jueves, 7 de junio de 2018

País ficcional

Hace algún tiempo mi editor, Carsten Todtmann, me contó que, durante una estadía suya en la República Democrática de Alemania, es decir, la Alemania comunista, aprendió el siguiente dicho, que describía el estado de cosas en el país: "la gente finge que trabaja, y el régimen finge que gobierna"

Últimamente he estado recordando mucho esa anécdota, asimilándola a la realidad venezolana actual. Estamos sumergidos en una dinámica ficcional. El país, lo que queda de él, está agarrado ya no con alambres sino con pabilo. 

Ya el tráfico es cosa del pasado; las vías andan ligeras, escasas de vehículos. Cada vez hay más carros parados, y no es para menos. Cualquier repuesto descuadra el presupuesto familiar. Sin hablar del indispensable aceite, sobre todo para los carros viejos que son la constante. Además de la calle, los signos de la inminente paralización del país se pueden apreciar en los comercios. Voy a poner de ejemplo el automercado Central Madeirense de El Marqués. En la zona de frutería tenían tres grandes estantes en el medio, destinados a la fruta y hortalizas que no necesitan refrigeración: papas, cebollas, plátanos, aguacates, cambures, cocos. Un día desapareció uno de ellos. Ahora ya no hay ninguno. El vacío reemplazó a dichos estantes, y la mercancía que albergaban fue distribuida en los anaqueles refrigerados adosados a las paredes. Pero ni así estos se llenaron. El mismo patrón se observa en las restantes áreas del automercado. Ya no se molestan en redistribuir la mercancía para disimular la escasez, como se hacía en otras épocas. Ya no es necesaria ni eficaz la simulación. Algunos empleados hacen su labor con cierta mística, pero son los menos. La mayoría esgrime su total desidia. Y ya ni los culpo ni les reclamo. 

En realidad me parece asombroso que todavía haya gente que acuda a un empleo en donde, por mucho que gane, no se va a acercar ni de lejos al monto necesario para cubrir la canasta básica. ¿Cómo hacen? Es más, ¿cómo hacemos? ¿Cómo estamos enfrentando esta situación? Empobreciéndonos paulatinamente, me temo. Quemando reservas quienes las tengan, o apelando a la buena voluntad de los familiares que puedan echar una mano eventualmente. Dicen que muchos sobreviven gracias a las remesas que reciben del exterior, y es una posibilidad, ya que actualmente es poca la gente que no tenga al menos un allegado que haya emigrado Pero no es una estrategia sostenible en el tiempo, por supuesto. Urge un cambio. O naufragaremos irremediablemente.

domingo, 29 de abril de 2018

La soledad del domingo por la mañana

Caminar por Caracas en las horas tempranas del domingo es una experiencia solitaria. Sobre todo por las calles internas de una urbanización. Apenas uno se distancia de la avenida principal, la preminente presencia es la del silencio. No se oye más que el eventual ladrido de un perro, un carro desplazándose con tranquilidad de tanto en tanto, o alguna conversación en los pisos bajos de los edificios. La sensación es la de una ciudad desierta; a esto ayuda la ausencia de comercios prestando servicios. Hasta el reloj de la plaza está detenido en unas improbables 4:35, que no sabemos si fueron AM o PM. Casi nadie transita las vías, salvo algún residente de la zona, en pantuflas, acompañando a su mascota en su desahogo matutino, y esa figura triste que ya se ha vuelto parte del paisaje: el hombre que, con un morral al hombro, registra los contenedores de basura en búsqueda de los desperdicios de la semana. El que tengo al frente tuvo la fortuna de ser el primero en llegar, y por la cantidad de cosas que extrae parece haber tenido la suerte del madrugador. 
En mi deambular paso por el frente de un restaurant que proclama ofrecer una experiencia igual a la de la casa de uno, pero en la lista ningún precio baja de los siete dígitos; no sé en las demás, pero en mi casa todavía se puede comer un poco más económico.
Llego a una panadería, la única que presenta actividad en la zona, pero todavía no abre. Espero junto a otras dos o tres personas, que se preguntan si habrá salido pan. Ese no es mi motivo; yo voy por café. Transcurren si acaso unos cinco minutos, y el encargado de la puerta la abre. Todos titubeamos antes de entrar; parece que ninguno quiere ser el primero. Por fin lo hacemos, y cada quien se dirige al mostrador de su interés. Yo apunto decidido al de la cafetería, pero la dependiente me informa que la máquina todavía no ha alcanzado la presión necesaria, y que harán falta unos quince minutos más. Por mucho que el cuerpo me pida café, no tengo intenciones de esperar ese tiempo, así que me marcho a ver si corro con mejor suerte en otro lugar. Pregunto la hora, ya que ando sin ningún dispositivo encima que me la indique. Son las 7:15 AM.

viernes, 20 de abril de 2018

La historia de César

En estos días me acordé de César Montenegro. A pesar de parecer un nombre inventado para alguna telenovela, este César existió realmente, y lo conocí cuando estaba gerenciando un proyecto de migración de plataformas en una empresa de seguros. Lo subcontraté como analista programador, por su experiencia tanto en la plataforma como del negocio, ya que venía de trabajar en una compañía aseguradora que no soportó la crisis financiera de los 90: quebró, y sus activos fueron absorbidos por FOGADE. Esto que narro ocurrió a comienzos del siglo XXI, tal vez en 2003 o 2004 como mucho. César era un hombre algo mayor que yo, casado, con un hijo a punto de entrar a la universidad. Muy educado y respetuoso, tal vez no era el mejor en su profesión pero suplía sus carencias con escrupulosidad en su desempeño. Tenía una gran preocupación: al quebrar su antiguo empleador, le quedaron debiendo la liquidación, tanto a él como a el resto del personal. Hicieron toda la presión que estuvo a su alcance, hasta que por fin contrataron a un reputado jurista para que los representara en la querella. César, por esos días, pasaba de un estado de alegría a uno de frustración con gran facilidad, dependiendo de las noticias que recibía sobre el asunto. Un día, sin embargo, su preocupación pasó a ser otra. Unos meses atrás había comenzado a manifestar una leve cojera, causada por un dolor en la rodilla. No le paró mucho, al principio, pero llegó un momento en que comenzó a ser inaguantable el dolor, y fue al médico. El diagnóstico fue devastador: tenía cáncer. Lamentablemente no fue mucho lo que se pudo hacer por él; estaba contratado a destajo, no tenía seguridad social, y ya no podría trabajar pues debía someterse a los tratamientos usuales de quimio y radio. No supe más de él, hasta que me enteré de su cruel destino: primero le cercenaron la pierna, y poco tiempo después falleció. Murió sin recibir la satisfacción de haber obtenido la liquidación justa que le tocaba, entre otras cosas. El abogado que los representaba no les cumplió. Ah, un detalle final. Ese abogado era Hermann Escarrá.

jueves, 5 de abril de 2018

Vermicelli de domingo noche

Entonces montamos una olla con agua suficiente al fuego. Simultáneamente sofreímos unos cuantos ajos, agregamos unos tomates picados en cuatro, en cuatro, sal al gusto, esperamos que los tomates cedan su turgencia al calor del sartén, procesamos todo en la licuadora, regresamos al sartén - que no habremos despegado de la hornilla - el contenido de la licuadora, y esperamos que espese. Malo sería que no hubiera hervido el agua todavía, pero como estamos en estado de gracia eso no va a suceder. Salamos sin tacañería el agua hirviente, que quede así, salobre como un mar ligero del trópico. Seleccionamos unos 250 grs. de vermicelli, y los ponemos a nadar en el mar que fabricamos en la olla, durante unos seis o siete minutos. Al cabo de ese tiempo rescatamos los vermicelli como si fueran náufragos de una catástrofe marítima, los colamos escrupulosamente, los devolvemos a la olla, y le vaciamos encima la salsa, que estaba terminando de cocerse en el fogón. Mezclamos todo a conciencia, y nos sentamos frente a frente, con el cuenco del queso rallado de por medio, a consumar una cena que no por improvisada deja de ser confortante.

sábado, 10 de marzo de 2018

El ají picante



La primera vez que tuve conciencia del escote femenino fue, además, la primera vez que probé un ají picante. Esa curiosa confluencia ocurrió, de paso, en mi aula de sexto grado. Creo poder recrear la escena: era un salón en el segundo piso, alargado. Tal vez unos 30 o 40 muchachos lo ocupaban, con los pupitres formando largas hileras, unas tres o cuatro. Yo, no recuerdo ahora la razón, no estaba en una de esas hileras: mi pupitre estaba apoyado contra una de las paredes laterales, debajo de una ventana y junto al escritorio de la maestra. No estaba solo. Me acompañaba la niña más precoz del salón, la que ya se había desarrollado. Una niña dulce, reilona, que me buscaba conversación, a mí, que trataba de pasar por un alumno aplicado, y tenía a unos metros a la maestra. Pero mi timidez galopante me impedía interrumpirla y pedirle silencio. Traté de hacerlo, pero algo me distrajo: el triángulo que tenía como vértices a) el tercer botón de la camisa de mi compañera, b) el ojal correspondiente al primer botón, y c) el primer botón, triángulo que albergaba dos montículos de carne retenidos por un leve brassiere que el escote me permitió detallar con generosidad. Entonces tuve un gran dilema: ¿hacerme el loco con esa visión inédita, o seguir mirando? Creo que estaba vuelto un manojo de nervios. Entonces, la muchacha se volteó hacia la ventana que teníamos detrás, y tomó una fruta que colgaba de la reja. Era una baya, de color anaranjado, y se veía muy apetitosa. "Vamos a probarla", me dijo. Y, tras partirla en dos pedazos, me metió uno en la boca. No sé cuál lugar común utilizar para describir lo que sentí en el paladar y la lengua al activarse la capsaicina. Tal vez "Vi al diablo". Lo cierto es que nunca había probado un picante tan fuerte. Ella me vió, y enseguida arrancó a reir. Nunca llegó a comerse su mitad de ají.

miércoles, 17 de enero de 2018

¿Cuánto cuesta comer un día en Venezuela? Actualizado a enero 2018



En julio de 2014 hice un ejercicio para calcular cuánto costaba un día de alimentación -alimentación sumamente básica, por cierto - en Venezuela. ¿El resultado? En ese momento, 364 Bs para una familia de cuatro personas. Seis meses después repetí el experimento, y ya esos mismos alimentos experimentaron un salto a 716 Bs. Lo volví a hacer en julio de 2015, y ya el costo iba por 1.342. En enero de 2016 el ejercicio dio como resultado 2.946 Bs. En julio de 2016 la cifra subió a 7.720. En enero de 2017, el techo se puso en 16.460 Bs. En julio de 2017 el salto fue hasta los 39.080. Vamos a actualizar los precios, para entender de cuanto ha sido la inflación con cuentas de bodeguero, en los últimos 6 meses.


Tomemos un menú bastante austero, como lo son los tiempos que corremos:

----Desayuno----
Sandwiches de jamón y queso
jugos para lonchera
galletas para la merienda a media mañana

----Almuerzo----
Hamburguesas
frutas

----Cena----
Cereal

Recuerden, todos los cálculos se presumen para una familia de 4 personas.
Para el desayuno:
Suponiendo que a cada sandwich le colocamos 25 gramos de jamón y 25 de queso, a un costo promedio de 300.000 Bs/Kg cada uno de esos rubros, son 60.000 Bs, más 2 canillas a 15.000 Bs c/u, 90.000 Bs. A 22.500 Bs cada sándwich, hecho en casa. Los juguitos y las galletas son para las muchachas, así que serían 2 jugos por 30.000 Bs  más 2 galletas por 40.000 Bs. En total nuestro humilde desayuno nos habrá costado 160.000 Bs.

Vamos con el almuerzo. La carne molida, a precio de hoy, está a 250.000 Bs. Si hacemos nuestras hamburguesas de 150 gramos, necesitamos 150.000 Bs. La bolsa de pan de hamburguesa  se puede conseguir en unos 65.000 Bs. Como trae 8, entonces dividimos eso entre dos. Ahora, para que nuestra hamburguesa pueda ser considerada un plato balanceado, necesita llevar algún vegetal; nos decantamos por los tomates. Necesitamos un par de tomates, que dependiendo del momento pueden costar entre 4000 y  6.000 Bs. Vámonos por el promedio, 5.000 Bs. La fruta también depende de la variedad  y la estación, vamos a ser prudentes y decantémonos por los humildes cambures; unos 4.000 Bs por 4 unidades, puede ser. En total nuestro almuerzo habrá salido en 191.500 Bs.

La cena es más sencilla. El cereal cuesta alrededor de 55.000 Bs por 500 gramos; asumiendo que cada persona se come 100 gramos de cereal, son 44.000 Bs. Y digamos que ese cereal se va a acompañar con 200 ml de leche por persona, a 72.000 Bs el litro, son 57.600 Bs. En total la cena habrá costado 101.600 Bs.

Recapitulemos: para alimentar medianamente a una familia de 4 personas se necesitan 453.100 Bs diarios. Eso representa un incremento de 414.020 Bs. con respecto al cálculo hecho en julio del año pasado. Es decir, un 1059% de aumento. En 6 meses. Y si nos remontamos a un año hacia atrás el aumento da un 2652%.  Ahora bien, en este cálculo se está obviando el costo de los aliños y grasas. Antes no se tomaba en cuenta porque solía ser marginal; ahora un kilo de azúcar puede costar hasta 130.000 Bs, y un litro de aceite vegetal - no de oliva - anda entre los 80.000 y los 120.000 Bs, dependiendo de la suerte que se tenga. Las salsas - ketchup, mostaza, mayonesa - también están a costos prohibitivos cuando se encuentran. Eso, por supuesto, incide en los costos mensuales de alimentación de una familia. Aclaro unas cuantas cosas: primero, los precios que tomo como base  son los que encontré esta mañana en el mismo supermercado que uso desde la primera entrega de esta serie. No es de cadena, sino negocio familiar. Sus precios están más o menos a la par de otros establecimientos similares. Tal vez comprando en mercados ambulantes pueda hacerse un poco de economía, pero no mucho más. Segundo: los precios son tan volátiles que posiblemente la semana que viene estos cálculos ya estén rezagados. Tercero, a todo este análisis se le debe imputar el costo de las horas hombre que se gastan en la búsqueda de los víveres. Y cuarto, este ejercicio es imaginativo pues hay cosas que son casi imposibles de encontrar, como la carne de res por ejemplo que está desaparecida hace bastante tiempo de las neveras en los automercados. La proteína animal brilla por su ausencia desde más o menos mediados de diciembre pasado. 

miércoles, 2 de agosto de 2017

¿Por qué la ANC es un golpe de Estado?



Para demostrar esa hipótesis hay que devolverse a finales del año 2015. La oposición gana escandalosamente las elecciones de la Asamblea Nacional para el período 2016-2021, obteniendo 112 de 165 escaños, lo que le da lo considerado como "mayoría calificada", que tiene atribuciones extraordinarias. Ante ese escenario el chavismo, que contaba apenas con mayoría simple en la Asamblea Nacional de ese momento, decide en una jugada ilegal reemplazar las figuras clave dentro del TSJ. Digo de manera ilegal pues no contaban con la mayoría necesaria para ello, y eligieron personas totalmente afiliadas al chavismo, que en muchos de los casos carecían de las exigencias establecidas en las leyes para ocupar dichos cargos. Esta reformulación espuria del TSJ le permitiría posteriormente al chavismo maniatar a la AN, cosa que hizo casi de inmediato: en primer lugar desincorporó a todos los diputados elegidos en el Estado Amazonas, sin que hubiese una razón legal válida para ello (apenas una denuncia no sustanciada de compra de votos, que no fue investigada jamás y tampoco se procedió al reemplazo de dichos diputados). Con eso cortaron la mayoría calificada de la oposición. Posteriormente, cuando la AN decide incorporar a esos diputados, dada la inacción con respecto a su reemplazo, el TSJ la declara en desacato, y asume intempestivamente todas sus funciones. 

Llegamos a 2017, y se produce la rebelión ciudadana gracias precisamente a unas nuevas sentencias del TSJ que terminaban de desligitimar por completo a la Asamblea Nacional. En medio de ese escenario, Nicolás Maduro decide jugar su última carta, y se inventa una Asamblea Nacional Constituyente. Nuestra constitución vigente deja sentado que el poder constituyente reside en el pueblo, sin embargo en uno de sus artículos deja un resquicio para que el presidente pueda proponer la realización de una nueva constitución. Proponer, es decir, le da la prerrogativa de la iniciativa, no de la imposición. Se agarraron de ese vacío legal, interpretando iniciativa como convocatoria, y otra vez el TSJ, concretamente la sala constitucional, avaló esta nueva violación a la constitución. De esta manera el chavismo deroga de facto a una Asamblea Nacional electa por 14 millones de personas, a la que le quedan tres años largos de funcionamiento. La voluntad de una camarilla sobre el mandato del 75% del padrón electoral. 

Y por último otro ingrediente que espesa el caldo del fraude: en la elección de los candidatos a esa ANC espuria incurrieron en una serie de irregularidades tan enorme, que esta mañana el presidente de Smartmatic, la firma encargada del apoyo logístico computarizado a todas las elecciones venezolanas, no tuvo otro remedio que denunciar el abultamiento de los votos obtenidos, en por lo menos un millón. Se rumorea que en realidad no se manifestaron más de 3.5 millones de votantes. Claro que el número es irrelevante, cualquier cifra hubiera permitido avalar el proceso, pero tenían que demostrar de cualquier modo un número mayor al obtenido en el plebiscito realizado por la oposición, que obtuvo 7.5 millones de votantes. Eso los llevó a sacarse una cifra de la manga, pero fueron tan chapuceros que les fue imposible cuadrar el total con los resultados en realidad obtenidos de manera proporcional, por lo engorroso de la votación, y lograron despertar la ira de los propios participantes en el proceso, quienes también están gritando fraude, al ver que los únicos favorecidos han sido las caras visibles y notorias del chavismo. Los demás no fueron más que comparsas. El que lo tenía más claro fue el Máscara, que escogió el mejor apodo posible dadas las circunstancias.

jueves, 13 de julio de 2017

¿Cuánto cuesta comer un día en Venezuela? Actualizado a julio 2017



En julio de 2014 hice un ejercicio para calcular cuánto costaba un día de alimentación -alimentación sumamente básica, por cierto - en Venezuela. ¿El resultado? En ese momento, 364 Bs para una familia de cuatro personas. Seis meses después repetí el experimento, y ya esos mismos alimentos experimentaron un salto a 716 Bs. Lo volví a hacer en julio de 2015, y ya el costo iba por 1.342. En enero de 2016 el ejercicio dio como resultado 2.946 Bs. En julio de 2016 la cifra subió a 7.720. En enero de 2017, el techo se puso en 16.460 Bs. Vamos a actualizar los precios, para entender de cuanto ha sido la inflación con cuentas de bodeguero, en los últimos 6 meses.


Tomemos un menú bastante austero, como lo son los tiempos que corremos:

----Desayuno----
Sandwiches de jamón y queso
jugos para lonchera
galletas para la merienda a media mañana

----Almuerzo----
Hamburguesas
frutas

----Cena----
Cereal

Recuerden, todos los cálculos se presumen para una familia de 4 personas.
Para el desayuno:
Suponiendo que a cada sandwich le colocamos 25 gramos de jamón y 25 de queso, a un costo promedio de 17.000 Bs/Kg cada uno de esos rubros, son 3.400 Bs, más 2 canillas a 1.500 Bs c/u, 6.400 Bs. A 1.600 Bs cada sándwich, hecho en casa. Los juguitos y las galletas son para las muchachas, así que serían 2 jugos por 1.000 Bs  más 2 galletas por 1.500 Bs. En total nuestro humilde desayuno nos habrá costado 11.400 Bs.

Vamos con el almuerzo. La carne molida, a precio de hoy, está a 18.000 Bs. Si hacemos nuestras hamburguesas de 150 gramos, necesitamos 10.800 Bs. La bolsa de pan de hamburguesa  se puede conseguir en unos 8.000 Bs. Como trae 8, entonces dividimos eso entre dos. Ahora, para que nuestra hamburguesa pueda ser considerada un plato balanceado, necesita llevar algún vegetal; nos decantamos por los tomates. Necesitamos un par de tomates, que dependiendo del momento pueden costar entre 800 y  1.200 Bs. Vámonos por el promedio, 1.000 Bs. La fruta también depende de la variedad  y la estación, vamos a ser prudentes y decantémonos por los humildes cambures; unos 1500 Bs por 4 unidades, puede ser. En total nuestro almuerzo habrá salido en 17.300 Bs.

La cena es más sencilla. El cereal cuesta alrededor de 8.500 Bs por 500 gramos; asumiendo que cada persona se come 100 gramos de cereal, son 6.700 Bs. Y digamos que ese cereal se va a acompañar con 200 ml de leche por persona, a 4.600 Bs el litro, son 3680 Bs. En total la cena habrá costado 10.380 Bs.

Recapitulemos: para alimentar medianamente a una familia de 4 personas se necesitan 39.080 Bs diarios. Eso representa un incremento de 22.620 Bs. con respecto al cálculo hecho en julio del año pasado. Es decir, un 137% de aumento. En 6 meses. Y si nos remontamos a un año hacia atrás el aumento da un 406%.  Ahora bien, en este cálculo se está obviando el costo de los aliños y grasas. Antes no se tomaba en cuenta porque solía ser marginal; ahora un kilo de azúcar puede costar hasta 10.000 Bs, y un litro de aceite vegetal - no de oliva - anda entre los 14.000 y los 20.000 Bs, dependiendo de la suerte que se tenga. Las salsas - ketchup, mostaza, mayonesa - también están a costos prohibitivos cuando se encuentran. Eso, por supuesto, incide en los costos mensuales de alimentación de una familia. Aclaro unas cuantas cosas: primero, los precios que tomo como base  son los que encontré esta mañana en el mismo supermercado que uso desde la primera entrega de esta serie. No es de cadena, sino negocio familiar. Sus precios están más o menos a la par de otros establecimientos similares. Tal vez comprando en mercados ambulantes pueda hacerse un poco de economía, pero no mucho más. Segundo: los precios son tan volátiles que posiblemente la semana que viene estos cálculos ya estén rezagados.Y, tercero, a todo este análisis se le debe imputar el costo de las horas hombre que se gastan en la búsqueda de los víveres. Pero quedémonos con la primera cifra, 39.080 Bs diarios. Al mes son 1.172.400 Bs. El sueldo mínimo anda cercano a los 250.000, de los cuales 150.000 son la ayuda de alimentación. Para alimentar a 4 personas se necesita el sueldo de casi 5. Y no estamos tomando en cuenta transporte, aseo, medicinas y servicios. El panorama sigue siendo desolador.

lunes, 19 de junio de 2017

El club de los 17



Todo el mundo conoce cierta leyenda del mundo del rock, a la que se le popularizó con el mote de "el club de los 27". Ese apelativo hace alusión a la edad fatídica para algunas estrellas de la música, que en  el apogeo de su popularidad, en pleno auge de sus capacidades artísticas, fallecieron prematuramente, por lo general debido a un estilo de vida vertiginoso y peligroso. Los nombres son harto conocidos, y forman parte de la cultura pop por derecho propio: Jimi Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin, y más recientemente Kurt Cobain y Amy Winehouse. Todas estrellas encumbradas cuya muerte anticipada no permitió conocer su definitivo potencial, pero las encumbró al firmamento rockero.

En Venezuela se está inaugurando otro club de índole parecida, pero no de estrellas musicales de 27 años, sino de guerreros de 17 años. Los soldados de franela, como se llaman entre ellos. 17 años, uno menos que la mayoría de edad. Adolescentes. La semana antepasada fue Neomar Lander. Hoy le tocó el turno a otro.

Esta mañana, mientras estábamos en la concentración de Parque Cristal, pudimos ver a varios grupos de los muchachos de la resistencia, de esos soldados de franela. Venían bajando por las escaleras mecánicas, haciendo bulla, con sus distintivos escudos, máscaras y demás aperos indispensables para su peligrosa labor, y la gente los aplaudía. Me embargó un sentimiento mixto, de admiración y angustia, y la incertidumbre de no saber si regresarían todos completos esta tarde. Se me formó, literalmente, un nudo en la garganta y sentí aflorar cierta humedad en mis ojos. Mi presentimiento lamentablemente se materializó. Cayó uno, Fabián Urbina, 17 años también. Otro nombre que no debemos olvidar, otro joven que ofrendó lo más importante que tenía para el rescate de Venezuela. Otro miembro de nuestro desgraciado club de los 17.

Fabián murió de un disparo en el tórax. Aquí no caben interpretaciones ni especulaciones sobre la causa de la muerte, como ocurrió con la de Neomar. Y se sabe quién accionó armas de fuego hoy. Me figuro que todos han visto fotografías similares a la que encabeza este post. La de un militar, protegido con su armadura de Robocop y su escudo de plexiglass sobre el cual puede caer si acaso una pedrada, o a lo sumo un cohetón, disparando su arma de reglamento sobre una muchedumbre de jóvenes desarmados y protegidos por escudos de mdf. Esas imágenes que ya deben darle la vuelta al mundo dan cuenta de que Venezuela, en estos momentos, es una sangrienta dictadura que reedita los horrores de las tiranías clásicas del cono sur americano. 

Ayer eran jóvenes pujantes, intrépidos, indignados.
Mañana serán un nombre en una plaza, o tal vez una calle.
Descansen en paz y sepan perdonarnos.

Y sepan también de nuestro agradecimiento eterno.

jueves, 8 de junio de 2017

Neomar, los 17 años y las aves carroñeras


En la vida cada etapa tiene su razón de ser, sus retos y sus encantos. Los primeros años son de formación para el resto de la existencia; en ellos aprendemos las técnicas básicas de supervivencia social, los rudimentos que luego nos permitirán afrontar con alguna solvencia las circunstancias y las dificultades que aparecerán en nuestro transitar. Pero también son años para vivir lo que más tarde se nos negará: la tranquilidad de la inocencia, y cierta irresponsabilidad jovial.

Recuerdo mis 17 años como uno de los períodos más felices que he vivido. Terminaba el bachillerato, ese último año de poco estudiar y mucho planificar el bonche ceremonial de grado, y me esperaba un par de meses de vacaciones antes de entrar a la universidad, el portal hacia la definitiva madurez (eso imaginaba en el momento, luego entendí mi gran ingenuidad). Las únicas preocupaciones giraban en torno a las salidas, a los viajes a la playa, a los sábados de cine o de fiestas, a las noviecitas. Cosas intrascendentes, como debería ser. Salvo la eventual decepción amorosa, o deportiva, no tenía mayores motivos de queja. Nunca tuve que preguntarme si habría comida en casa, o si, de enfermarme, se conseguirían las medicinas necesarias en la farmacia. Esas eran cosas que se daban por descontadas. 

Hoy los niños de 17 años tienen otro tipo de preocupaciones. Ellos sí se preguntan si hay comida en su casa, ellos sí se preocupan cuando se enferman ya que saben que tal vez el remedio para su dolencia no estará disponible en ningún anaquel. Para ellos el futuro es una enorme interrogación. Nada se da por descontado. La posibilidad de continuar los estudios, de independizarse, de tener una vida normal parecen ser quimeras inalcanzables estos días. En consecuencia, actúan. Dejan de hacer cosas de niños y asumen actitudes y compromisos enormes para su edad. Lo hacen con el desparpajo, el arrojo y la inconsciencia propios de la pubertad, cuando la adrenalina y las hormonas pueden más que el temor. Y están dejando el pellejo en las calles. Algunos tienen suerte y regresan a sus casas. Otros, como Neomar, caen abatidos un miércoles, día de la semana que parece albergar una maldición dada la cantidad de casos ocurridos en él.

Esa noche, la noche del fatídico miércoles 7 de junio, tratando de entender lo que estaba sucediendo, entré a Twitter y escribí en el buscador el nombre del muchacho muerto. Y tras leer unos cuantos tuits me di cuenta de que en ese escenario se libraba otra batalla, virtual pero no menos feroz que la que se estaba viviendo en la calle. La batalla por la responsabilidad de la muerte de Neomar. Y sentí asco de nosotros como sociedad. Asco por quienes le sacan rédito político a este hecho tan lamentable. Asco por quienes consideran a Neomar como una moneda de cambio y no un niño que murió por participar en una guerra que no era su responsabilidad. Especial gravedad representan las declaraciones de personeros del régimen, que estando aún caliente el cuerpo del niño lo calificaron de terrorista, guarimbero y cosas peores. Una segunda muerte, en el plano moral, es lo que pretendían darle. Lo último que leí es que, como zamuros, sendas comisiones del CICPC y del Ministerio Público se estaban peleando los despojos de Neomar a las puertas de la clínica en donde por fin falleció, abrogándose la propiedad de ese cuerpo descuartizado por algo tan mortífero que le abrió el pecho en una exhalación, que no le dio tiempo de saber qué había pasado. Hay preocupación por demostrar que el muerto no es de ellos. Vaya estupidez, vaya falta de humanidad. Ayer murió un niño haciendo cosas mayores que él, porque la situación del país se las impuso. Eso es lo único importante aquí.

Neomar no pudo regresar a su casa esa noche. No le tocó esa fortuna. Ahora es un cadáver en espera de las experticias forenses que den luz sobre lo que en realidad ocurrió. Sea lo que sea, es injusto. Profundamente injusto, carajo. Los niños deberían jugar, caerse a latas, echar vaina desde el amanecer hasta la noche. No deberían estar metidos en esta guerra.