domingo, 11 de diciembre de 2011

Paseo Los Palos Grandes: lo bueno, lo malo y lo feo

Este sábado 10 de Diciembre estaba pautada la tercera edición del Paseo Los Palos Grandes, una convocatoria de Chacao en donde se mezclan música, literatura y gastronomía. Yo estaba algo escéptico debido a la caótica edición previa de Por el medio de la calle, pero revisé la programación y vi que la oferta era atractiva, por lo que decidí dar una vuelta por el sitio a ver que tal.

Mi experiencia tuvo tres momentos, tal y como lo indica el título de esta croniquilla, y paso a describirla:
Lo bueno: definitivamente, las actividades relacionadas con la música. Nuestra primera parada fue en La Praline, en donde estaba pautada la presentación de una banda de covers de jazz, el grupo de Mark Brown, un saxofonista/cantante al estilo de los crooners de los 50. La propuesta fue honesta: un cuarteto formado por un contrabajo acústico, batería, guitarra y el mencionado saxofón, que se dedicó a interpretar piezas del repertorio del jazz standard; los músicos, muy solventes, mantuvieron a la audiencia bastante interesada durante su presentación. Hubo un aliciente adicional: estaban ofreciendo una cata de cava rosado Freixenet, junto con bombones de la chocolatería, por lo que el asunto tuvo una nota europea bastante simpática.

Una vez terminado ese toque, nos fuimos hacia la plaza Los Palos Grandes, con una parada previa en un negocio de comida árabe que estaba ofreciendo una degustación de las típicas cremas con pan de pita frito, y una muestra de dulces. La plaza estaba bastante llena, y ya Los Crema Paraíso estaban en la tarima ofreciendo su fusión onda nueva-funk-folclore-electrónica, con alguna reminiscencia de Vytas Brenner. Muy bueno su concierto; se nota la influencia de Amigos Invisibles en la banda (no en balde uno de sus integrantes, Jose luis Pardo,  es miembro de Los Amigos). Después de Los Cremas se montó en el escenario una banda que me encantó: Gaélica. Es impresionante la sonoridad que consiguen con sus instrumentos, entre los que destaca una gaita escocesa. Pusieron a bailar a la concurrencia, y nos regalaron un par de covers de clásicos del rock  (Kashmir de Zeppelin y el sempiterno The wall), claro que a su estilo. Cerraron con una muy simpática "Gaita con gaita".

Lo malo: no me gustó para nada que se montara en la Tarima el alcalde Graterón. Creo que ha debido manejarse de otra manera; aunque no hizo proselitismo político de forma abierta, veladamente asomó algo de eso. Tal vez ya esté saturado de política, pero particularmente para mi fue anticlimático ver a un político en campaña en lo que se supone era un evento musical más que todo.

Lo feo: esto fue exclusivamente mi culpa. Resulta que previendo un caos vehicular en la zona, y problemas para estacionar, tuve la brillante idea de parar en el Excelsior Gama de Santa Eduvigis, y no averiguar el horario de cierre del sitio. Estaba seguro que operaba hasta la medianoche, por lo que estuvimos confiados viendo el cierre del espectáculo, a cargo de una agrupación "vente tú" de lujo, con Aquiles Baez a la cabeza del asunto. Cuando nos fuimos al supermercado, las santamarías estaban cerradas, y un enorme cartel informaba sobre el nuevo horario, hasta las 9:00 PM. Cómo no vimos el cartel cuando llegamos, es algo totalmente misterioso. En fin, que nos tocó abordar el primer taxi que nos pasó al lado, confiando en nuestra suerte. Afortunadamente resultó ser un señor mayor que nos llevó sin contratiempos hasta la casa.

Dentro de todo, no puedo quejarme del evento. Me permitió conocer un par de buenas propuestas musicales, y la oportunidad de estar al aire libre de noche, algo que no se hace con mucha frecuencia. Definitivamente mucho mejor que Por el medio de la calle.

martes, 15 de noviembre de 2011

Risotto de berenjenas

Esta receta me salió por casualidad, al no encontrar hongos frescos en el automercado. Compré berenjenas como sustituto, y seguí el siguiente procedimiento:
-Mantener un consomé, preparado previamente, a punto de hervor.
-Montar una olla baja a fuego bastante lento.
-Cortar bastante cebolla, y ponerla en la olla a caramelizar.
-Poner las berenjenas en el horno, procurando que la piel se le queme (para dar un toque ahumado al risotto).
-Picar un tomate en cuadritos, y agregarlo a las cebollas.
-Cuando las berenjenas estén listas, sacarlas del horno, retirarles con una cuchara la pulpa (procurando descartar las semillas). Agregar la pulpa así obtenida al sofrito. Salpimentar y dejar cocinar un rato.
-Agregar el arroz (no debe ser tipo parboiled ni dorado); dejar rehogando el arroz en el sofrito durante unos 3 o 4 minutos.
-Agregar un par de cucharones del consomé, y revolver esporádicamente hasta que se haya absorbido el líquido; seguir este procedimiento hasta lograr la cocción del arroz.
-Antes de servir, integrar al risotto una buena porción de queso mozzarrella, rallado.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Por la calle del medio: lo que vi en "Por el medio de la calle"

Imagen cortesía de Silvia Mercader


He leído bastantes críticas a “Por el medio de la calle”, casi todas negativas. Por ello me animé a escribir mis impresiones, ya que percibo mucha animosidad hacia el evento. Yo también me sumé a la comparsa, y comparto un poco las opiniones vertidas en varios medios. Pero dentro de todo es una de las pocas opciones diferentes que nos da esta ciudad, por lo menos a gente de mi estrato social – tirando a pelabolas, para entendernos.

Mis “visualizaciones” fueron las siguientes: Los Beatunes, que es la menor banda tributo a Beatles que haya visto, en orden de calidad (no son terribles, pero los hay mucho mejores, por ejemplo buitres y beat-3; la música estaba bastante bien pero el pana que hacía la voz líder tal vez estaba resfriado o abrumado por el gentío; en definitiva no me gustó, salvo en Come Together: esa sí la cantó con feeling; al contrario de Los Beatles originales, el más talentoso de la banda me pareció el baterista).

En segundo lugar fuimos a ver a Cindy López, que sí me gustó una barbaridad; esa chama, si se maneja bien, puede dar de que hablar en el futuro, y tiene la habilidad de apoyarse en unos músicos estupendos, nada menos que el bajo y la batería de Mojo Pojo, los populares Enrique Pérez y Pepino, y el guitarrista Héctor Castillo, todo un virtuoso. Valga decir que Cindy cerró su presentación con un cover de "Oh Darling!" que se acercó bastante al de “Across the universe”, con su carga de intensidad. Aquí presencié el único acontecimiento realmente desagradable, pero a la vez reconfortante: un desubicado en una moto pretendía pasar por el medio del público, y llegó hasta a ofrecerle unas manos a una persona que le recriminó su conducta. La gente hizo causa común, en particular las mujeres (creo que su valentía estriba en el hecho de saberse inmunes a los coñazos, pero igual las aplaudo): hicieron que el motorizado bajara el tono y prosiguiera a pie (empujando su moto, claro).

Después de Cindy nos paseamos la calle hasta el mercado municipal, buscando algunas “bebidas líquidas y refrescantes” (conste que esa frase la escuché por radio, nada menos que en la cultural de Caracas), es decir, unas humildes birras; en el camino presenciamos performances callejeros, algunos actos de circo, teatro, algo de participación del público al rayar el piso con tizas, un unipersonal de un individuo asomado a un balcón, mirando lánguidamente hacia algún punto impreciso en la pared del edificio de enfrente. Posteriormente nos fuimos a ver la fura española, que resultó ser una fulana haciendo figuras sobre un trapecio, al principio me gustó pero se puso ladilla muy, muy rápido.

Una vez despachada la fura, tratamos de ir a la plaza de La Castellana a escuchar los Chevinovas, pero por razones ajenas a nosotros llegamos con el “tran tran” final; vale decir que en ese momento pensé seriamente que el gentío nos iba a pasar por encima, esa vaina era peor que las marchas en su mejor momento. De allí nos fuimos un rato a escuchar el Ska-jazz (no soy particularmente aficionado al ska, pero estaba bien). Ya el cuerpo no daba como para más, así que nos refugiamos en los chinos de Palos Grandes, para tomarnos unas frías y comernos algo. Como mi retoño permanecía en el evento, no nos quedó otra que regresarnos al lugar, y pudimos ver el cierre de Guajeo y de Los Mentas, y los fuegos artificiales que culminaron la programación.

Tal vez lo más entretenido fue el hecho urbano, el pasear para ver y ser visto por una fauna variopinta que salió a la calle a divertirse, a hacer una fiesta urbana en la que menos importó la propuesta formal que las ganas de soltarse, de loquear un rato. Corrió en abundancia el licor y la marihuana, eso si fue innegable. En conclusión, demasiada gente que no permitió apreciar a plenitud las escasas propuestas de calidad. Sin embargo, el año que viene pienso volver, a pesar de lo malo.

domingo, 4 de septiembre de 2011

La palabra "bizarro"



Ayer, en la sección de comentarios del estupendo texto "Crónicas del Macuto Shératon" publicado en Prodavinci, un señor le recriminaba cordialmente a Federico Vegas el empleo de la palabra "bizarro" como sinónimo de "extraño". Formalmente, el lector en cuestión tiene total razón: si se busca en el diccionario de la Real Academia Española, el significado de la palabra es algo así como "valiente, caballeroso". Pero este es uno de los casos en los que me siento inclinado a desdecir de la Academia. Tal vez por influencias de mi otra lengua madre (el italiano), tal vez por la de los suplementos de Superman, en los cuales existe un "mundo bizarro" que es el total opuesto al mundo normal, he asociado siempre esa palabra con el significado que le da el señor Vegas, y me parece que se casa perfectamente con la definición.

Además, existe otra razón: en la literatura venezolana, el adjetivo "bizarro" se utilizaba ampliamente en los libros históricos, para definir las actuaciones heróicas de los militares de entonces. De esos tiempos a los actuales ha pasado mucho trecho. Ya no hay batallas cruentas contra el enemigo realista, ya no hay gestas libertadoras. Sin embargo, en estas épocas nuestros militares vuelven a ser bizarros. MUY bizarros. A la manera de Superman.

domingo, 28 de agosto de 2011

Sabores del Véneto

Hoy quiero recordar dos preparaciones originarias de la zona italiana de donde provienen mis ancestros, el Véneto. Sabores que me acompañan desde la infancia y definen la geografía gustativa de este servidor. Son platos pobres, por la humildad de sus ingredientes, pero muy sabrosos. Me refiero a la polenta (que de alguna manera ha encontrado su lugar en la gastronomía criolla, aunque la de aquí no es exactamente igual a la véneta) y una salsa llamada Peará, muy apropiada para acompañar el conocido "Bollito misto" (una mezcla de carnes de res, ave y cochino que se cocinan en agua hirviendo).
foto tomada de la web

La polenta, como muchos deben saber, tiene cierto parentesco con nuestra arepa, ya que se utiliza harina de maíz en su preparación. Su forma de cocción, sin embargo, es diferente: se pone a hervir agua en una olla, preferiblemente más alta que ancha (el agua debe llenar por la mitad el recipiente, aproximadamente). Una vez que haya empezado a hervir se agrega sal, un par de cucharadas, y se va echando poco a poco la harina (debería ser harina amarilla, pero personalmente la he elaborado con la blanca obteniendo resultados aceptables), mezclando enérgicamente al mismo tiempo para evitar la formación de grumos. La cantidad es difícil de determinar; a medida que se va añadiendo más harina el contenido de la olla va espesándonse, hasta que se consigue una consistencia parecida a la del atol; en todo caso se debe parar la harina cuando se consiga cierta resistencia al mezclado. Hay que tener cuidado en ese momento,  ya que pueden empezar a producirse burbujas que explotan,  ocasionando unas quemaduras bastante dolorosas. Cuando se haya obtenido la consistencia deseada, se debe proceder al volcado. Mi madre lo hacía sobre una tabla de madera, pero yo prefiero hacerlo en un molde para evitar inútiles derramamientos de polenta.  La polenta en cuestión se puede comer inmediatamente, como acompañante de algún plato con guiso (y aquí me toca rememorar los célebres patos cazados en Calabozo por mi padre, y puestos a marinar un par de días, un sabor que tengo incrustado en algún lugar del cerebro y me provoca salivaciones cada vez que lo recuerdo) o se puede dejar enfriar para posteriormente ser cortada en porciones y asada en la parrillera, como acompañante de unas buenas salchichas a la brasa.

foto tomada de la web
Vamos ahora con la Peará. Su nombre traducido significa algo así como "pimentada", y eso es precisamente porque se trata de una salsa bastante picosa, cuyo ingrediente fundamental es la pimienta. Es un plato pobre por concepción, ya que originalmente se hacía con sobrantes de días anteriores. Se hace con caldo de pollo o de res, pan rallado, tuétano, pimienta y aceite de oliva. Hay quien le agrega queso parmesano, pero los puristas lo desaconsejan. La preparación es la siguiente: se pone a hervir el caldo; en un recipiente aparte se coloca el tuétano con un poco de aceite, y se mezcla bien para amalgamar ambos ingredientes; se debe agregar el pan rallado y la pimienta en forma de lluvia; agregar el caldo y mezclar todo bien, obteniéndose una consistencia cremosa. Llevar a un hervor, y en ese momento bajar el fuego al mínimo; cubrir la superficie de la crema con una capa muy fina de aceite de oliva; dejar un par de horas en la hornilla. Pasado ese tiempo, se deberá corregir de sal y pimienta (teniendo presente que debe estar bastante pimentosa). Se debe consumir al instante, y en lo posible mantener caliente durante todo el tiempo que dure la comida (¡ese aparato para fondue que tienen arrumado en un estante podrá ser utilizado, por fin!). Como dije antes, se utiliza fundamentalmente para acompañar el "bollito misto" pero queda muy bien con la polenta, precisamente.

lunes, 22 de agosto de 2011

Floraciones caraqueñas

Caracas es pródiga en flores, de todas las especies y todo el año. Se puede decir que cada mes tiene su propia flor, que contribuye a embellecer en lo posible a nuestra maltratada ciudad. Aquí traigo una muestra de dichas expresiones florales, que nos podemos topar en cualquier rincón de la urbe.

Cují negro o cují torcido, Cota Mil

Acacias, Santa Paula

Samán, Cota Mil

Jacarandá, El Marqués

Jacarandá, El Marqués

Acacia, El Marqués

domingo, 21 de agosto de 2011

Risotto de salchichas y hongos

Tengo bastante abandonada la sección gastronómica del blog, y quiero proponer una receta poco ortodoxa pero muy sabrosa. Hasta donde se, fue una inspiración de mi padre, el cual no cocinaba pero le sugería combinaciones, a veces estrambóticas, a mi madre, quien las materializaba con resultados alternos. Ésta en particular fue afortunada, para mi gusto.

Ingredientes:
-Unas 4 salchichas parrilleras, crudas y despojadas de la tripa exterior (es esencial que sean de buena calidad, tipo Montserratina)
-Una bandeja de hongos frescos laminados(450 grs), o un sobre de hongos secos (pueden combinarse, si se usan los secos se deben hidratar según las instrucciones del empaque, si se usan frescos limpiar sin enchumbarlos de agua, con pasarlos un momento por agua para retirarle la tierra es suficiente)
-Cebolla picada finamente, para sofrito
-1 1/2 tazas de arroz que no sea vaporizado o parbolizado
-aceite de oliva
-sal, pimienta
-Un buen caldo de pollo, bien caliente
-Un par de copas de vino tinto

Preparación:
1- Colocar en una olla el aceite y la cebolla, y sofreirla hasta que se ponga transparente.
2-Agregar las salchichas, revolver con la cebolla y verter una copa de vino; dejar cocinar hasta que el vino haya evaporado.
3-Agregar los hongos, dejar cocinar un par de minutos.
4-Agregar el arroz, y mezclarlo bien con los demás ingredientes; dejarlo un par de minutos.
5-Agregar una copa de vino, revolver cada tanto.
6-Una vez absorbido el vino, agregar un par de cucharones de caldo y revolver esporádicamente
7-Repetir el paso anterior hasta que el arroz esté totalmente cocinado. Más o menos a mitad de cocción (unos 10 - 12 minutos) es conveniente corregir de sal y pimienta, ya que dependiendo de cómo estén especiadas las salchichas hará falta agregar algo más. La consistencia final del risotto debe ser cremosa, y ese efecto se consigue precisamente al revolver el arroz, ya que de esa manera suelta el almidón y va cohesionando los granos.
8-Se puede servir espolvoreado por un buen queso parmesano.

viernes, 19 de agosto de 2011

Con la burocracia hemos topado

Los venezolanos vivimos en un país increíble, que nunca deja de sorprendernos. Su capacidad de generar situaciones dignas del teatro del absurdo es inacabable, y nos permite sentirnos actores de un montaje de Ionesco que nunca termina, histriones involuntarios en una obra infinita.

Esta vez la protagonista de la representación fue mi hija menor, la cual está en trámites de ingresar a la universidad. Como escogió una casa de estudios seria, consiguió los procedimientos a seguir de manera expedita, a través del portal web de la institución. De entrada, la cantidad de documentación exigida para formalizar la inscripción lucía bastante voluminosa: partida de nacimiento, copias de notas y título de bachiller en fondo negro y certificadas, y la inscripción militar (en el portal aclaran, con cierta pena, que este último requisito se formalizó en circular nro. tal de fecha cual, del Minpopó respectivo).

Y empezó la cruzada en pos de los documentos: como estamos en la era de la red, buscamos en la web la dirección de la instancia en donde se debía retirar la partida de nacimiento (uno se pregunta para qué sirve la cédula entonces, pero ni modo, no vale la pena ponerse a cuestionar ciertas cosas, a estas alturas). Según lo que conseguimos Google mediante, el registro civil se encuentra ubicado en un edificio adyacente a la Plaza del Indio, en Chacao. Mi pobre ingenuodescendiente se dirigió la mañana siguiente a ese lugar, y protagonizó el primer acto de su absurda obra: como era muy fácil la ubicación original, a un par de cuadras del metro, a algún genio se le ocurrió que quedaba mejor en la tercera avenida con cuarta transversal de Los Palos Grandes. No voy a fatigarlos con la narración de la travesía, basta con decir que al día siguiente logró tener la partida de nacimento en su poder.

Con respecto a las notas y el título de bachiller el cuento es un poco más escabroso: el interesado debe dirigirse a la sede del Ministerio de Educación para que algún funcionario, dotado de cierto criterio especial, certifique que las fotocopias en fondo negro son fieles al original. Es decir que todos los aspirantes a entrar en una universidad deberán trasladarse a ese lugar, a esperar que el funcionario de marras garantice que no hay fraude en las notas o en el título. Esto cae dentro de una lógica un tanto perversa, que asume la culpabilidad por encima de la inocencia.

Y por fin llegamos a la guinda de la torta: la inscripción militar. Como residentes de la parroquia Petare, nos tocaba en suerte acudir a lo que era antes la jefatura y hoy se llama con uno de esos eufemismos que le encantan al régimen, tipo “casa del pueblo”, “misión documentos” o algo parecido. El día miércoles hicimos las averiguaciones pertinentes; valga decir que acudimos al sitio para informarnos de horarios, trámites y demás hierbas aromáticas. Nos recomendaron vehementemente estar el viernes (día que le toca a mi hija,  por la terminación de la cédula) lo más temprano posible. “Desde las cinco hay gente haciendo cola”, nos advirtió solícito el funcionario que nos atendió.

Y llegó el viernes muy temprano: a las cuatro AM, como preparándonos para el trámite militar que nos esperaba, nos despertamos para alistarnos y estar a la hora prefijada en el sitio. Al llegar (eran las cinco y unos minutos) el sitio lucía bastante desolado y oscuro, por lo que decidimos prudente dar una vuelta y  regresar cuando al alba le dieran ganas de alumbrar un poco. Así procedimos, y en el segundo intento vimos que habían algunas pocas personas haciendo una cola, cosa que nos alegró ya que estaríamos entre los primeros a ser atendidos. Estábamos en ese momento incierto en el cual se trata de adivinar como funciona el asunto, cuando se nos acercó un individuo con aspecto de vigilante, quien sin fórmula de saludo previo inquirió el motivo que nos llevaba a la dependencia. Se lo dijimos, y nos sacudió con las lapidarias palabras: “Eso está suspendido. Deben ir a Parque Sucre”. Yo, todavía grogui por el impacto de la revelación, pregunté en donde quedaba ese parque, y el hombre (quien en ningún momento me vio a la cara) emitió un “En Los Teques”, que terminó de noquearme. Sí, señores: para obtener un documento que permita ingresar a la universidad, el ciudadano interesado debe trasladarse a la capital del Estado Miranda.

Estoy empezando a creer que no tenemos autoridades, sino libretistas de un teatro absurdo, perverso y malévolo. No encuentro otra explicación. 

viernes, 12 de agosto de 2011

El día que me confundieron con Bruce Davison



Tuve que googlear “Strawberry statement” para conseguir el título de esta insustancial crónica, la cual escribo con la única intención de documentar una anécdota de mi vida: la noche en la que por primera vez tropecé con una realidad diferente a la burbuja en la que había vivido hasta entonces.

Corría el año 1978. Tenía diez y ocho años cumplidos hacía 5 meses, y desde unas 2 o 3 semanas también ruedas. Tuve la suerte de que me entregaran un carro, un blanco y flamante Fiat Mirafiori: el vehículo que me iba a trasladar a la independencia, y que me colocaría en el mapa. Hasta ese momento era un pobre transeúnte de la vida, un peatón más de los que pululan en las paradas de autobuses y se conocen las rutas de las busetas, y que no llegan tarde a su casa por la inseguridad y la falta de transporte propio. Pero esos días habían acabado: ahora podía trasladarme adonde me diera mi real gana, y a la hora en que se me antojara (la dura realidad distaba años luz de esa fantasía, pues no tenía muchos lugares a donde ir, dada mi novatería en esas lides, pero de ilusiones, al fin y al cabo, se vive también). Valga aclarar, para la crónica, que mi conocimiento de la ciudad era bastante escaso, así como mi dominio sobre las leyes de tránsito (la licencia la obtuve, como gran parte de los venezolanos de mi generación -y de todas- a través de un honesto soborno).

El domingo del cuento, en la tarde, estaba rodando por Las Mercedes con un amigo, que vivía en Cumbres,  al cual le iba a dar la cola. Como dije antes, no me movía todavía bien en el trazado de calles, y mucho menos conocía el flechado (valga aclarar en mi favor que en esos tiempos pretéritos la señalización vial lucía por su ausencia), por lo que en un momento determinado vi que delante de mi unas luces me alumbraban, al tiempo que se encendía una coctelera encima del techo del vehículo dueño de los faros que me encandilaban. "¡Mierda, una patrulla!", creo que gritamos al unísono. Efectivamente de eso se trataba: el carro policial frenó a unos pocos metros del mío, se abrieron las puertas y salieron par de policías. Y empezó el miedo instintivo y atávico a la autoridad. Los agentes nos conminaron a salir, nos requisaron, e hicieron lo mismo en el interior de mi Fiat.

Yo estaba algo aturdido, pero más aturdido quedé cuando uno de los "tombos" (perdónenme la jerga setentosa) levantó una navaja de esas suecas, como si de un trofeo se tratara. Conocía esa navaja, pero no era mía: le pertenecía a mi amigo, quien un tiempo antes la había adquirido con la plata que le produjo la venta de un caballo -el pana era, por decirlo así, folcklórico, y tiempo antes había comprado un famélico jamelgo que guardaba en un cobertizo improvisado, en Colinas de Bello Monte, pero cuando se dio cuenta de lo impráctico de la situación salió de él- y la llevaba a todas partes. Juro que no fue por soplón, por lo menos no adrede, pero de mí salió la traicionera frase: "esa vaina no es mía, es de él", al tiempo que apuntaba con mi acusador índice a mi -ya no tanto- amigo. El chamo dijo algo como que se había asustado, y la trató de esconder debajo del asiento. El policía a su vez replicó que admiraba su sinceridad, al tiempo que se guardaba la navaja en su propio bolsillo; supongo que la consideraría botín de guerra, o decomiso. Lo cierto del caso es que hasta allí le duró la navaja al pana.

"Ciudadano, usted va preso por infringir las reglas de tránsito", me dijo lacónicamente uno de los patrulleros. Tengo que aclarar que Carlos Andrés Pérez, casi al final de su primer mandato, decidió que los infractores debían pagar su deuda con la sociedad mediante 48 horas de detención, para que les sirviera de escarmiento. Allí sí puedo decir que, de miedo, mi estado pasó a terror. ¿Preso, yo? ¿Yo, que raras veces había pernoctado fuera de mi casa, que como buen lector que era me había tragado "Retén de Catia", libro en boga por esos días,  y creía conocer las inicuidades del sistema penal venezolano, con todas sus aberraciones? Creo que pude guardar la compostura y no llegué a llorar, pero sí traté de convencer al funcionario de lo inconveniente que resultaba para mí tal arreglo; usé todos los argumentos a mi favor, que era un estudiante, que tenía un parcial el día siguiente, que me iban a pasar cosas espantosas en la cárcel... pero ninguno me funcionó, y me fue imposible lograr la dispensa de tan enojosa situación. Supongo que le darían una prima a los polícias por cada incauto que llevaban preso por tránsito, ya que no le encuentro lógica al asunto, más allá del innato sadismo. Me despojaron de mis documentos y de los del vehículo, y se limitaron a decirme "Síguenos", cosa que tuve que hacer a pesar de que las ganas que tenía eran de escaparme al resguardo de mi casa. Pero me tenían en sus manos, y tuve que obedecerlos.

Enfilaron por la autopista, y cogieron hacia el este. Mis recorridos hasta ese entonces habían llegado a lo sumo a la zona de Altamira, por lo que por primera vez transitaba la autopista manejando, solo, más allá del distribuidor de dicha urbanización. En una zona de la autopista en donde había una especie de área de descanso, por los lados de la entrada a La Carlota, la patrulla se detuvo, y yo con ella. Se bajó uno de los policías, y me dijo "Chamo, estás metido en un peo. A menos que tengas como salir de él". A pesar de mi inexperiencia, supuse que estaba aludiendo a alguna especie de soborno, pero lamentablemente no tenía efectivo conmigo.Se los dije, y traté de convencerlos de que me acompañaran a mi casa para allí concretar la transacción, pero no les pareció conveniente, y decidieron entregarme en la jefatura. De Petare, para mayores señas.

Los acompañé hasta un estacionamiento, en donde tuve que dejar mi amado vehículo (presintiendo que lo iba a encontrar desvalijado una vez que acabara mi detención), y me llevaron a la dichosa jefatura. Allí me permitieron hacer una llamada telefónica, en la cual tuve que explicar la situación a mis muy preocupados y enojados padres, y una vez realizada me trasladaron a un pasillo largo, con un banco corrido adosado a la pared. El banco estaba ocupado casi en su totalidad por otros presos, por lo que me tocó sentarme en el extremo más lejano a la puerta. Estaba allí, cavilando sobre mi desdichada situación, cuando al rato apareció en el lugar un individuo algo mayor que yo, evidentemente alterado por el alcohol o alguna otra sustancia. El hombre se sentó al lado mío, se me quedó viendo y me soltó: "¡Catire, usted es igualito al que sale en Las fresas de la amargura!". Efectivamente, mi aspecto era parecido al del actor principal de dicha película, el señor Bruce Davison: flaco, peludo y con  lentes. No recuerdo si logré contestarle algo, pero creo que no importó, ya que el tipo no estaba en condiciones de sostener una conversación. Lo cierto del caso es que a los pocos minutos apareció una persona, supongo que sería un funcionario policial, lo hizo poner de pié, y le metió un poderoso puñetazo en medio del pecho, que lo volvió a sentar.

El resto del cuento no tiene mayor importancia; llegó mi padre, trató de sacarme, pero no lo logró, por lo que tuve que pagar mis 48 horas de detención, en compañía de otros transitoinfringientes, con los cuales sostuve amenos juegos de dominó y damas. No recuerdo muchas cosas, salvo el olor a orina de las colchonetas en donde dormíamos, la poceta rebosante de excrementos -valga decir que me volví estítico durante esos dos días-, las visitas al casino de oficiales en donde consumíamos nuestros alimentos, y la espera.

Así concluyó mi primera cana, gracias a mi inexperiencia y a Carlos Andrés Pérez. La segunda se la la debo al Triple Filtrado La Florida, pero esa es otra historia.

martes, 9 de agosto de 2011

La aldea global se está alzando

foto tomada de la web


Mc Luhan resultó ser más asertivo de lo que parecía. El mundo está demostrando que cada vez más se acerca a la idea lanzada por él, en los lejanos 60.

Ya el país que no tenga su movimiento de indignados se va a ver como una pobre nación, que no está en nada: falta poco para que países como Cuba tengan sus 15 minutos de notoriedad, con su despliegue de indignación convenientemente cubierta por los medios de comunicación que realmente se mueven en tiempo real.

Es fascinante y a la vez aterrador: ¿Que pasará el día en que finalmente los indignados logren derribar las estructuras, y se apropien del poder? No tengo como imaginarlo, no creo que  Facebook o Tweeter puedan servir para gobernar naciones. Jugando a la fantapolítica, se pudiera pronosticar que los gobiernos nacionales van a sucumbir, dando paso a una especie de supranación en donde no habrá fronteras, sino ciudadanos del mundo vagando libremente por todo ese ancho territorio.

Pero eso no es realista. Tengo la impresión de que los movimientos de indignados son simples remedos del mayo francés, apuntalados por la tecnología; tendrán cierta notoriedad reproduciéndose cual epidemia en distintas regiones del globo, y llegarán a su final por cansancio. Tal vez, solamente tal vez, logren alguno de sus objetivos, y quedarán como un hito más en la historia, otro fenómeno para los sociólogos.

domingo, 7 de agosto de 2011

Falcón

 Fotografías tomadas en Los Médanos de Coro y en la península de Paraguaná en Agosto de 2010.
















sábado, 23 de julio de 2011

El discreto encanto de la música analógica



Desde siempre me ha sido difícil separarme de los objetos que he ido recolectando a lo largo de la vida. Sin embargo debo reconocer que llega un momento en el que se tiene un montón de corotos arrumados, que probablemente más nunca serán utilizados (aunque sostengo la teoría de que a los dos días de botado algo, será necesario usarlo). Este prólogo viene a colación por lo siguiente: hace cuestión de unos meses, mi consorte (que no con suerte) me conminó a deshacerme de "ese poco de basura" que tenía almacenada en algún rincón de la casa. Como no tenía argumentos para defenderme, tuve que abocarme a la triste y dolorosa tarea de deshacerme de algunos recuerdos, atesorados a lo largo de muchos años (bueno, sí era basura, la mayor parte, pero le tenía cariño). Entre los objetos candidatos a desechar estaba una bolsa repleta de cassettes. Aquí se me despertó el instinto rebelde, dormido durante muchos años de sumisa subordinación, y exigí poderme quedar con algunos. Graciosamente la consorte me dio su consentimiento.

Me dirigí con mi bolsa de cassettes hacia el equipo de sonido, y me di a la grata tarea de escuchar fragmentos de cada uno de ellos. Algunos estaban francamente inaudibles; otros eran experimentos fracasados, músicas que en algún momento había tratado de incorporar a mis gustos pero fracasé en el intento. Sin embargo,  un subconjunto de ellos pasó la prueba: había recuperado gloriosas horas de selección de discos, ecualización, mediciones de tiempo y ajustes de volumen.

Es que una de las actividades más agradables relacionadas con la música era precisamente la de llevar a un formato cómodamente trasladable y con un sonido aceptable, como lo es el cassette, la música almacenada en el repositorio tradicional: el disco de acetato. A uno se le despertaba el instinto artístico al combinar en una misma grabación temas de bandas disímiles pero que mágicamente se mezclaban con armonía, o elaborando una antología en orden cronológico de determinado artista o grupo musical. Así, tengo cassettes de Grand Funk con Blind Faith, o Meat loaf con Alan Parsons Project, o festivales -inventados por mí- de rock progresivo, cassettes que reproducen de manera sumamente fiel el sutil recorrido de la aguja por el surco del disco, y que conservan los eventuales "scratches" típicos de los lps que habían sido reproducidos hasta el cansancio.

Para mí esa fue una era memorable; la colección de discos era una labor que pasaba por la investigación (¡en un tiempo en el que no existía Google!), las visitas asiduas a las discotiendas, el eventual escondite de discos incunables en otros estantes, cuando no se tenía la plata suficiente para comprarlos, el estudio minucioso de las carátulas, y por fin la audición en el mejor equipo de sonido disponible y su posterior traslado al cassette. Hoy en día, el asunto se queda en comprar en Itunes los temas que nos gusten (u obtenerlos por los caminos verdes, pero eso no es legal, ojo), y bajarlos al reproductor de preferencia. Mucho más cómodo, pero mucho más aburrido también. Llámenme nostálgico, pero no encuentro nada más gratificante que, llegado el viernes en la noche, servirme un trago, colocar en el equipo de sonido un cassette, grabado hace 25 o 30 años, que tenga a Jethro Tull con Renaissance y sentarme en un cómodo sillón para trasladarme mentalmente en el tiempo.

jueves, 21 de julio de 2011

Vinotinto


Extraño fenómeno, el futbol. Puede despertar los mejores sentimientos o las más bajas pasiones. Puede reunir bajo una misma bandera a un país dividido, o puede hacer que algunos se regodeen con la derrota de las selecciones a las que les tienen inquina. Puede arruinar amistades, inclusive.

Actualmente el fútbol es el sucedáneo del patriotismo. Me imagino que antiguamente las masas "hinchaban" por los ejércitos que defendían sus banderas; hoy en día los futbolistas son los encargados de llevar esos estandartes y  hacer valer la honra nacional.

Venezuela es un ejemplo perfecto de ello. Se ha desatado un furor alrededor de la selección jamás visto. Gente que nunca en su vida había reparado en el hecho de que existía una franela vinotinto en el panorama, ahora la exhibe orgullosa. Por supuesto que hay un gran componente de moda en esto, parecido al fervor nacionalista de finales de los 90, cuando todo el mundo ponía banderitas en los carros y escuchaba joropo a todo trapo en los carros (los seres que se mueven por la lógica de la masa abundan por estos lares); sin embargo, siento que ahora hay algo más, que hay unión en torno a un proyecto que está dando frutos.

Vayamos a los hechos concretos: Venezuela llega a las instancias finales de un campeonato internacional, el más importante de América. Y llega por una vía que se presagiaba tortuosa: empatándole al tótem del futbol mundial, el endiosado por todos Brasil; ganándole a una selección ecuatoriana que ha participado en campeonatos del mundo, y sacándole un empate de último minuto (los que más duelen) a un equipo que no cede nada, Paraguay. Y  después de eso, en cuartos de final, ganándole un encuentro a Chile, que tal vez no esté en sus mejores momentos pero históricamente ha estado siempre por encima de nosotros. ¿Suerte? Puede ser que la fortuna haya hecho aparición en algunos momentos, pero sería muy mezquino achacarle todo lo que se logró a ese factor.

Y llega el partido más importante que le haya tocado jugar jamás a Venezuela, frente a un rival que fue el único que llegó a inquietarla en la fase previa. Un Paraguay que venía inspirado por haber sacado del camino a Brasil. El juego tuvo a mi modo de ver dos facetas: un primer tiempo que se presentó errático - con muchísimas pérdidas de balón, con demasiados regalos al oponente (y pensábamos que el naufragio estaba cerca) pero que paradójicamente tuvo la jugada más brillante del encuentro, el estupendo gol de cabeza de Vizcarrondo, anulado por una regla de offside (la más discrecional que pudieron inventar) que pudo ser aplicada como  pudo no serlo-  y el resto del partido, que tuvo un claro dominio de la vinotinto, y en el cual Paraguay se resignó a soportar el asedio y tratar de mantener la valla inviolada para llegar a los penales. Si se tuvo suerte en los otros juegos, en éste ocurrió todo lo contrario. El balón se negó a entrar, lo que es parte del juego (pero como duele cuando le pasa a uno, sobre todo ¡como duelen los balones estrellados en los postes!).  Los penales, ya se sabe, son una lotería, y en ésta nos tocó perder (aunque con mucha mejor ejecución que el anterior adversario de Paraguay, que no fue capaz de embocar ni uno solo).

Independientemente del resultado, me parece obvio el hecho que Venezuela ha crecido un mundo en esta última década. Ya dejamos de ser la cenicienta del continente, los 3 puntos gratis de cada partido. Y creo que el apoyo de los fanáticos va a ser un aliciente adicional para que así ocurra.

sábado, 16 de julio de 2011

...¡Y el conservatorio se puso a rockear!



La noche del miércoles 13 de Julio tuve el gran privilegio de asistir al concierto inaugural de la Orquesta de Rock Sinfónico Simón Bolívar. En una abarrotada sala Anna Julia Rojas, en las instalaciones del antiguo Ateneo de Caracas, se presentó el ensamble gestado en el Conservatorio de Música Simón Bolívar, dedicado a la interpretación de temas clásicos del rock, arreglados para esta ocasión por músicos de la talla de Jorge Rojas, Daniel Hurtado y Ángel Quiñones.

Los músicos se vistieron de estricto negro, algunos maquillados a la usanza de los grandes iconos del rock (remembranzas de Peter Gabriel, entre otros). Las damas salieron "vestidas para matar": minifaldas y medias de red, como anticipando que lo que veríamos a continuación iba a tener vocación eminentemente rockera más que académica. Y fue así: desde los primeros acordes de "In the flesh" supimos que el espíritu de los dioses del rock estaba flotando por allí.

El repertorio abarcó grandes temas de algunas de las bandas más reconocidas de los años 70: Pink Floyd, Queen, Supertramp, Yes, Deep Purple, Led Zeppelin y AC-DC: una mezcla bastante ecléctica pero que permitió constatar la versatilidad de los músicos, quienes se adaptaron cómodamente a esas composiciones. Hablemos de los ejecutantes: la propuesta era la de una banda de rock (dos guitarras, bajo, batería y dos teclados) respaldada por una agrupación de metales (dos saxos, dos trompetas y un trombón) y cuerdas (cuatro violines, cuatro violoncellos y un contrabajo) y un coro femenino, del cual se extrajeron las cantantes solistas para las piezas "In the flesh", previamente citada, y dos temas infaltables  en cualquier antología de rock que se respete: "smoke on the water" y "stairways to heaven". Debo hacer especial mención de una persona en particular: la talentosa Elizabeth Evtushenko quien, además de ejecutar un regio saxofón, prestó su voz para los temas de Supertramp, Queen y Yes. Un concierto nos deja en definitiva imágenes mentales; de éste en particular me quedan un par: el de Elízabeth aferrada al micrófono, cantando uno de los temas más sublimes de Yes, Heart of the sunrise; y la de Angel Quiñones tocando un imposible solo con la guitarra a la espalda, a la usanza de los grandes showman de ese instrumento.

La pieza de cierre fue Back in black, de AC-DC, que contó con la participación de Diego Camus en la voz solista, y permitió disfrutar de solos de los variados instrumentos en escena. Antes del concierto me preguntaba qué hacia una pieza de la banda australiana en esta reunión, pero como de costumbre me equivoqué, el arreglo del tema fue magistral.

Lamento no poder mencionar a todos los músicos que participaron en el concierto, pero no tengo manera de saber cual es cual y no quisiera cometer algún desliz; sí quiero felicitarlos a todos, colectivamente, pues hicieron un gran trabajo.

Si bien el concierto fue de mi total agrado en cuanto a la propuesta y a la calidad de los músicos, existen algunos factores susceptibles de mejorar, y de índole técnica. La mezcla del sonido no fue la mejor: los instrumentos eléctricos tendían a opacar las voces y a los demás instrumentos. Y hubo algunos problemas con los parlantes, que emitían ciertos pitidos bastante fastidiosos. Nada que no pueda corregirse, no obstante.

En definitiva, mi recomendación es que traten de asistir a cualquier presentación de esta orquesta en particular y del conservatorio en general. Si son melómanos, no saldrán defraudados.

martes, 21 de junio de 2011

Apuntes sobre literatura y tecnología


Hace algunos años estaba en el cine, viendo el film `Hammet', que trata sobre un episodio ficticio, pero probable, en la vida del gran escritor de novelas negras. La película empieza con un primer plano del escritor, tecleando en su máquina de escribir el consabido `The End'. La cámara retrocede, y aparece el piso del estudio totalmente invadido por hojas arrugadas. En ese momento me dirigí a mi esposa, que me acompañaba, para decirle: `si no fuera por el procesador de palabras, yo nunca hubiera empezado a escribir'.  Más adelante, la trama se complica, y Hammet pierde el manuscrito que le había costado tanto trabajo producir (a juzgar por lo que indiqué antes). Esta vez no le dije nada a mi esposa (con mi intervención anterior varias personas voltearon con cara de `deja los comentarios, idiota') pero pensé que esa desgracia no le hubiera pasado si hubiera contado con un computador.

¿Es más noble el trabajo que nos cuesta mayor esfuerzo? ¿Que cuenta más, el resultado final o los medios utilizados para lograrlo? En mi opinión, un escritor es bueno o malo independientemente de la técnica que emplee para producir su trabajo. ¡Quién sabe cuantas obras se han perdido en el transcurso de los tiempos por falta de un respaldo adecuado! Posiblemente, escritores de la talla de Shakespeare, Cervantes o Dante, por citar a tres de los clásicos, hubieran podido producir muchísimo más material de contar con medios más expeditos que la pluma y el papel.

El surgimiento de la informática, y el gran auge que está experimentado en nuestra época, nos abre posibilidades que nunca antes se habían presentado. Por supuesto que, como todo, esto representa un riesgo: ahora cualquiera se puede sentar delante de una pantalla de computador, y decir: `Ahora sí. Aquí voy a escribir la obra maestra de este siglo'. Hipotéticamente, pudiera darse la posibilidad de que el mercado pueda inundarse de material técnicamente correcto, pero intelectualmente escaso.  Personalmente yo no creo mucho en esta probabilidad, ya que todos conocemos lo difícil que es lograr el acceso a las editoriales. Y literatura mala siempre ha habido, porque también tiene sus lectores. A mi modo de ver, si alguien sabe  escribir, lo hará mucho mejor si utiliza los medios que nos brindan los avances tecnológicos en el área de la computación.

martes, 7 de junio de 2011

La movida musical en Caracas

En estos últimos tiempos me ha sorprendido gratamente la proliferación de ofertas musicales a todo lo ancho de la geografía caraqueña. Pareciera que la urbe necesita expresarse; y el idioma musical es el más apropiado para ello, en sus innumerables variantes, desde los sonidos tradicionales hasta los más experimentales. Lo cierto es que estos meses centrales del año han venido preñados de buenos toques.

Este fin de semana recién pasado me permitió disfrutar de dos propuestas que, aunque disímiles, tuvieron algunos puntos de contacto. El sábado me acerqué a la sede de la fundación de orquestas y coros juveniles (me disculpan si ése no es su nombre formal), un edificio frente a la casa del artista que contiene una joya de sala, totalmente forrada de paneles acústicos de madera y presidida por un hermoso órgano de tubos, que llena la pared del fondo del escenario. El concierto en cuestión presentaba a la orquesta sinfónica de la juventud venezolana Simón Bolivar junto al cuarteto (trastocado en sexteto para la ocasión) "Los sinvergüenzas", conformado por Edwin Arrellano en la guitarra y mandolina, Héctor Molina en el cuatro, Heriberto Rojas en el contrabajo y Raimundo Pineda tocando la flauta, y como invitados especiales Manuel Rangel en las maracas y  Willy Mayo en la percusión. La propuesta que presentaron estuvo compuesta por dos momentos: en el primero, la orquesta interpretó una serie de impresiones musicales  basadas en el folklore venezolano, y una composición inspirada en el cuento "el crepúsculo del diablo", de Rómulo Gallegos. Fungió de director el sinvergüenza flautista Raimundo Pineda. ¿Que decir? El sonido de la orquesta fue majestuoso, y la música nos hizo vibrar por sus reminiscencias casi que geográficas. Sin ser en lo absoluto un experto, sino apenas un modesto entusiasta de la música, me complació muchísimo lo que escuché y vi. Después de un breve intermedio, la orquesta se reacomodó para dar cabida a "Los sinvergüenzas". Esta parte estuvo signada por la interpretación de piezas tocadas habitualmente por el grupo pero arregladas para la orquesta, lo que les brindó una sonoridad imponente. Pude apreciar un buen balance entre la ejecución de los solistas y el acompañamiento de la orquesta: en mi concepto presentaron un armonioso maridaje. Esta parte del concierto fue la más celebrada por la audiencia, y obligó a repetir la pieza más aplaudida, un joropo que nos puso a bailar en los asientos. Bravo por todos los intérpretes que nos regalaron un rato de excelente música.

La cita del domingo la propició el Centro Cultural Chacao, que nos dio la oportunidad de presenciar el arte de cuatro músicos cuyo talento se pierde de vista: me refiero al cuatrista Jorge Glem, al bajista Rodner Padilla, al percusionista Diego Álvarez  y al saxofonista Rafael Greco. Su propuesta se basó en piezas sacadas del repertorio de jazz latinoamericano, de onda nueva, y algunos temas propios de los intérpretes. Además hicieron una versión de "Isn't she lovely?" de Steve Wonder, dedicada a una niñita presente en la sala. Hablando de la sala: este espacio es particularmente atractivo gracias a sus pequeñas dimensiones, lo que permite que el público esté lo suficientemente cerca de los músicos para apreciar en detalle sus ejecuciones. El problema ese día era decidir a quien mirar, ya que mientras Jorge azotaba al cuatro, Diego destrozaba su cajón flamenco y Rodner hacía lo propio con el bajo, mientras Rafael sacaba sonidos de antología de su instrumento. Afortunadamente fueron pródigos en solos, lo que nos permitió apreciar en detalle su virtuosismo.

De este fin de semana me quedó una feliz sensación: algo muy bueno se está gestando en la ciudad, en materia musical. Toda una generación de excelentes músicos está exponiéndose a un público que empieza a crecer lenta pero sostenidamente, dando muestras de un nivel de exigencia que se ve, en la mayoría de las oportunidades, satisfecho. No me queda más que decir: si así llueve, que no escampe.

domingo, 5 de junio de 2011

Receta fácil para un domingo lluvioso



Tómese un pedazo de lomo de cochino, del tamaño adecuado para el número de comensales. Adóbese con los aliños que se tengan a la mano (yo utilizé una mezcla de vinagre balsámico, mostaza, vino tinto y "ajillo mix"). Déjese marinar mientras se prepara un puré de manzanas (dos manzanas en el micro ondas por unos tres minutos, se despojan de las cáscaras y se descorazonan, se colocan en una licuadora con vino blanco, azúcar, un poco de limón y canela) y se pelan un par de papas medianas por comensal, se trocean y se disponen en un molde apto para el horno, previamente embadurnado con aceite de oliva, y se rocían con sal y romero. Séllese en un sartén el lomo, y regrésese al molde con el líquido de la marinada. Pónganse en el horno (que sabiamente se habrá puesto a precalentar) el molde de las papas y el que contiene el lomo de cerdo con la marinada, que debe ser apto para su empleo a altas temperaturas. En unos 45-60 minutos, de acuerdo al tamaño de la pieza, debería estar listo. Se recomienda acompañar este plato con un buen vino tinto, pero en todo caso con la bebida de su preferencia.

lunes, 23 de mayo de 2011

ERRANTE

Confieso que la poesía siempre me ha sido esquiva; no me siento capaz de digerirla a cabalidad, más allá de los poemas clásicos de Neruda, esos que uno se aprende de memoria para usarlos como gancho, en la adolescencia. Y mucho menos me siento en capacidad de escribirla. Ésta es, tal vez, la única pieza en forma de verso que haya escrito, y la publico como curiosidad arqueológica.


Si alguna vez el viento 
te sopla al oído tu nombre 
no te asustes, no te asombres: 

es mi alma errante 
que del cuerpo exiliada 
te busca en su periplo. 

Te alejaste un día, 
y no detuve tu partida, 
porque te intuí ajena... 

pero dentro de mí la pena 
de no tenerte conmigo 
es perenne compañera. 

Mi espíritu, desde entonces, 
cada noche me abandona 
y pasea por su cuenta. 

¿Te ha encontrado? 
Tal vez tu lo sepas; 
De él no obtengo respuesta. 

Si alguna vez el viento 
Te sopla al oído tu nombre 
No te asustes, no te asombres: 

es mi alma errante 
que en su larga travesía 
arribó por fin al puerto ansiado.

sábado, 14 de mayo de 2011

Caracas, progresiva.



En casa somos grandes fanáticos de Dream Theater. De reciente data, sin embargo: lo empezamos a escuchar alrededor del 2005, gracias a mi hija mayor. Pero fue amor a primer oído: su sonido tan particular nos atrapó desde el comienzo, ya que mezcla un potente metal con las sonoridades típicas de las bandas progresivas de los 70. Aúnan a unas composiciones sumamente exigentes y elaboradas un gran virtuosismo en sus respectivos instrumentos.

Por supuesto que cuando nos enteramos del concierto que estaba programando Jorge Rojas en tributo a DT decidimos ir a verlo: a pesar de haber asistido a dos espectáculos de la banda original, en el Forum de Valencia (2008) y en el CCCT (2010), quisimos conocer esta propuesta venezolana. Por ello, el viernes 13 de mayo, a las 7:00 PM, en una Caracas sorprendentemente libre de tráfico, estábamos estacionando en Corp Banca, para ser partícipes de lo que se prospectaba como un buen espectáculo.

Cuando llegamos a la taquilla vimos varias caras conocidas, las mismas personas que uno se consigue en los conciertos de esta clase de música. Gente de toda edad, muchos padres acompañando a sus hijos, e inclusive una señora bastante mayor, que uno no ubicaría en un evento de este tipo. Cuando eran aproximadamente las 7:30 nos hicieron pasar a la sala, que fue llenándose de a poquito. Como nosotros habíamos comprado las entradas con antelación pudimos escoger unos buenos asientos, en la tercera fila. Acertada la organización, por cierto: el equipo de protocolo se portó muy amablemente con la audiencia, y supo mantener el orden mandando a silenciar los celulares y a no tomar fotos con flash.

Alrededor de las 8:00 se apagaron las luces de la sala, se encendieron las del escenario, y apareció el que se ha convertido en el presentador oficial de estos eventos, el señor Roberto Palmitesta, quien ofreció una breve introducción sobre lo que veríamos a continuación. Cuando terminó, fueron saliendo los músicos encabezados por el anfitrión de la velada, se ubicaron en sus posiciones, y sin mediar tiempo empezó a sonar el conocido "Tick, Tack" que da comienzo a Scenes from a memory.

Genial, bestial. Esos son los adjetivos que me vienen a la mente al rememorar la brillante ejecución de ese grupo de talentosos músicos venezolanos. En algún momento del concierto hice un ejercicio de abstracción, cerrando los ojos, y lo que escuchaba era Dream Theater, no un cover cualquiera. Pero con un ingrediente adicional: la sección de cuerdas integrada por tres músicos provenientes del sistema nacional de orquestas - Valter Izzo y Carlos Silva en los violines y un muy enérgico Raudol Palacios en el cello - arreglada por Jorge Rojas especialmente para la ocasión, se casó a la perfección con los demás instrumentos, brindando una sonoridad adicional a las piezas.

Unas palabras sobre la banda: estuvo formada por músicos de algunas de las mejores agrupaciones de la escena progresiva local, a saber, Pedro Bastidas en el teclado; Jorge González en la batería; alternándose en el bajo Heriberto Rojas en la primera parte del concierto, donde se interpretaron los 6 primeros temas de Scenes, y Enrique Pérez para el medley final compuesto por Erotomanía y Metrópolis I; y los vocalistas Chego Cabrices en Scenes y Ricardo Figueroa en el medley. Y por supuesto el gran (no le cabe otro calificativo) Jorge Rojas, de quien uno se pregunta que cosa no es capaz de hacer sobre un escenario, ya que lo hemos visto tocar batería, teclados, bajo, y ahora nada menos que la guitarra al estilo Petrucci, lo que es mucho decir. Los músicos dieron todo lo que fueron capaces y más, tanto así que cuando terminó de sonar Metrópolis I la gente les dio una prolongada ovación, pero nadie se atrevió a solicitar otra. El público se dio por satisfecho.

Pero no terminó allí: la noche nos tenía preparada otra agradable sorpesa. A pesar de que habíamos ido expresamente para disfrutar del tributo a DT, el segundo acto de la noche fue especial; tuvimos la fortuna de conocer la habilidad de Félix Martin, un larense criado en Acarigua y formado musicalmente en Berklee, en la ejecución de su instrumento, que hasta donde tengo entendido es único en el mundo y diseñado por él: una guitarra de 14 cuerdas que no me es factible describir, por lo que recomiendo que vean este video en Youtube para entenderla. La música con la que nos obsequió Félix está enmarcada dentro del Jazz Fusión - a mí particularmente me recordó mucho en algunos pasajes a Return to forever - pero con unos toques personales, sacándole todo el provecho posible a su instrumento. Estuvo acompañado, adivinen por quien: Jorge Rojas en el bajo, y el excelente baterista Mario Rodríguez, también proveniente de Berklee para mayores señas. El señor Martin embrujó a la audiencia con su música, y recibió prolongados aplausos al cierre de cada pieza. Tuvo algunos invitados especiales: para interpretar una creación del repertorio standard del jazz contó con la compañía del bajista Oscar Fanega y del pianista Antonio Mazzei, ambos músicos ampliamente conocidos en el circuito jazzístico venezolano. Un momento sumamente emotivo del concierto se produjo cuando entró al escenario el fenomenal cuatrista Jorge Glem e interpretó junto con Félix y Mario - trastocado en maraquero - una versión endemoniada, valga la redundancia, de El diablo suelto.


Creo que nadie salió insatisfecho del recinto. ¿Que más se puede pedir, si se es aficionado al progresivo? Los que estuvimos presentes tuvimos la oportunidad de disfrutar un concierto impecable, y constatamos con satisfacción el gran talento que tenemos en nuestra tierra. ¡Ojalá se repita frecuentemente este tipo de espectáculos!