lunes, 29 de junio de 2015

La reina en el parque



Hay música que no resiste bien el paso del tiempo. La catalogada en Europa como "éxitos del verano", por ejemplo, destinada a fungir de banda sonora de las vacaciones, y que luego es olvidada por todos, salvo una que otra honrosa excepción. Por otro lado existe música que podemos catalogar como trascendente, ya que no envejece y se trasmite de generación en generación. Música compuesta y grabada por primera vez hace 40, 50 años, y que se puede encontrar en el playlist de la más reciente juventud.

Ayer presenciamos, en las instalaciones del Parque del Este, un concierto ofrecido por la Orquesta de Rock Sinfónico Simón Bolívar, que le rindió tributo a una de las bandas más influyentes e importantes de la escena del rock en los 70's/80´s, la fenomenal Queen. La vetusta concha acústica en obra limpia situada hacia la entrada norte del parque cobijó a los muchachos de la orquesta, quienes de la mano del conductor Daniel Hurtado nos pasearon por la amplia discografía de la banda e interpretaron sus más grandes éxitos. Y la reflexión con la que parte esta croniquilla proviene de la nutrida asistencia al evento: había bastantes canas, como no, pero también mucha, muchísima gente joven, entre los 15 y los 30, digamos. Y se sabían mejor que yo las letras, y las coreaban con un entusiasmo contagioso. Y pensar que muchos de ellos no habían nacido todavía cuando ocurrió la infausta muerte de Freddy, y por ende de la banda, y que no tuvieron la maravillosa oportunidad, que si nos tocó a nosotros, de acompañar el recorrido de Queen a través de los años. Pero eso no es impedimento para que de alguna manera hayan tenido acceso a su música, y la aprecien.

El concierto fue memorable, no cabe duda. Esta es la quinta vez que veo a la orquesta y en cada presentación se nota su crecimiento. La madurez de sus integrantes, y la soltura que tienen sobre el escenario, dan cuenta de un trabajo tesonero. La agrupación posee unos cuantos pilares fundamentales, entre ellos el ya nombrado Hurtado, artífice y director de la orquesta, el gran guitarrista Ángel Ricardo Quiñones, y la vocalista Shankara Salazar, quienes acompañan a la formación desde sus inicios. Pero la renovación es una constante, y siempre se ven caras nuevas entre los músicos y los cantantes, que le aportan una buena dosis de frescura a la formación.

El inicio del concierto, con el coro de la canción "I want it all", presagiaba grandes cosas. Hubo varios momentos descollantes, que desencadenaron nutridas oleadas de aplausos en la audiencia. Entre ellos la canción "We will rock you", que ya es un auténtico himno, y fue coreada desde el inicio por la multitud. Y por supuesto el cierre con la pieza más esperada, y que fue resuelta brillantemente: "Bohemian rhapsody". Uno de los grandes protagonistas, sin con esto querer apocar a los demás intérpretes, fue Ángel Quiñones, que con su versión particular de la guitarra Red special, con ribetes dorados reemplazando al rojo de origen, produjo solos alucinantes que inmediatamente asociamos con el sonido de Brian May. Pero el resto del personal también dio lo mejor de sí para regalarnos una tarde especial, para el recuerdo. Nunca me cansaré de recomendar a esta orquesta, y hago votos para que sea una iniciativa que perdure. Lo necesitamos para nuestra paz espiritual y el goce de los sentidos.

martes, 23 de junio de 2015

El muro de (la) Miranda



En la Avenida Francisco de Miranda están levantando un muro. Un muro de un metro de alto por unos 30 centímetros de ancho. Esa barrera de cemento no se construye con fines ideológicos, al estilo del de Berlín, o xenófobos como el que quiere erigir Donald Trump en la frontera con México, sino como un intento más de regular la conducta de peatones y conductores, tanto de dos como de cuatro ruedas. Se desarrolla a todo lo largo de la división entre las pistas norte y sur de la avenida, desde los lados de Buena Vista hasta  Boleíta, y se interrumpe en las varias intersecciones presentes en la vía.

Llevan varias semanas en su construcción, en la que intervienen una cuadrilla de obreros que pican la isla existente y van colocando las cabillas que garantizan la rigidez de la estructura, y un camión mezclador de cemento que va vaciando su contenido poco a poco dentro de una armazón metálica que permite moldear el muro. Este trabajo lo realizan de día, con las molestias del caso a los transeúntes. El tráfico, de común congestionado en esa zona, tiene un motivo más para la lentitud. De tanto en tanto algunos carteles advierten que esa molestia temporal se convertirá en un beneficio permanente. Los antecedentes me obligan al excepticismo. Esta es la segunda o tercera intervención en ese sentido que veo realizar sobre la avenida. Los dos primeros intentos fueron unas especies de rejas que sufrieron el desmantelamiento progresivo de los esforzados mineros urbanos que revenden el metal a empresas poco apegadas a lo lícito, y las personas (y los vehículos también) comenzaron a cruzar por los claros que de tanto en tanto presentaba el enrejado, burlando así la intención inicial. Vista la inutilidad de las defensas metálicas decidieron apostar por algo más sólido como lo es el cemento armado.

Y me pregunto si esa es la manera de afrontar el problema. ¿Por cuál razón somos, como sociedad, tan refractarios al cumplimento de las normas mínimas de urbanidad y seguridad? ¿Por qué es necesario que se levanten barreras para evitar el cruce anárquico de vías de alta circulación? ¿Qué pasó con las campañas que, como recordaba Cinzia Procopio en un estado de Facebook que puse comentando este mismo hecho, impulsó en los años 70 Renny Ottolina?¿Por qué no se les dio continuidad? Todas esas interrogantes apuntan hacia la desidia generalizada, y a la impunidad de la que se goza ante la comisión de ilícitos. Si por cada infracción existiera un castigo efectivo, tal vez la gente se lo pensaría antes de repetirla la próxima vez. Un sistema eficiente de vigilancia junto a una campaña adecuada para crear conciencia pudiera tener mejores resultados que la erección de un muro que probablemente sea causa de accidentes de tránsito en el futuro. Pero está visto que se prefiere apelar a las soluciones aparentemente fáciles antes que recurrir a los caminos más largos de la formación ciudadana.

Mientras venía elaborando estas reflexiones, en medio del tráfico que se forma frente al Unicentro El Marqués, un tipo cruzó la calle, saltó sobre el muro con un gesto atlético, casi felino, aguardó agazapado por su momento y cuando vio el camino libre saltó hacia  el asfalto en pos de los mototaxis que se estacionan frente al centro comercial. Es decir, ni con el muro, pues.