En mi adolescencia, allá por los ya muy lejanos años setenta, la manera primordial de descubrir música era la radio. Había dos emisoras que competían por la audiencia afín al rock: Radio Capital y Radio Caracas Radio. Yo era más fiel a la primera, aunque había algunos locutores en la rival que también procuraba escuchar. En esa etapa de descubrimiento conocí algunas canciones que defino míticas, tanto por ellas en sí mismas como por la dificultad de conseguirlas en un formato físico que me permitiera escucharlas cuando se me antojara, y no cuando tuviera la fortuna de que el locutor de turno las pusiera al aire. Recuerdo tres de esas canciones, todas ellas en versiones en vivo: Funeral for a friend, de Elton John; I don´t need no doctor, de Humble Pie, y Room to move, de John Mayall. Las dos últimas llegaron a mi colección muchos años después: Room to move la encontré en La Discotienda de Oro (esa tienda que estaba pared de por medio con la librería Suma), en CD, incluida en el disco The Turning Point, que fue una especie de precursor del formato unplugged que luego pondría de moda MTV; la otra, de Humble Pie, está en un lp que heredé de mi cuñado, el famosísimo disco en vivo en el Fillmore. Con la de Elton John no tuve mayor suerte, así que me debo conformar con el recuerdo.
Todo esto viene al caso porque me enteré hace poco de un dato curioso con respecto a la canción de Mayall. El sábado pasado estuvimos en una presentación en Alejandría, moderada por el gran Xariell Sarabia, en donde Julio César Venegas mostró y comentó una colección de fotografías tomadas por él, en la cual el factor aglutinante es el mundo de la música. Un paréntesis para decir que fue una conferencia brillante, cargada de calidez, erudición y nostalgia por aquellos años 70 y 80, tan añorados por mí. Cuando le llegó el turno a una foto de Mayall, me fue inevitable nombrar Room to move, y comentar la traducción tan estrambótica al español que le impusieron al título en esa época, que no fue otra que "Habitación Movible" (en realidad, room to move se traduce como espacio para moverse). Venegas me respondió: "esas fueron vainas de Loscher".
Wao. Loscher distó mucho de ser un improvisado, y tenía una cultura vasta, así que un desliz así no me pareció propio de él. Tuvo que haber un motivo, me dije. Y me fabriqué una hipótesis: el título impuesto por Iván puede haber sido un guiño al libro "A moveable feast", de Hemingway. Una habitación movible para llevar a cabo una fiesta también movible en el espacio y en el tiempo.
Claro, es muy probable que a Loscher no se le haya pasado por la mente esa asociación que propongo, pero qué carajo, uno es dueño de su propia e íntima mitología, después de todo.
