domingo, 2 de agosto de 2015

Ruinas de la modernidad



Caracas es una ciudad en perenne transformación, que no termina de construirse ni termina de desmoronarse. A pesar de haber cumplido 448 años, son ínfimas las muestras de arquitectura previas al siglo XX que aún quedan en pie. En cambio, por aquí y por allá pueden observarse ruinas de construcciones que no llegan a los 60 años, edificios deteriorados por la falta de mantenimiento y de interés de sus propietarios. Las malas hierbas crecen por doquier, y el moho crea diseños fantasiosos sobre las paredes exteriores. Las ventanas, tras rejas que semejan barrotes de prisión, destinadas a evitar la entrada de depredadores nocturnos, exhiben vidrios rotos y polvorientos, si es que tienen vidrios.  

En la Rómulo Gallegos, a la altura de El Marqués, existe una de esas ruinas modernas. Es un centro comercial semi abandonado que debe haber conocido mejores tiempos, sin duda, pero hoy es víctima de la decadencia que lo arropó. Está al lado de una estación de servicio clausurada desde comienzos de siglo, en la cual apenas un par de perros merodean, tal vez cumpliendo labores de guardia. En el pequeño centro comercial subsisten si acaso unas tres o cuatro tiendas que se empeñan en no desaparecer. Uno de los locales presenta una escena curiosa: un señor algo mayor está sentado detrás de un escritorio desvencijado, y no para de hablar por un teléfono gris, de disco. Por la cantidad de papeles arrumados que se notan por doquier se infiere que es algún tipo de gestor.  Otra de las tiendas, justo al lado de la improvisada oficina, es una licorería:un mostrador-barrera que bloquea la entrada al local, estantes en la pared izquierda con una oferta exigua de bebidas alcohólicas de dudosa calidad y precios elevados, neveras para guardar lo que más buscan los parroquianos - cervezas frías a granel - en las otras dos paredes. Al fondo se entrevé el depósito, con algunas gaveras de cerveza arrumadas de cualquier modo. En su interior posee algunos carteles que advierten que no prestan servicio de baño y  que el número mínimo de cervezas que venden es 6. Un televisor culón tiene debajo un decodificador, pero está puesto en un canal nacional. 

Justo al frente de la licorería, en la acera,  hay un carrito de esos que venden hamburguesas y perrocalientes, con una enorme pizarra que informa las ofertas gastronómicas, la más vistosa de las cuales es una hamburguesa postapocalíptica de varios pisos y un costo astronómico que promete ser exonerado si el comensal se la come completa. La chimenea del carrito emana un humo negruzco, de aceite mezclado con las grasas animales que chorrean desde la parrilla en donde cocinan las carnes, los huevos, las chuletas, los chorizos. El olor que despide puede parecer tentador a la distancia, pero cuando uno se acerca un poco comienza a ser desagradable.

Ambos negocios han establecido una simbiosis perfecta: el espacio entre ellos, que corresponde al estacionamiento del centro comercial, a partir de las 6 de la tarde se llena de vehículos y de gente que compra su cerveza y a continuación adquiere alguno de los condumios - dado su tamaño, llamarlos "balas frías", nombre con el que se conocen popularmente los alimentos consumidos de pie en la calle, parece un despropósito -  que ofrece el carrito. El ambiente es distendido, parece que las personas se conocen entre sí, y bromean, y ríen. Eventualmente se enciende el equipo de sonido de algún carro, suena un merengue, una salsa, un reguetón, y algunas parejas echan un pie en el estacionamiento trastocado en improvisada pista de baile. Casi al frente, en la acera opuesta, Polisucre monta una alcabala móvil para controlar a los motorizados, pero no interrumpe la actividad que se desarrolla unos metros más allá. Aunque la legalidad de dicha actividad es bastante cuestionable (consumo de bebidas alcohólicas en la calle, música a alto volumen en zona residencial) en el fondo no le hace mucho daño a demasiada gente y es tolerada. De todas maneras la inseguridad echa temprano a la concurrencia, ya a las 9 de la noche no queda un alma en la zona.

Hace poco pasé por el lugar, pero de día. La luz del sol ponía aún más en evidencia el aspecto ruinoso y decadente de la edificación. Mientras esperaba que se moviera el tráfico ocasionado por el semáforo, pude ver como un enorme Rolls Royce Silver Shadow de los años 60, gris plateado, entró con estudiada parsimonia al estacionamiento del centro comercial, como si quisiera permitirme apreciar su opulenta elegancia, y por una reja lateral fue a estacionarse en el fondo del edificio. Los vidrios oscuros no me dejaron observar al conductor. La ruina alberga fantasmas de alcurnia, recuerdo haber pensado.


martes, 28 de julio de 2015

Una vida sencilla

Provengo de una familia de clase media, de padres y hermana inmigrantes. Soy el único de ella que nació en esta tierra. Hasta los 11 años viví en un apartamento alquilado, modesto, 80 m2 si acaso, 2 habitaciones, 1 baño para 4 personas. No éramos para nada pudientes. Pero en casa nunca, pero nunca, nos faltó lo necesario para tener calidad de vida. Mis padres, con estudios formales sumamente básicos, no trajeron nada de Italia, salvo un oficio y una meta. El único que trabajaba era mi padre, pero con sus ingresos nos bastaba para satisfacer las necesidades básicas de vivienda, alimentación, salud, vestido y educación. No recuerdo jamás haber pasado  trabajo con la comida, sobre todo. Ni por falta de dinero ni por escasez.

El abastico del comienzo de la calle estaba surtido siempre con lo indispensable: leche, café, azúcar, harina pan, verduras, jabón. Hasta el agua importada, San Pellegrino o Trevi, que era la única que tomaba mi padre, se conseguía en ese local. Las compras se hacían a diario, ya que el negocio quedaba a pata de mingo y no era necesario hacer grandes mercados quincenales. La carne la comprábamos en una carnicería, el pescado en la pescadería Vizcaína. 


Había cabida hasta para ciertos lujos, como por ejemplo las endibias, el jamón serrano, el salame italiano, el parmigiano reggiano, el queso fontina. La margarina ni se nombraba en la casa, lo normal era mantequilla Brunn o de cualquier otra marca, importada. El almuerzo del domingo, por lo general, era propicio para comer algo que se saliera de la norma (conejo, cordero, lechón, tal vez mariscos o alguna pieza de cacería) y una buena botella de vino italiano entronizaba siempre la mesa. Eso si no salíamos a comer a la calle, que era algo que hacíamos con cierta frecuencia. También íbamos en cambote a la playa o al club Mampote, del cual era miembro un socio de mi padre, y la noche anterior mi madre preparaba una enorme cesta llena de condumios para consumir en el sitio.  


Como en la mayoría de las casas de la gente que conocía, teníamos un solo televisor, que ocupaba un lugar privilegiado en la pequeña sala-comedor de nuestro apartamento. Y teníamos un picó que tiempo después fue conectado por unos técnicos a un aparato grabador de cintas marca General Electric. Una de las posesiones más estimadas por mi padre era su radio Zenith Trans-oceanic, que se tragaba 8 pilas de las gordotas y permitía escuchar estaciones de todo el mundo. En cambio el objeto predilecto de mi mamá era su máquina de coser, que en realidad tenía en comunidad con mi madrina. En ella cosió innumerables vestidos para sí misma y para mi hermana, gracias a unos patrones Mc Call´s que compraba en el Bazar Bolívar de Sabana Grande, que nos quedaba a dos cuadras. Coser fue su hobby, le dedicaba las horas que le sobraban después de realizar los quehaceres domésticos. 


En casa había un carro, pero era como si no lo tuviéramos. Se trataba de una “ranchera” (lo que hoy en día se le dice Station wagon), tal vez Bel Air, aunque esto no puedo confirmarlo. Era de un azul desvaído y un blanco sucio, y la pintura estaba en bastante mal estado. Sería más o menos modelo 58. Fue un vehículo adquirido por mi padre con la intención de pasear a la familia los fines de semana, pero el viejo jamás aprendió a manejarlo. O más propiamente, jamás pudo con el tráfico caraqueño. Hizo varios intentos, pero al final desistió. Nuestra principal y casi única actividad con respecto al vehículo era lavarlo de vez en cuando. Un viaje sí que lo hicimos a bordo de la ranchera, no obstante: con otro chofer, pasamos un fin de semana en Higuerote. Yo tengo el recuerdo – no sé si falso – de haber dormido dentro de ella, mientras los demás acampaban en carpas a la orilla de la playa. 


Desde los 7 años tuve permiso para bajar a jugar a la planta baja del edificio donde vivíamos, el Humboldt. Y cuando estuve un poco más grande ya salía de sus predios y me aventuraba hasta la esquina, en donde jugábamos unas caimaneras de fútbol en una especie de descanso que poseía el edificio El Taladro, en donde estaba la clínica que me vio nacer, la Bello Monte. Las vacaciones entre cursos las pasábamos en la calle, desde las 8 de la mañana hasta que oscurecía, salvo tal vez una o dos semanas en las que nos íbamos a la playa, al hotel Riviera que quedaba a una cuadra del playón de Macuto. Uno de los recuerdos más antiguos que poseo es comer cascos de guayaba con queso crema en el comedor de dicho hotel. Las vacaciones de diciembre las dedicábamos a patinar.


Así fue mi infancia, en una Caracas que comenzaba a salir del provincialismo de los años 40 y 50, y se volvía poco a poco una urbe cosmopolita; que empezaba su expansión hacia el este, a despecho de considerar a Chacaíto como su límite oriental como lo atestiguan los nombres de los comercios y las sucursales de los bancos. Si hubo conflictos políticos o sociales, no tenía yo edad para darme cuenta. El único acontecimiento que nos trastocó la vida fue el terremoto, que cumple mañana 48 años. Una vida más sencilla, pero no por ello menos plena.



domingo, 26 de julio de 2015

Caracas en las redes




Tres mujeres se reunieron el día del cumpleaños de Caracas, el número 448, para atestiguar su amor a la ciudad a través de la tesonera labor que realizan a diario en las redes sociales. Esmeralda Niño Araque, en nombre de la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana, la Fundación para la Cultura Urbana y la Fundación William Niño Araque, tuvo la iniciativa de convocarlas al espléndido recinto de la Librería Lugar Común para que conversaran sobre sus respectivos proyectos alrededor de la ciudad, que se materializan a través de tres grupos temáticos en Facebook: Caracas en Retrospectiva, a cargo de María Sigillo; Caracas en Flor, de Rossella Consolini; y Caracas Alada, de Marianella Ferrer.

El encuentro fue presenciado por un nutrido público que, a pesar de haber asistido tal vez para escuchar sobre un grupo en particular, oyó con atención las exposiciones de las tres administradoras de esos espacios que van de lo virtual a lo físico. No podía ser de otra manera, ya que fueron charlas amenas y frescas, apoyadas por abundante material fotográfico aportado por quienes le dan vida a cada uno de los grupos, personas que en definitiva son la razón de ser de ellos.

Comenzó Maria Sigillo, quien nos contó cómo tomó el testigo de Caracas en Retrospectiva de manos de Felipe Torres del Olmo, quien lo fundó en 2007 pero lamentablemente falleció al poco tiempo. María ha sabido capitanear un espacio que entre sus diferentes versiones (Caracas en Retrospectiva, Caracas en Retrospectiva II, la página en Facebook y el blog) roza los cien mil usuarios inscritos y tiene una cantidad importante de colaboradores, a quienes debe de alguna manera moderar para no desvirtuar el propósito inicial del grupo, que no es otro que recopilar el pasado de la ciudad a través de las imágenes de fotógrafos, tanto profesionales como amateurs, desde mediados del siglo XIX hasta el año 1990, fecha en la que se estableció el límite. En palabras de María: 

"Nuestro trabajo está orientado a lograr el Registro gráfico-documental de la Caracas querida por nuestros abuelos y padres -
La "Sucursal del Cielo" la otrora "Sultana del Ávila"
Hoy, una ciudad maltratada por la indolencia y la desidia... una ciudad que clama por recobrar su esplendor.

Recuerdos de aquella Caracas consentida de antaño, aportados por nosotros, sus hijos, los Caraqueños en Facebook".

Actualmente CER es una de las fuentes más importantes de información audiovisual sobre Caracas, disponible para cualquier usuario de Facebook. Gracias a la labor de curadoría del equipo que lo administra ha logrado un nombre bien justificado entre quienes sienten curiosidad por el pasado de la ciudad, e incluso ha sido utilizado por historiadores para documentar sus libros sobre la capital.

Posteriormente tomó la palabra Rossella Consolini, para hablarnos del enorme jardín virtual que es Caracas en Flor. Desde 2009, año de su creación, ha ido recopilando fotografías de la generosa y perenne flora capitalina. Caracas es una ciudad que tiene la particularidad de estar floreada todo el año, y a pesar de la desidia generalizada y de las talas descontroladas tiene una cantidad enorme de vegetación, que crece tanto en jardines ordenados como de manera silvestre. Y Rossella es su relatora fundamental. No es infrecuente verla estacionada en cualquier lugar de la ciudad, llámese autopista, avenida o calle, para captar alguna flor, arbusto o árbol que haya llamado su atención. Y tiene el respaldo de varios botánicos que la ayudan a clasificar los especímenes fotografiados por ella y los demás colaboradores habituales de su grupo.

Rossella se trajo como material de apoyo, aparte de una buena cantidad de fotografías, una serie de semillas que ha ido recolectando tanto en Caracas como en el resto del país, y obsequió al público las famosas pepas de zamuro, portadoras de buena fortuna según la tradición.

El cierre le correspondió a Marianella Ferrer, artífice del grupo Caracas Alada, que desde el año 2012 deleita a una gran cantidad de personas que lo visitan a diario, tanto para ver las fotografías publicadas como para enriquecerlo con sus aportes. Marianella nos contó como nació el grupo, gracias a una camarita digital que le fue obsequiada y con la cual comenzó a fotografiar los diferentes pájaros que llegaban a su casa. Ese fue el primer material que se subió al grupo, pero pronto el caudal de imágenes aportadas por los miembros que se iban sumando fue ampliando de manera importante el catálogo de aves caraqueñas. Como en el caso de Caracas en Flor, Marianella se apoya en expertos sobre el tema quienes la ayudan a identificar y a clasificar las imágenes.

Marianella relató cómo ha hecho esfuerzos para llevar el grupo del mundo virtual (cuadrado lo llama ella, haciendo alusión a la forma del monitor) al real, mediante diversos paseos a distintos lugares de la ciudad aptos para la observación de fauna alada.También habló sobre la iniciativa de establecer lazos con comunidades que tienen intereses afines con la actividad de Caracas Alada, como lo es el Jardín Ecológico de la Concha Acústica manejado por el profesor Luis Levin, al cual se le ayudó a tener presencia en las redes.  Por último, señaló que en la actualidad está tomándose la tarea de levantar el registro de las especies de aves presentes en el grupo. El objetivo final es llegar lo más cercano posible al número 500, que es la cantidad aproximada de especies que pueblan la zona de Caracas. 

La dinámica de la charla propició que Tomás Fernández, reconocido especialista en el tema de los colibríes, nos diera una explicación detallada sobre la conveniencia de tener bebederos para aves en nuestras casas, desmontando la matriz de opinión según la cual dicha costumbre es perniciosa para las aves en general y los colibríes en particular. Además nos contó acerca de los hábitos migratorios de los colibríes, revelando datos muy curiosos tales como la presencia de esas aves en alturas tan insólitas como la del Pico Espejo.

¿Qué tienen en común estas tres mujeres? En primer lugar, la pasión por lo que hacen: mantener en funcionamiento comunidades de esos tamaños, velando porque se cumplan las normas y guiando a los nuevos usuarios para que obtengan el mayor beneficio posible, no es tarea leve. Por otra parte son la demostración de que se puede compartir una inquietud con mucha gente afín, aún sin ser expertos en el tema, al fomentar la curiosidad, la investigación y el aprendizaje. Y por último pero no menos importante, con su labor alivian por momentos el agobio que a veces significa Caracas, al mostrar su lado amable.

A continuación una pequeña galería de fotos:











sábado, 18 de julio de 2015

Esa falsa impresión de seguridad



Salvador Fleján nos obsequia cada viernes una columna, publicada en el semanario Quinto Día Online, sobre un tema relacionado con sus años mozos, y tiene una cofradía de fieles lectores que arman una tertulia sabrosa a partir de ella. Esta semana el artículo giró alrededor de los vehículos que desfilaron por su casa y las numerosas peripecias que le brindaron. La conversa tocó el tema de los robos de carros, y de los dispositivos que se inventaba la gente para prevenirlos. Salvador me sugirió que escribiera sobre eso, y aquí va.

Al principio fueron las alarmas. Esas antipáticas sirenas que se habilitaban mediante una llave tubular en una cerradura, que por lo general estaba ubicada sobre el guardafangos trasero del vehículo, y cuya finalidad parecía ser la de mantener despierto a todo el vecindario cuando se activaban. Vale decir que quien nunca se despertaba era el dueño del carro violentado, que al día siguiente bajaba enratonado a constatar que el moribundo aullido de la alarma era síntoma de batería agotada. Si la persona corría con suerte, a lo sumo le habrían robado la radio, el caucho de repuesto o cualquier objeto mal parado dentro del vehículo. Pero no recuerdo ningún caso en que el dueño de un carro con la sirena sonando desaforada haya bajado a revisar lo que pasaba, en el medio de la noche.

Más adelante algún iluminado inventó un artilugio llamado Trabegás. Ese dispositivo se accionaba desde dentro del habitáculo, presionando un botón que estaba convenientemente ubicado cerca de los pedales, e interrumpía el flujo de la gasolina. Era común que el conductor desprevenido lo presionara con el carro andando, lo que ocasionaba que el carro se apagara en algún lugar peligrosísimo. En cuanto a su eficacia, en las primeras de cambio tuvo éxito, pero cuando los choros dieron con el misterio ya fue pan comido para ellos. Con una manguerita, unos alicates y unos alambres bypasseaban el circuito y se llevaban muy orondos el carro. Un conocido en esos tiempos contaba que su carro, un Jeep Wrangler, apareció después de haber sido hurtado, y que el trabajo que le hicieron los hampones fue tan limpio que lo dejó así.

Luego fue la época de los trancapalancas, trancavolantes, trancapedales, hasta llegar a las bóvedas que eran como una santamaría colocada desde el volante hasta el piso del carro. Y cada uno de esos dispositivos tuvo su caída respectiva, sin considerar la cantidad de tiempo que suponía su colocación y retiro, exponiendo así al dueño del carro a un secuestro express, o a un robo a mano armada. Recuerdo que al carrito que tenemos ahora se le trabó el trancapalanca en El Llanito. Llamamos a nuestro mecánico de confianza, quien en unos 10 minutos nos resolvió el problema, y nos dio a entender lo frágil que es la pretendida seguridad que brindan dichos artefactos. No lo repusimos, total para qué.

Ya a mediados de los 90 se popularizó la combinación alarma/cortacorriente/abreseguros, que tenía además la finalidad de ubicar al carro extraviado en las profundidades del CCCT. Uno paseaba por el sótano con la mano extendida como alma en pena, presionando el botón del control remoto hasta que un beep beep en la lejanía avisaba done estaba el automóvil. Y no tardó en llegar el control remoto universal, que le permite a los ladrones desvalijar los carros sin necesidad de forzarlos.

Mención aparte merecen los mecanismos de seguridad para los accesorios, tales como los rines y los equipos de sonido. Para los primeros se inventaron unas tuercas de seguridad que no pueden ser removidas (en teoría) sin una llave especial, llave que cuando se pincha un caucho nunca aparece, y el apurado chofer debe recurrir a un alicate de presión que con mucha maña y fuerza de su parte le resuelve al final el problema. Con los "repros", pasamos por varias etapas: al principio eran unas planchas que se instalaban debajo del tablero, y tenían la particularidad de presentar problemas con las conexiones, ya que el peso de los aparatos de entonces, máxime si además del reproductor uno le anexaba una planta de poder, hacía que se aflojara todo el dispositivo, así que por lo general la música sonaba como epiléptica. Más tarde aparecieron unas cajas que se empotraban en el tablero, justo en el espacio destinado al radio, en las cuales se deslizaba el reproductor,  y mejoró la calidad del sonido notablemente. Claro que esos dos inventos suponían que el conductor debía cargar encima el aparato reproductor de sonido, lo que era un verdadero fastidio. Por fin inventaron los frontales removibles, que aligeraron el peso pero tienen el inconveniente (como me pasó a mí) de que si se pierde el frontal quedas con un aparato inservible.

Todos esos aparatos, dispositivos, mecanismos, no tienen mayor utilidad que la de proveer una falsa paz mental a los dueños de carros. Hacen falta medidas más extremas, como la de un tipo que vi en una fiesta, que cargaba encima el volante de su carro. Además de ser efectivo, era tremendo tema de conversación. O la venganza hacia el ladrón, materializada en una botella de ron aliñado con racumín que, según leyendas urbanas, colocaban debajo del asiento algunos conductores que habían sido víctimas del hampa anteriormente. Si el carro no va a ser mío, que no sea de nadie, parecía ser el motto de esas personas. O, por último, la ayuda celestial: una amiga me contó hace años que el dispositivo de seguridad de su hermana consistía en una carta apocalíptica expuesta en el parabrisas del vehículo, que le prometía al ladrón los mayores suplicios, propiciados por una parranda de deidades mezcladas en un sincretismo religioso de amplio espectro, si osaba profanar su carro. Y parece que le funcionaba.


sábado, 11 de julio de 2015

¿Cuánto cuesta comer un día en Venezuela? Actualizado al 12 de julio del 2015




En julio de 2014 hice un ejercicio para calcular cuánto costaba un día de alimentación -alimentación sumamente básica, por cierto - en Venezuela. ¿El resultado? En ese momento, 364 BsF para una familia de cuatro personas. Seis meses después repetí el experimento, y ya esos mismos alimentos experimentaron un salto a 716 Bs.Vamos a actualizar los precios, para entender de cuanto ha sido la inflación con cuentas de bodeguero, en el arco de un año.


Vamos a tomar un menú bastante austero, como lo son los tiempos que corremos:

----Desayuno----
Sandwiches de jamón y queso
jugos para lonchera
galletas para la merienda a media mañana

----Almuerzo----
Hamburguesas
frutas

----Cena----
Cereal


Suponiendo que a cada sandwich le colocamos 25 gramos de jamón y 25 de queso, a un costo promedio de 900 Bs/Kg, son  180 Bs, más 2 canillas a 25 Bs c/u, 230 Bs. A 57.5 Bs cada sándwich, hecho en casa. Los juguitos y las galletas son para las muchachas, así que serían 2 jugos x 25 Bs  más 2 galletas por 25 Bs. En total nuestro humilde desayuno nos habrá costado 280 Bs.

Vamos con el almuerzo. La carne molida, a precio de hoy, está a 1200 Bs. Si hacemos nuestras hamburguesas de 150 gramos, necesitamos 720 Bs. La bolsa de pan de hamburguesa que no sea de marca tipo Bimbo o Holsum - allí sí uno termina de desangrarse - se puede conseguir en unos 150 Bs. Como trae 8, entonces dividimos eso entre dos. Ahora, para que nuestra hamburguesa pueda ser considerada un plato balanceado, necesita llevar algún vegetal; nos decantamos por los tomates. Necesitamos un par de tomates, que dependiendo del momento pueden costar entre 40 y 50 Bs. Vámonos por el promedio, 25 Bs. La fruta también depende de la variedad  y la estación, vamos a ser prudentes y decantémonos por los humildes cambures; unos 50 Bs por 4 unidades, puede ser. En total nuestro almuerzo habrá salido en 870 Bs.

La cena es más sencilla. El cereal cuesta alrededor de 150 Bs por 500 gramos; asumiendo que cada persona se come 100 gramos de cereal, son 120 Bs. Y digamos que ese cereal se va a acompañar con 200 ml de leche, a 90 Bs el litro, son 72 Bs. En total la cena habrá costado 192 Bs.

Recapitulemos: para alimentar medianamente a una familia de 4 personas se necesitan 1.342 Bs diarios. Eso representa un incremento de 626 Bs. con respecto al calculo hecho en enero de este año, y de 978 con respecto a julio del año pasado. Casi un el doble que hace seis meses, más de 3 veces lo que costaba hace un año. ¿Guerra económica, o ineficiencia supina? Ya se debería hablar abiertamiente de hiperinflación.

jueves, 2 de julio de 2015

Escenas de la Rómulo Gallegos

El muchacho calza unas cholas plásticas, viste ropas que le quedan pequeñas y mastica un pedazo de pera, mientras mira la vitrina de las chucherías saladas sin pronunciar palabra. Tiene mirada de niño, a pesar de ser casi un adulto. Aunque no se mete con nadie, su presencia incomoda a los parroquianos, quienes evitan colocarse a su lado. La dependiente, a quien le requiero un café, le escala la orden al dueño de la panadería para no tener que aproximarse al muchacho, quien sigue absorto en su actitud contemplativa. Una vez servido mi café, le hace al chico una señal displicente, indicándole la calle. Sin proferir una palabra, casi como si estuviera espantando una alimaña. El joven sale, arrastrando sus pasos, y se sienta en el descanso de la vitrina de una tienda de mascotas que está al lado de la panadería, a mascar el resto de la pera y a observar el lento tráfico que fluye con densidad de petróleo por la avenida.
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El perrito, cacri pero limpio y con collar, anda como extraviado por la avenida. Asoma con cruzarla pero repentinamente se devuelve a la acera. Parece estar preocupado. De pronto le ladra desaforado a un indigente que trae en la mano una raqueta antimosquitos, y lo persigue un trecho sin dejar de ladrar. Por último desiste de su persecución y se va callejón arriba, a hurgar en la basura que se acumula indolente en la calzada.

lunes, 29 de junio de 2015

La reina en el parque



Hay música que no resiste bien el paso del tiempo. La catalogada en Europa como "éxitos del verano", por ejemplo, destinada a fungir de banda sonora de las vacaciones, y que luego es olvidada por todos, salvo una que otra honrosa excepción. Por otro lado existe música que podemos catalogar como trascendente, ya que no envejece y se trasmite de generación en generación. Música compuesta y grabada por primera vez hace 40, 50 años, y que se puede encontrar en el playlist de la más reciente juventud.

Ayer presenciamos, en las instalaciones del Parque del Este, un concierto ofrecido por la Orquesta de Rock Sinfónico Simón Bolívar, que le rindió tributo a una de las bandas más influyentes e importantes de la escena del rock en los 70's/80´s, la fenomenal Queen. La vetusta concha acústica en obra limpia situada hacia la entrada norte del parque cobijó a los muchachos de la orquesta, quienes de la mano del conductor Daniel Hurtado nos pasearon por la amplia discografía de la banda e interpretaron sus más grandes éxitos. Y la reflexión con la que parte esta croniquilla proviene de la nutrida asistencia al evento: había bastantes canas, como no, pero también mucha, muchísima gente joven, entre los 15 y los 30, digamos. Y se sabían mejor que yo las letras, y las coreaban con un entusiasmo contagioso. Y pensar que muchos de ellos no habían nacido todavía cuando ocurrió la infausta muerte de Freddy, y por ende de la banda, y que no tuvieron la maravillosa oportunidad, que si nos tocó a nosotros, de acompañar el recorrido de Queen a través de los años. Pero eso no es impedimento para que de alguna manera hayan tenido acceso a su música, y la aprecien.

El concierto fue memorable, no cabe duda. Esta es la quinta vez que veo a la orquesta y en cada presentación se nota su crecimiento. La madurez de sus integrantes, y la soltura que tienen sobre el escenario, dan cuenta de un trabajo tesonero. La agrupación posee unos cuantos pilares fundamentales, entre ellos el ya nombrado Hurtado, artífice y director de la orquesta, el gran guitarrista Ángel Ricardo Quiñones, y la vocalista Shankara Salazar, quienes acompañan a la formación desde sus inicios. Pero la renovación es una constante, y siempre se ven caras nuevas entre los músicos y los cantantes, que le aportan una buena dosis de frescura a la formación.

El inicio del concierto, con el coro de la canción "I want it all", presagiaba grandes cosas. Hubo varios momentos descollantes, que desencadenaron nutridas oleadas de aplausos en la audiencia. Entre ellos la canción "We will rock you", que ya es un auténtico himno, y fue coreada desde el inicio por la multitud. Y por supuesto el cierre con la pieza más esperada, y que fue resuelta brillantemente: "Bohemian rhapsody". Uno de los grandes protagonistas, sin con esto querer apocar a los demás intérpretes, fue Ángel Quiñones, que con su versión particular de la guitarra Red special, con ribetes dorados reemplazando al rojo de origen, produjo solos alucinantes que inmediatamente asociamos con el sonido de Brian May. Pero el resto del personal también dio lo mejor de sí para regalarnos una tarde especial, para el recuerdo. Nunca me cansaré de recomendar a esta orquesta, y hago votos para que sea una iniciativa que perdure. Lo necesitamos para nuestra paz espiritual y el goce de los sentidos.

martes, 23 de junio de 2015

El muro de (la) Miranda



En la Avenida Francisco de Miranda están levantando un muro. Un muro de un metro de alto por unos 30 centímetros de ancho. Esa barrera de cemento no se construye con fines ideológicos, al estilo del de Berlín, o xenófobos como el que quiere erigir Donald Trump en la frontera con México, sino como un intento más de regular la conducta de peatones y conductores, tanto de dos como de cuatro ruedas. Se desarrolla a todo lo largo de la división entre las pistas norte y sur de la avenida, desde los lados de Buena Vista hasta  Boleíta, y se interrumpe en las varias intersecciones presentes en la vía.

Llevan varias semanas en su construcción, en la que intervienen una cuadrilla de obreros que pican la isla existente y van colocando las cabillas que garantizan la rigidez de la estructura, y un camión mezclador de cemento que va vaciando su contenido poco a poco dentro de una armazón metálica que permite moldear el muro. Este trabajo lo realizan de día, con las molestias del caso a los transeúntes. El tráfico, de común congestionado en esa zona, tiene un motivo más para la lentitud. De tanto en tanto algunos carteles advierten que esa molestia temporal se convertirá en un beneficio permanente. Los antecedentes me obligan al excepticismo. Esta es la segunda o tercera intervención en ese sentido que veo realizar sobre la avenida. Los dos primeros intentos fueron unas especies de rejas que sufrieron el desmantelamiento progresivo de los esforzados mineros urbanos que revenden el metal a empresas poco apegadas a lo lícito, y las personas (y los vehículos también) comenzaron a cruzar por los claros que de tanto en tanto presentaba el enrejado, burlando así la intención inicial. Vista la inutilidad de las defensas metálicas decidieron apostar por algo más sólido como lo es el cemento armado.

Y me pregunto si esa es la manera de afrontar el problema. ¿Por cuál razón somos, como sociedad, tan refractarios al cumplimento de las normas mínimas de urbanidad y seguridad? ¿Por qué es necesario que se levanten barreras para evitar el cruce anárquico de vías de alta circulación? ¿Qué pasó con las campañas que, como recordaba Cinzia Procopio en un estado de Facebook que puse comentando este mismo hecho, impulsó en los años 70 Renny Ottolina?¿Por qué no se les dio continuidad? Todas esas interrogantes apuntan hacia la desidia generalizada, y a la impunidad de la que se goza ante la comisión de ilícitos. Si por cada infracción existiera un castigo efectivo, tal vez la gente se lo pensaría antes de repetirla la próxima vez. Un sistema eficiente de vigilancia junto a una campaña adecuada para crear conciencia pudiera tener mejores resultados que la erección de un muro que probablemente sea causa de accidentes de tránsito en el futuro. Pero está visto que se prefiere apelar a las soluciones aparentemente fáciles antes que recurrir a los caminos más largos de la formación ciudadana.

Mientras venía elaborando estas reflexiones, en medio del tráfico que se forma frente al Unicentro El Marqués, un tipo cruzó la calle, saltó sobre el muro con un gesto atlético, casi felino, aguardó agazapado por su momento y cuando vio el camino libre saltó hacia  el asfalto en pos de los mototaxis que se estacionan frente al centro comercial. Es decir, ni con el muro, pues.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Santiago se va, de José Urriola



José Urriola tiene una fascinación por los artefactos imposibles, que le permiten elaborar filigranas de metáforas sobre su concepción del mundo, o mejor dicho sobre lo que debería ser el mundo ideal - de acuerdo a su visión. Algo de eso nos asomó en su primera novela, Experimento a un perfecto extraño, pero en ella dejó algunos esbozos nada más. Santiago se va es la materialización de esas ideas.

Se trata de una obra poco convencional, construida concienzudamente, que nos plantea un enigma desde el vamos, y logra una complicidad tácita con el lector quien trata de comprender el misterio y adivinar el posible desenlace. Gira en torno a un personaje que no tiene voz propia sino que va siendo descubierto por terceros (terceras, en realidad) en sus contradicciones, locuras y evasiones. Es un personaje demencial e inclasificable, tal cual es esta novela.

No quiero adelantar demasiados aspectos del libro, pero debo decir que me obligó a retroceder varias veces. En cierto sentido es una novela lúdica, que permite diversas formas de encararla. Y como bono adicional tiene un soundtrack hecho a la medida. A la medida de Santiago-Urriola, por supuesto. Con un buen balance de humor y dramatismo, pero no extremo, y una generosa dosis de fantasía.

Disfruté mucho su lectura, y creo que le daré una segunda leída bastante pronto pues siento que dejé algunos cabos sueltos que merecen ser anudados, y de paso porque quiero volver a disfrutar ciertos pasajes muy sabrosos del texto.

lunes, 11 de mayo de 2015

Minicrónicas del festival de lectura de Chacao 2015

Foto tomada de la página de Cultura Chacao


Viernes 1-5-2015

La vida te da sorpresas. Al primer evento al cual habíamos pensado asistir fue la presentación del libro "De amores y domicilios", de Arnoldo Rosas. Ya había leído el libro, pues su autor había tenido la gentileza de obsequiármelo unos meses antes. A Arnoldo lo conocía solamente de manera virtual, a través de los intercambios por las redes sociales, y aproveché la ocasión para irlo a conocer en persona. Cuando llegué a la parte norte de la plaza ya estaba allí, y nos saludamos por fin de cuerpo presente. Al rato llegó Roger Michelena, el editor del libro, a quien tampoco conocía en persona a pesar de haber sostenido muchas conversaciones con él en el pasado, también por las redes. La sorpresa vino precisamente de Roger, quien me preguntó si no tenía inconveniente en acompañarlos a Arnoldo y a él en la tarima, pues él tenía algunos problemas con la voz y no podía hablar mucho tiempo. Esa invitación me agarró fuera de base, puesto que había pasado cierto tiempo desde que había leído el libro y no lo tenía del todo fresco. Por suerte había escrito una breve reseña sobre él en mi blog, y Arnoldo la traía impresa. Con ese material de apoyo, y haciendo memoria sobre la lectura de los cuentos que componen "De amores y domicilios", tuve el placer y el honor de presentar el libro de mi amigo, bajo el calor de las 2 de la tarde en la tarima norte de la plaza.


Sábado 2-5-2015
Vemos una fila inmensa de gente. Le pregunto a un conocido: ¿Para qué es esta cola? Me responde que es para la firma del libro de Boris Izaguirre. Nos dirigimos a la tarima norte, ya que allí se iba a escenificar un concierto de jazz a las 8:00. Antes de dicho toque estaba pautada una presentación precisamente de Rodolfo y Boris Izaguirre, para hablar de Caracas. El lugar estaba abarrotado cuando llegamos. A los 5 minutos de estar allí, una persona de la organización del evento informa que la charla iba iniciar más tarde de lo esperado ya que Boris estaba todavía firmando libros. Mientras tanto llegó Rodolfo, y se sentó a esperar por su hijo, el cual llegó como a los 15 minutos. La histeria del público no fue normal: lo aclamaron como si fuera un ídolo pop en concierto de quinceañeras. Llegó derrochando desparpajo y glamour, y - debo decir -soltando plumas por doquier. Su testimonio fue el de un chico rico sintiéndose fuera de lugar en una provinciana ciudad que no estaba a la altura de su potencial. La anécdota central giró sobre su aliciente para irse: Sofía Imber le dijo que si se quedaba en Caracas iba a ser un marico, mientras que si se iba al mundo civilizado sería un gran homosexual (palabras de él). Las doñas cafetaleras aplaudieron a rabiar las palabras y la impostada malaconducta del socialité, quien a pesar de hablar un español castizo no sonaba como ibérico, más bien parecía mexicano.

Miércoles 6-5-2015

Regresamos a la plaza después de un hiato de tres días, para asistir a dos eventos: Venezuelan kitsh (conversaciones alrededor de Objetos no declarados) y Rock con letras. Nota para los organizadores: los espacios les están quedando pequeños, ambos eventos estaban desbordados de público y muchos observaron (observamos en algunos casos) los toros desde la barrera. Del primero de ellos debo decir que Naky Soto Parra es, como acotó Héctor Torres, pura gasolina. Adrenalina a millón y una cuentacuentos de lujo. Su historia de los dos taxistas es una joya de crónica. La conversa entre ellos fue muy grata, y me divirtió ver a Héctor en apuros ante las preguntas acuciosas de Naky. Claro que al final salió airoso del asunto: supo sortear con sapiencia los bretes a los que lo sometió su entrevistadora.

Inmediatamente después de Venezuelan kitsh comenzaba Rock con letras, por lo que tuvimos que desplazarnos con rapidez hacia la tarima norte. Otra vez nos encontramos con la casa llena, y nos acomodamos de ladito para asistir a una amalgama de entrevista con toque musical, cortesía del gran guitarrista venezolano Philipp Scheer. El entrevistador fue José Tomás Angola, quien tuvo como invitados a Alexis Allueva de Nuevas Bandas, William Padrón, autor de un libro sobre Caramelos de Cianuro y Eugenio Miranda quien hizo lo propio con Zapato 3. Se trató de dar a conocer el registro testimonial que se ha venido haciendo alrededor del movimiento rockero venezolano a partir de los años 90 hasta nuestro tiempo, basado en la experiencia de los entrevistados. De tanto en tanto, Angola promovía una pausa para que Scheer interpretara en su guitarra fragmentos de las canciones de las bandas referenciadas en la charla. El cierre lo ofreció el mismo Philipp al obsequiar a la audiencia "Amnesia", una de las piezas que compondrán el álbum próximo a salir de Sibelius.

Viernes 8-5-2015

Celebrar a Cabrujas, a los 20 años de su desaparición física, fue el motivo de nuestra cuarta visita al festival. Las voces autorizadas de Yoyiana Ahumada, Tulio Hernández y Karin Valecillos fueron las encargadas de hacer una semblanza fiel, sincera y cariñosa de uno de los principales hombres de las artes escénicas y de las letras de nuestro país. Tulio comenzó su intervención diciendo que Cabrujas había militado en dos de las asociaciones más queridas pero más perdedoras del país: el MAS y Los Tiburones. A partir de allí  transcurrió una hora intensa, llena de anécdotas entrañables alrededor del quehacer de Cabrujas. Fue emocionante ver la emoción con la que los tres panelistas, sobre todo Yoyiana que es tal vez la principal cabrujóloga de Venezuela,  hablaron sobre el homenajeado. Nos quedó una imagen, gracias a Karin Valecillos: la de Cabrujas, disfrazado de payaso, contratado a la carrera para escribir el guión de una novela.


Sábado 9-5-2015

Para nosotros fue el día de la despedida. A pesar de cerrar oficialmente el domingo, no nos iba a ser posible acudir ese día. Fue una jornada de compartir las novedades de los amigos: a las 12, en el salón jardín, la Editorial Lector Cómplice, muy bien timoneada por Les Quintero, presentó cuatro de sus títulos más recientes. Alberto Hernández habló sobre la novela de corte policial Buitres de la sabana, de Marisol Marrero, ambientada en el llano. Jorge Gómez hizo lo propio con Los rayos también caen en el abismo, de Joaquín Ferrer, de estilo intimista. Beatriz Alicia García Naranjo presentó el ensayo Mujeres en su tinta, libro que habla sobre mujeres de la literatura o compañeras de escritores. Por último, el maestro Eduardo Liendo nos regaló una estupenda charla sobre la novela distópica de Israel Centeno, Jinete a pie.

Inmediatamente después corrimos a la tarima norte para asistir a la presentación oficial del libro de ciencia ficción de Rafael Baralt Lovera, Identidad compartida, a cargo del escritor Oscar Marcano quien no se reservó elogios para la novela. En una amena charla Oscar hizo que Rafael hablara sobre los intríngulis de su texto, sus motivaciones para escribirlo y sus planes a futuro. Quedamos pendientes de leer el libro de nuestro buen amigo Rafael.

Después de una pausa de un par de horas, que empleamos para pasear por la feria, saludar a los amigos que nos íbamos encontrando (me ocurrió un hecho simpático: tropecé con Juan, un muchacho que trabaja conmigo, y me dijo: "¡A ti te estaba buscando! Recomiéndame un libro para regalarle a mi mamá mañana" a lo que le respondí: "vamos con el que sabe" y lo llevé al stand de Alfa, para que Ricardo Ramírez Requena le recomendara una novela. Ricardo, sin pensarlo dos veces, le dijo: "te vas a llevar La escribana del viento, y de paso firmada por la autora". Casualmente Ana Teresa Torres estaba allí firmando los ejemplares de su libro, y mi amigo logró su cometido) y comer algo, fuimos al último evento para nosotros: la presentación del libro de cuentos Terceras personas de Fedosy Santaella. A todas estas, hacía tanto calor que un perro entró al espejo de agua que ese encuentra en donde montaron la tarima, buscando refrescarse. En una tertulia con Colette Capriles, Fedosy nos reveló las claves de los relatos que componen la obra. El tema del triángulo es el hilo conductor de los 13 cuentos contenidos en ella. Es otro de los libros que está en la vasta lista de lecturas pendientes de este año.