¿o sangran?) los aleros,
las aguas al suelo irisan.

Caleidoscopio desparramado en asfaltos tornasoles;
superficies carentes de roce, resbalosas;
luces rojas agrediendo los ojos, aceitosas;
parabrisas salpicados por gruesos goterones .

La ciudad se paraliza toda,
el agua se represa,
la población se siente presa
por la natura que incomoda.

Las personas se refugian en los portales;
los motorizados bajo puentes parecen anidar;
El tráfico se acumula en los corredores viales;
Llueve, llueve, llueve sin cesar.





martes, 3 de julio de 2012

Lunares



La luna, esa enorme piedra
flotando sobre nuestras cabezas,
creciente, llena, redonda, brillante,
eterna, solemne, nueva, menguante...
todas sus fases se confabulan
para alternar alegrías y tristezas,
para despertar pasiones
y lubricar tibiezas.

Si no existiera la luna,
habría que inventarla:
ningún poema de amor
estaría completo
sin el resplandor
del astro quieto
en el firmamento,
colgado del cielo
como un ornamento.

Ningún poeta digno de respeto
puede prescindir de la luna.
Alguna vez tendrá
que componer un soneto,
una oda, un epigrama
al astro nocturno que engalana
el negro techo del planeta.




.


sábado, 30 de junio de 2012

Opresión



Andar por la vida con sandalias de hormigón,
circular aceite y no sangre por  las venas,
no respirar oxígeno, sino hollín.
Opresión.

Percibir el odio de miradas a traición,
cargar bolsas de ladrillos llenas,
tragar cucharadas de aserrín.
Opresión.

No atravesar aire sino capas de algodón,
ríos de petroleo cruzar con penas,
arrastrar un cadena que no tiene fin.
Opresión.

Soñar el reposo en un mullido almohadón,
volar en sueños con alas ajenas,
despertar cubierto por un enorme adoquín.
Opresión.

martes, 26 de junio de 2012

Fábula del banco y la farola



En la geografía de mi imaginación
existe un río risueño
que cruza un pueblo pequeño,
lejano, sin tradición.

Apenas una excusa
para albergar una plaza,
de vegetación escasa
y que casi nadie usa.

Pueblan la plaza escueta:
1) un prócer petrificado,
2)una farola coqueta,
3)un banco desportillado.

Cuando la tarde se desvanece
y el sol se oculta franco
un joven estudiante aparece
y se sienta en el vetusto banco.



La farola entonces se enciende
para alumbrar al muchacho
que anda todo borracho
por lo que todavía no entiende.

Saca un grueso tomo
de su ajado morral;
reza en su golpeado lomo:
"Tratado sobre la moral".

Lo confunden las palabras
mas lo tienen atrapado;
el libro no puede soltar
aunque anda demorado.


La farola envidia al banco
que da asiento al estudiante;
a su vez envidia el banco
del farol su luz radiante.

No lo aceptan, por supuesto,
y cual si fuera un torneo
comienza el bombardeo
de halagos autoimpuestos:

"¡Soy más importante!
-exclama la farola-
"Él no podría estudiar
sin mi luz brillante".

"¿y a mi que me cuentas?"
-replica el banco airado-
"sin mi buen apoyo
acabaría pronto cansado".

Pero la verdad es tajante:
tan necesario es el asiento
como la fuente de luz
para el joven estudiante.

Del centro de la plaza, de repente,
emerge un rumor potente:
se trata del prócer pétreo
que está riendo entre dientes.

A la sabia estatua del prócer
causa gracia el proceder
del que quisiera ser el otro
sin reparar en su ser.

Y así acaba esta fábula
que no tiene ton ni son,
simple y modesto fruto
de mi corta imaginación.











El largo viaje que es la vida


La vida es un largo viaje
accidentado, rutinario o divertido;
puede ser solitario,
o al contrario, compartido.

Tal vez sea atormentante,
o resulte relajante;
puede brindar escenas trágicas,
o simplemente mágicas.

A veces queremos detener el viaje,
parar un momento, frenar al carruaje.
Pero es imposible, y lo sabemos:
si nos apeamos, nos lo perderemos.

En el carrusel de feria
debemos seguir montados,
y ni siquiera podemos subir
en el animal deseado.
Todos quisieran viajar
en el caballo alado,
pero de esos hay pocos,
y debemos conformarnos
con el cerdito sonriente,
el elefante o el moscardón.
Sin embargo, no importa:
Todos van en la misma dirección.

A veces el viaje resulta agobiante,
y dudamos en seguir adelante,
pensamos quedarnos en alguna estación,
esperar tal vez una mejor ocasión.

Pero los trenes de la vida son incesantes,
debemos tomarlos, no hay atenuantes,
ni descansos, ni vacilaciones :
solamente el movimiento constante.

Cuando se ha traspasado
del viaje la mitad,
hace mucho tiempo, además,
es inevitable reflexionar.

El camino andado no puede recogerse,
las acciones no pueden devolverse,
las palabras no pueden borrarse,
los recuerdos olvidarse.

Todos sabemos como empieza 
el largo viaje que es la vida:
con gritos, sangre y dolor germinal; 
pero ignoramos cual pieza
del destino, latente, dormida,
nos dirija al inevitable final.



domingo, 24 de junio de 2012

Ojos



El conjuro del profundo
negror de tus pupilas
me condenó al eterno
suplicio de evocarlas.

Y no hay dia, ni noche,
ni madrugada, ni tarde
que no sufra el perenne
dolor de recordarlas.

Dos negros faroles
de acerado brillo,
escrutadores implacables
de todos mis movimientos.

Dos sensores incansables,
acuciosos, insobornables,
dos jueces inconmovibles
ajenos a los sentimientos.

Esos ojos hoy apagados
solo viven en mi memoria,
pero tengo la seguridad de
que me aguardan en algún lugar...

En el destino final.

Cuando cruce el río
en la barca de Caronte,

estarán allí, aguardado mi arribar.



sábado, 23 de junio de 2012

Tu partida


Amanece, y la sucia luz matutina
me recuerda tu mirada
severa, de reproches cargada,
y cansada de la rutina.

Y pienso que soy esto,
no te puedo dar más nada,
la vida es una chorrada,
un transitar siniestro.

Anoche hubo mucho vino,
mucha música, mucho sonido;
esta mañana solo silencio,
busco a mi lado pero te has ido.

No supe retenerte, no supe guardarte;
no supe lo que tenía que darte;
Ahora lo sé, pero es demasiado tarde.

sábado, 12 de mayo de 2012

Llueven balas



La imagen anterior corresponde a una bala que mi esposa recogió esta mañana, en la terraza. Dicha terraza constituye nuestro lugar de escape; el sitio que nos permite estar al aire libre, de noche, sin correr peligro alguno (o por lo menos eso pensábamos). Solemos instalarnos allí cuando comienza a atardecer, provistos de unos tragos, a escuchar música y a hablar pajita. Nos sentimos felices, si me perdonan la puerilidad.

Pero ahora llueven balas. Del cielo caen proyectiles, salidos del arma accionada por algún irresponsable. No es la primera vez que ocurre: ya en otra ocasión encontramos una bala, justo la mañana siguiente a una fiesta que una de nuestras hijas celebró precisamente en la terraza. Suponemos que La bala de hoy fue disparada al aire, pues está bastante bien conservada, es decir, sin las deformaciones que tendría de haber sido disparada hacia un objeto cercano. No se nada de armas ni de municiones: supongo que corresponde a un calibre pequeño, tal vez 38 o menor. Pero una bala, así venga en caída libre, si te cae en la cabeza puede herirte seriamente, tal vez hasta pueda matarte. No se si ahora podremos instalarnos con la misma tranquilidad en la terraza. Tal vez el fantasma del miedo nos obligue a guarecernos, buscando la protección de las consabidas cuatro paredes.

Hace algunos años escribí un pequeño texto que creo viene al caso:



"Uno de los temas mas abordados por Borges, casi pudiera decir que su ‘leit motiv’, es el laberinto. En su cuento ‘El jardín de senderos que se bifurcan’ propone un laberinto infinito, que se desarrolla en el interior de un libro. Una noche reciente, acabando de releer el cuento en cuestión, me acosté algo inquieto. Tal vez el calor, tal vez demasiado café, posiblemente intrigado por el significado del cuento, no pude conciliar el sueño. Puse mi mente en automático, a divagar, tratando así de burlar el insomnio. Casi fatalmente, llegué al tema predilecto de Borges.  Un laberinto infinito. ¿Como crearlo? Debe ser imposible.

De repente, un disparo aislado en el silencio de la noche me proporcionó la clave: ya tenía mi laberinto resuelto. El método es sumamente sencillo: como punto de entrada al laberinto se escoge el sitio en donde se produce ese primer disparo. El resto es descontado: se espera la repetición del hecho, y se traza una línea imaginaria entre ambos puntos. El procedimiento se repite para todas las ocurrencias de ese evento, es decir, un disparo aislado. Tendremos de esa manera un laberinto infinito, que sabemos donde empieza pero no donde termina. Este método tiene, no obstante, una debilidad: el laberinto podrá dejar de ser eterno para una persona cuando el disparo aislado en la noche, la consiga en su trayectoria.

A partir del momento en que maquiné mi laberinto infinito, no he tenido mucha paz. No puedo evitar sentir un estremecimiento al escuchar esos balazos que de vez en cuando se escuchan, partiendo la noche".


Pues ese texto, pensado como un ejercicio de imaginación, me vino a la mente con el episodio de esta munición caída del cielo. Uno oye hablar del desarme de la población, así en abstracto, y piensa que es necesario pero utópico. Pero cuando tiene el objeto concreto en la mano, esa bala, entiende que existe la posibilidad real de morir baleado como un mismo pendejo mientras se toma un whiskicito al fresco de la noche, porque a un individuo le pareció gracioso soltar unos cuantos tiros hacia el cielo. Entonces empiezan los escalofríos y se clama por una solución definitiva a este problema. Ojalá el destino no nos depare una bala perdida, ojalá no seamos el punto final del laberinto.