Éste es mi cuarto de juegos. Siéntanse libres de tomar lo que gusten; si quieren dejar algo, también sirve.
miércoles, 10 de octubre de 2012
¡Las zonas rurales, estúpido!
Domingo 7 de octubre, en horas de la noche. Jorge "Sonrisita" Rodríguez, acompañado por el alto mando del Comando Carabobo, le sale al paso a las declaraciones emitidas previamente por el Comando Venezuela. Entre otras cosas, dice lo siguiente: "en este momento están votando los pescadores y los campesinos de la patria". Vale decir que habían pasado un par de horas desde el momento oficial de cierre de mesas.
Ayer La Patilla publicó este interesante artículo, que me hizo caer la locha: hay un país que no conocemos y mucho menos controlamos, el rural. Los números son impresionantes: Chávez obtuvo una diferencia de 1.153.447 votos, casi la ventaja con la que ganó las elecciones. Esto se presta para todo tipo de suspicacias, y no quiero con esto alimentar la tesis del fraude sino alertar sobre una situación que parece no haber sido analizada a conciencia por la oposición. Se nos dijo a saciedad que el 100% de las mesas estaban cubiertas por testigos del comando Venezuela. Yo me pregunto en primer lugar si esa aseveración es completamente cierta, y en segundo si esos testigos tuvieron el apoyo suficiente para poder frenar situaciones irregulares. Porque, y me remito a las declaraciones de Rodríguez, ¿Qué hacían miles de personas votando a esas horas? ¿Estarían en cola antes de que cerraran los centros, o fueron acarreados a última hora, con el objetivo de revertir unos resultados adversos? Llevando el escepticismo al límite, ¿habrán existido realmente esos votantes o fueron votos artificiales? Porque si nos ponemos a malpensar es muy sencillo forjar votos, basta que haya connivencia entre los miembros de las mesas para poner a votar virtualmente a todo el cuaderno de votación. Sin que de ello resulten irregularidades numéricas.
Por otra parte, queda el asunto del REP. ¿Se habrá auditado suficientemente, en lo concerniente al medio rural? ¿Votarán todos los que son, no estará inflado con personas inexistentes o extranjeros cedulados a convenciencia?
Pero, lo digo de último pero es lo más importante, más allá de las suposiciones e inferencias que se puedan hacer existen los números fríos y crudos: hay un enorme patrón electoral que no se identifica con la oposición. Se hizo un extraordinario esfuerzo para llegar a todas las ciudades del país, pero parece que quedó corto el contacto con las zonas más desasistidas, que suman y por lo visto son decisivas para ganar o perder una elección. Creo que todos nos dejamos alumbrar por la contundencia de las marchas en las grandes ciudades, y pensamos que ganábamos de calle. Pero desestimamos el medio rural, y éste pasó su factura. Queda como aprendizaje: tal vez el casa por casa deba empezar por allí, más que por las ciudades y pueblos más grandes. Es una labor de hormiguita, pero puede dar mejores resultados.
martes, 9 de octubre de 2012
Venezuela, más de 50 años comprando ilusiones
Historia tragicómica, la de la Venezuela Republicana. Comenzó con una gesta comandada por los hijos de españoles que se rebelaron ante el poder de sus ancestros y decidieron que podían manejar el país ellos solitos sin la tutela de la Madre Patria. Después de una guerra fraticida (ya que los soldados eran reclutados a la fuerza tanto por realistas como por patriotas) que duró alrededor de 10 años, se logra consolidar la independencia, y poco tiempo después nos separamos de la Gran Colombia, sueño de Bolívar, para emprender en solo la administración de ese pedazo de terreno de 912.050 Km2 (como me lo enseñaron en el colegio, no sé por donde andarán las medidas hoy en día).
Durante los primeros 150 años de ese proceso, el venezolano de a pié poco o nada tuvo que ver con las decisiones que se tomaban, salvo en muy contados momentos en los cuales se tuvo la oportunidad de participar en unas elecciones directas, como la de Rómulo Gallegos (quien fuera luego defenestrado aparatosamente por sus antiguos aliados de golpe). Pero a partir de 1958 cae el último dictador (o más bien decide que ya está bueno y se larga a disfrutar de un merecido retiro en España) y el venezolano vota. Así comienza la compra de ilusiones, alternadas: 10 años adeca, 5 años copeyana, otros 5 adeca, y así hasta llegar a la ilusión chiripera, de 1993.
Pero llega 1998, y aparece una nueva clase de ilusión, aderezada con aromas socialistas y ofrecida por un habilidoso ilusionista. Parece que esta es la clase de ilusión que mejor le acomoda al venezolano, pues lleva 14 años consumiéndola y acaba de reelegirla por 6 años más, para llegar a unos fastuosos 20 años de lo mismo. No podemos dejar de admirar la capacidad hipnótica del individuo, quien dice con gran desparpajo que no importa que se ande desnudo, ni que se pase hambre, con tal de que se consolide su acto. Parece que con cada estropicio que comete su troupe, crece su prestigio. Como resulta de este poder de encantamiento vimos casos sorprendentes en esta última preventa: el del municipio Judibana, adyacente a Amuay, en donde el encantador obtiene el 60 por ciento de la taquilla, a escasas 4 o 5 semanas del accidente más grave en refinería alguna en los últimos 50 años, con saldo de decenas de víctimas, por falta de mantenimiento o lo que viene siendo lo mismo, negligencia. O el del estado Zulia, castigado con la colocación de un infame chip para regular la venta de gasolina, cosa que implica asumir que todos los zulianos son contrabandistas. Pero en general todo el país manifestó su intención de seguir observando el mismo acto que lleva 14 años en cartelera, con pocas atracciones nuevas. Se ve que al venezolano le gustan las repeticiones.
En democracia la mayoría gana. Los que somos minoría tenemos tres alternativas: sumarnos a la comparsa haciendo de tripas corazón y montarnos en el carrousel de misiones, a la espera de la generosa dávida; marcharnos hacia un destino que nos parezca más coherente con nuestra manera de pensar; o quedarnos haciendo contrapeso, en procura de que eventualmente el ilusionista pierda su encanto, las masas lo abandonen y aparezca un nuevo acto. Ninguna de las tres opciones es fácil de tomar,pero no avizoro ninguna otra; si alguno de ustedes la ve, le agradezco me ilumine.
Durante los primeros 150 años de ese proceso, el venezolano de a pié poco o nada tuvo que ver con las decisiones que se tomaban, salvo en muy contados momentos en los cuales se tuvo la oportunidad de participar en unas elecciones directas, como la de Rómulo Gallegos (quien fuera luego defenestrado aparatosamente por sus antiguos aliados de golpe). Pero a partir de 1958 cae el último dictador (o más bien decide que ya está bueno y se larga a disfrutar de un merecido retiro en España) y el venezolano vota. Así comienza la compra de ilusiones, alternadas: 10 años adeca, 5 años copeyana, otros 5 adeca, y así hasta llegar a la ilusión chiripera, de 1993.
Pero llega 1998, y aparece una nueva clase de ilusión, aderezada con aromas socialistas y ofrecida por un habilidoso ilusionista. Parece que esta es la clase de ilusión que mejor le acomoda al venezolano, pues lleva 14 años consumiéndola y acaba de reelegirla por 6 años más, para llegar a unos fastuosos 20 años de lo mismo. No podemos dejar de admirar la capacidad hipnótica del individuo, quien dice con gran desparpajo que no importa que se ande desnudo, ni que se pase hambre, con tal de que se consolide su acto. Parece que con cada estropicio que comete su troupe, crece su prestigio. Como resulta de este poder de encantamiento vimos casos sorprendentes en esta última preventa: el del municipio Judibana, adyacente a Amuay, en donde el encantador obtiene el 60 por ciento de la taquilla, a escasas 4 o 5 semanas del accidente más grave en refinería alguna en los últimos 50 años, con saldo de decenas de víctimas, por falta de mantenimiento o lo que viene siendo lo mismo, negligencia. O el del estado Zulia, castigado con la colocación de un infame chip para regular la venta de gasolina, cosa que implica asumir que todos los zulianos son contrabandistas. Pero en general todo el país manifestó su intención de seguir observando el mismo acto que lleva 14 años en cartelera, con pocas atracciones nuevas. Se ve que al venezolano le gustan las repeticiones.
En democracia la mayoría gana. Los que somos minoría tenemos tres alternativas: sumarnos a la comparsa haciendo de tripas corazón y montarnos en el carrousel de misiones, a la espera de la generosa dávida; marcharnos hacia un destino que nos parezca más coherente con nuestra manera de pensar; o quedarnos haciendo contrapeso, en procura de que eventualmente el ilusionista pierda su encanto, las masas lo abandonen y aparezca un nuevo acto. Ninguna de las tres opciones es fácil de tomar,pero no avizoro ninguna otra; si alguno de ustedes la ve, le agradezco me ilumine.
sábado, 29 de septiembre de 2012
La fotografía
La
infancia es una de las etapas más breves de la vida, superada apenas por la
adolescencia, pero es también la que más recuerdos nos permite atesorar, tal vez porque son los primeros en aparecer y de alguna manera quedan mejor grabados que los demás. La mía
transcurrió en Bello Monte, cuando era una urbanización de lo que se
consideraba el Este de la ciudad; un lugar muy tranquilo, con escasa circulación de vehículos, de muchas casas y pocos edificios,
los cuales para ese momento eran relativamente nuevos. Nosotros vivíamos en uno
de ellos, en un quinto piso. De la ventana del cuarto de mis padres se podía
apreciar una hermosa vista, hacia las colinas del sur, y en primer plano
teníamos la casona de lo que era la hacienda Casanova, antes de transmutarse en
urbanización. Era una hermosa casa, situada en el tope de una pequeña
elevación. Recuerdo algunos detalles: un gran portón de entrada, el cual estaba la mayoría de las veces abierto, de considerable altura, como para consentir la entrada de carruajes tirados por caballos; un letrero con el nombre
"Bel-mount", clavado del piso; un césped correctamente mantenido.
Un día mi padre recibió de su natal Italia un paquete; lo desenvolvió con mucho cuidado, y apareció ante nosotros una cámara fotográfica, alemana por supuesto. Una de las primeras tomas que fotografió esa cámara fue el paisaje desde la ventana del cuarto, con la casa como motivo principal. Esa fotografía fue protagonista de un hecho cuanto menos curioso. Dada mi afición por la iconografía de la ciudad, a mediados de la década pasada empecé a participar en un foro virtual denominado Viejas Fotos Actuales, en donde las personas colgaban imágenes de la Caracas de antaño para que la comunidad las comentara, y en ocasiones adivinara la ubicación real de la foto; una especie de trivia. Al principio fui bastante pasivo, y me contentaba con mirar y leer; pero al cabo de un tiempo, recordé la imagen mencionada anteriormente y me animé a subirla al sitio. No puse mayores detalles, para que fuera objeto de análisis por parte de los foristas. Mi sorpresa fue mayúscula cuando una persona, el arquitecto Ricardo Rodríguez Boades, colocó el siguiente comentario: "esa foto fue tomada del quinto piso del Edificio Humboldt, en Bello Monte". Fue algo espeluznante, ya que lo que indicaba era totalmente cierto: como es lógico, procedí a preguntarle la razón de su afirmación. Resulta que su madre había sido íntima amiga de nuestros vecinos de piso, y Ricardo, quien es unos cuantos años mayor que yo, frecuentaba a menudo el edificio.
Este episodio funcionó como un catalizador de recuerdos: puse a ejercitar la memoria, y gran parte de mi niñez, que tenía años sin repasar, comenzó a desfilar en mi mente; las cosas buenas y los momentos ingratos, por igual. A partir de ese momento comencé a hurgar en los archivos (léase cualquier caja de zapatos, cualquier bolso, cualquier maleta vieja) en la búsqueda de documentación de mi infancia. No he encontrado mucho más material, para mi consternación; apenas una que otra foto, que me permite reconstruir una historia fragmentada, como colcha de retazos. Me toca conformarme con los recuerdos que me van quedando, y escribirlos así, a pedazos, para que pueda volver a recordarlos cuando los haya olvidado por completo.
Un día mi padre recibió de su natal Italia un paquete; lo desenvolvió con mucho cuidado, y apareció ante nosotros una cámara fotográfica, alemana por supuesto. Una de las primeras tomas que fotografió esa cámara fue el paisaje desde la ventana del cuarto, con la casa como motivo principal. Esa fotografía fue protagonista de un hecho cuanto menos curioso. Dada mi afición por la iconografía de la ciudad, a mediados de la década pasada empecé a participar en un foro virtual denominado Viejas Fotos Actuales, en donde las personas colgaban imágenes de la Caracas de antaño para que la comunidad las comentara, y en ocasiones adivinara la ubicación real de la foto; una especie de trivia. Al principio fui bastante pasivo, y me contentaba con mirar y leer; pero al cabo de un tiempo, recordé la imagen mencionada anteriormente y me animé a subirla al sitio. No puse mayores detalles, para que fuera objeto de análisis por parte de los foristas. Mi sorpresa fue mayúscula cuando una persona, el arquitecto Ricardo Rodríguez Boades, colocó el siguiente comentario: "esa foto fue tomada del quinto piso del Edificio Humboldt, en Bello Monte". Fue algo espeluznante, ya que lo que indicaba era totalmente cierto: como es lógico, procedí a preguntarle la razón de su afirmación. Resulta que su madre había sido íntima amiga de nuestros vecinos de piso, y Ricardo, quien es unos cuantos años mayor que yo, frecuentaba a menudo el edificio.
Este episodio funcionó como un catalizador de recuerdos: puse a ejercitar la memoria, y gran parte de mi niñez, que tenía años sin repasar, comenzó a desfilar en mi mente; las cosas buenas y los momentos ingratos, por igual. A partir de ese momento comencé a hurgar en los archivos (léase cualquier caja de zapatos, cualquier bolso, cualquier maleta vieja) en la búsqueda de documentación de mi infancia. No he encontrado mucho más material, para mi consternación; apenas una que otra foto, que me permite reconstruir una historia fragmentada, como colcha de retazos. Me toca conformarme con los recuerdos que me van quedando, y escribirlos así, a pedazos, para que pueda volver a recordarlos cuando los haya olvidado por completo.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Pentimento
Un edificio se asoma al bulevar, encajonado entre una feria de comida rápida y otro inmueble que, como él, conoció mejores tiempos. Tendrá unos 4 o 5 pisos; en su lado derecho posee unos balconcitos que hablan de la ficción del desahogo, espacios en los cuales rara vez se ve a alguna persona oteando el horizonte. En uno de ellos subsiste a duras penas una mata, seguramente una sábila, planta que aguanta largas épocas sin necesidad de cuidados particulares: el agua que de vez en cuando le cae del cielo es suficiente para prolongar su vida. Del lado izquierdo, en cambio, la edificación cuenta con unas pequeñas ventanas, que cumplen con la misión de secar la ropa. En los días de lavado se puede hurgar en la intimidad de sus habitantes, a través de la colorida exhibición de ropa interior y demás prendas de vestir. En la planta baja del edificio, al lado de la minúscula puerta que permite el acceso a los pisos superiores, hay un espacio destinado al comercio; actualmente una panadería lo ocupa, y en ella satisfacen su apetito centenares de personas que transitan a diario por esa zona, situada en el extremo este del bulevar. Un negocio modesto, sin mayores pretensiones más allá de servir de escusa para una pausa en el trajinar diario. Pero no siempre fue así; un detalle al desgaire señala que ese lugar tuvo un pasado glamoroso, un indicio que habla de elegancia y poderío económico. En pintura se le dice "pentimento" a una imperfección, un detalle que deja el pintor, semioculto, en alguna de sus obras. Algo así como un guiño hacia los espectadores más acuciosos. Nuestro edificio tiene un pentimento: si se mira con cuidado, encima del ajado mármol que cubre la fachada del inmueble, se puede observar la huella de unas letras que estuvieron allí durante mucho tiempo, hace décadas. Eran letras de bronce, de tipografía sobria y elegante. Esas letras, o más bien la sombra que dejaron como constancia de su presencia por estos lares, componen las palabras "Rolls Royce".
domingo, 2 de septiembre de 2012
Un sábado cualquiera: Por el medio de la calle y Sibeliusfest
¿Quién ha dicho que en Caracas nunca hay nada que hacer? En estos últimos tiempos la ciudad se ha vuelto pródiga en eventos de calle, llamados a que la gente tome los espacios públicos, ofertas diversas de manifestaciones artísticas - musicales, teatrales, artes visuales o todas las anteriores - marcadas, eso sí, por el signo más característico de las autoridades, el "operativo".
Ayer primero de septiembre las propuestas abundaron: Chacao ofrecía su despelote anual organizado, Por el medio de la calle; en el estacionamiento de El Nacional montaban las tarimas del Nuevas Bandas, y en el Centro Cultural Chacao Philipp Scheer tomó el teatro para su evento de promoción de talentos emergentes en el instrumento rey del Rock, la guitarra eléctrica. Temprano en la mañana habíamos comprado las entradas para el concierto que culminaría esa jornada guitarrera, y a las 5:00, ya con el carro estacionado en el Lido, decidimos acercarnos al casco de Chacao para participar aunque fuera de soslayo de la fiesta urbana que se estaba escenificando en las variadas estaciones que componían la convocatoria callejera.
Como el Lido queda bastante lejos de La Castellana, adonde queríamos comenzar nuestro paseo, optamos por utilizar el transporte superficial. Abordamos una camionetica, conducida por cierto por una dama, y en unos 10 minutos nos bajamos en plena Francisco de Miranda para dirigirnos hacia la plaza Isabel La Católica, en donde una gran tarima hacía prever que la música iba a ser la atracción fundamental en esa estación en particular. La plaza estaba tomada por cientos de adolescentes, que charlaban, reían, y algunos bailaban al compás de la changa tuki que sonaba por los parlantes; en la orilla de la plaza unos simpáticos promotores obsequiaban Doritos a los asistentes. No nos quedamos mucho tiempo pues el mismo apremiaba, y tomamos hacia la calle Urdaneta, la que culmina en el Mercado Municipal de Chacao. Allí vimos algunas instalaciones, en particular la del balcón emblemático del cual colgaban varios artefactos, y en donde seguramente iba a producirse un performance más adelante; en una esquina unos muchachos terminaban de montar un gran móvil. Subimos hacia la avenida principal, y allí observamos tres propuestas: dos de artes gráficas, para llamarlas de alguna manera, y una musical, denominada "La liga del rock", en donde varias bandas iban a alternarse. Volvimos a llegar a la plaza La Castellana, y ya estaban tocando Los Telecaster. Continuamos nuestro paseo, y en la esquina frente a Fridays observamos una instalación denominada "Río iluminado", un montaje de innumerales bolsas plasticas transparentes llenas de agua con jugueticos flotando en su interior, simulando peces. A decir de la persona encargada, el mejor momento para contemplar esa obra era en la noche, pero ya no nos daría tiempo de verla. Seguimos hacia la plaza Francia, y allí vimos varios toldos en donde algunas bandas estaban afinando sus instrumentos. Lo que me llamó la atención fue que, por lo menos a esa hora, a diferencia de los otros dos eventos por el medio de la calle a los cuales había asistido previamente el tráfico de vehículos no estaba restringido; no se si más tarde si lo harían.
Ya la hora apremiaba por lo que recorrimos el camino inverso; abordamos otra camionetica, y en el trayecto disfrutamos de la amena compañía de un Hare Krisna vendiendo inciensos. Ya el tráfico arreciaba en la avenida, el corneteo era la banda sonora y las luces de stop de los vehículos teñían de rojo el panorama urbano. Una vez frente al Lido nos apeamos de la unidad, y bajamos hacia el Teatro. Mientras esperábamos por el comienzo del espectáculo estuvimos charlando con unos amigos, y nos distrajimos viendo las personas que iban llegando; la mayoría era el prototipo rockero, franelas alusivas a bandas, cabellos largos, tatuajes, piercings, pero también había bastantes adultos contemporáneos (frasecita que describe a la gente que anda entre los 45 y los 55, aunque cada vez ese intervalo como que se agranda), muchos de ellos acompañados por sus hijos. Por fin, alrededor de las 7:30, abrieron las puertas de la sala, en la cual por cierto nunca había estado. Es un generoso espacio, que mezcla acabados industriales con un color naranja intenso.
Como a los quince minutos, una voz grabada nos dio la bienvenida al local, se apagaron las luces y por fin tras la apertura del telón aparecieron los integrantes de Mojo Pojo, con su energía habitual. Para mí esa banda siempre ha sido un enigma: me cuesta clasificarla dentro de algunos de los estilos musicales que manejo, pues si algo tienen es originalidad. Solo puedo decir que su música es compleja y elaborada, y que todos son unos excelentes ejecutantes de sus respectivos instrumentos. Nos obsequiaron la interpretación de su segundo álbum, y nos ofrecieron enviárnoslos a nuestras direcciones de correo previa solicitud, un gesto que habla de su desprendimiento. La única nota negativa que aprecié fue la falta de claridad en el sonido en lo referente a las voces, no se apreciaban con facilidad (aunque para mi gusto lo mejor de Mojo Pojo son los pasajes instrumentales, por lo que esa falla no me molestó gran cosa). Quiero destacar la actitud fresca y totalmente opuesta al divismo de los músicos; fueron a hacer su trabajo, a dar lo mejor de sí, sin poses innecesarias. Para mí fue un gran espectáculo, y espero por el disco para procesar de manera más adecuada su música.
Después de un breve intermedio, apareció en escena el plato fuerte de la noche: la banda Sibelius, encabezada por el autor intelectual del proyecto, el gran Philipp Scheer. Se hizo acompañar por unos solventes músicos, y alternó temas de su autoría con covers de las grandes bandas de metal y de hard rock de los 80-90, con la habitual calidad a la que nos tiene acostumbrados Phillip. Dentro de los temas propios nos deleitó con una pieza que permite a los guitarristas explayarse en sus cualidades, Neoclassical cowboy. En particular disfruté enormemente de la ejecución de The spirit carries on, de Dream Theater, en la cual Scheer se desprendió de la guitarra eléctrica y ejecutó sobre una acústica (la cual desafortunadamente no pude escuchar a plenitud pues era opacada por los demás instrumentos, claro que eso puede deberse a mi sordera incipiente). Me sorprendió ver la cantidad de personas que corearon la canción, parecía estar entre iniciados. Otro momento resaltante - vista la reacción del público - fue la ejecución de Sweet child of mine. No podía dejar de cerrar el concierto con el tema que se ha vuelto su marca personal, Venezuela infinita.
Una vez satisfecha el hambre espiritual, nos dispusimos a complacer la física. Hicimos una parada en Los Pilones - buena comida, atención mediocre: un vaso de agua que solicitamos nunca llegó, el mesonero casi nos quitó los platos antes de haber terminado de comer - y al salir de allí nos aguardaba una última sorpresa: coincidimos con el cierre de Por el medio de la calle, y pudimos disfrutar del lanzamiento de los fuegos artificiales a pocos metros de donde nos hallábamos.
domingo, 19 de agosto de 2012
Por el medio de la calle 2012, hasta el momento.
Sábado 28 de julio: el hombre levitante.
En una Plaza Bolívar de Chacao rebosante de gente, vimos la primera convocatoria del nuevo formato. Esparcidos por la plaza, algunos elementos que parecían dar pistas sobre lo que ocurriría allí: varias tarimas pequeñas, unipersonales casi, en donde se supone se acomodarían los músicos, y en dos o tres lugares un mobiliario tipo sala de apartamento (sofás, puffs cuadrados). Una estatua humana representando un campesino fue el sujeto de centenares de objetivos fotográficos; hasta ese momento era la única atracción evidente. De manera repentina comenzó un barullo, la gente se fue aglomerando hacia el lado sur de la plaza, y allí observamos la ceremonia de vestidura de un caballero en el aire: como por arte de magia, le estaban colocando prendas de vestir a un señor que aparentemente estaba levitando. Concluído el trámite, el señor estaba flotando, apoyado con una mano (parte del truco, no era su mano en realidad sino una estructura atornillada de la pared) de un edificio. La ilusión era perfecta... pero como espectáculo, a los 5 minutos perdió la gracia, con sacar las fotos de rigor nos dimos por satisfechos y nos dispusimos a aguardar la atracción siguiente. Sin embargo no llegamos a ver más nada: pasó tanto tiempo sin ningún anuncio, que decidimos levar anclas y regresarnos.
Sábado 11 de agosto: multimedia.
Esta vez la convocatoria tuvo lugar en ese grato lugar de encuentro ciudadano que constituye la plaza Los Palos Grandes. El menú del día fue una jornada de canje de libros, y un espectáculo a tres bandas: una poeta leyendo algunos textos, acompañada por unas fotográfa que iba pasando en una pantalla algunas de sus tomas y por un guitarrista que improvisaba riffs. La idea interesante, la ejecución algo menos. A manera personal, no sentí empatía con la propuesta, lo mismo le sucedió a mis acompañantes y nos fuimos antes de que concluyera.
Sábado 18 de agosto: rock en la Isabel la católica.
Muy poca gente, espantada tal vez por la lluvia. La convocatoria era a las 4:00; llegamos a las 5:00 y estaban crudos, probando sonido todavía. Como a un cuarto para las seis se montó la primera banda, los Stereo Jam, para mi gusto unos muchachos en busca de su identidad, por ahora una suerte de "wannabe" Amigos Invisibles, con mucha energía pero sin muchas ideas que celebrar. Buenos ejecutantes de sus instrumentos, pero musicalmente incipientes. A continuación se montó Del Pez, una banda familiar (entre sus integrantes, tocan padre e hijo). Un rock bastante sólido, con reminiscencias pinkfloydianas; un vocalista/guitarrista, con guiños a Gilmour a ratos, demasiado hiperkinético para mi gusto: era tal la vehemencia que le ponía a su ejecución que cuando le tocó hablar lucía fatigado de manera notoria. A la banda se le nota cierta falta de experiencia, pues tienen menos de un año de formados. Sin embargo son músicos muy solventes (no por nada tienen el sello Friedman) y si siguen por ese camino, puliendo algunos detalles, tienen potencial para llegar lejos. Por último, Fibonacci, sin duda lo más descollante de la noche. El mejor elogio que se les puede hacer es que no se parecen a nadie. Es una banda con una gran personalidad, y su frontman, Baldomero Verdú, es un ser que derrocha buena vibra y humildad bien entendida. Hasta el momento, esta jornada fue lo mejor del nuevo formato de PELMDLC.
domingo, 12 de agosto de 2012
Nostalgia
![]() |
| -.- |
Nostalgia, ese aguacerito que se instala en los recovecos de la memoria,
y en un juego de espejos deformados nos ilusiona con un ayer mejor.
Nos ancla a recuerdos antiguos, estalactitas pendientes en la mente,
geologías fantasiosas en perenne formación.
Engañadora de oficio, mareadora, celestina del pasado,
¡cómo sabe su oficio ejercer!
Nos seduce y nos tormenta con películas embusteras,
y, tontos nosostros, nos las volvemos a creer.
sábado, 7 de julio de 2012
Lluvia
Resuenan cantarines los techos,
melodías monótonas improvisan;
gotean (¿o sangran?) los aleros,
las aguas al suelo irisan.
Caleidoscopio desparramado en asfaltos tornasoles;
superficies carentes de roce, resbalosas;
luces rojas agrediendo los ojos, aceitosas;
parabrisas salpicados por gruesos goterones .
La ciudad se paraliza toda,
el agua se represa,
la población se siente presa
por la natura que incomoda.
Las personas se refugian en los portales;
los motorizados bajo puentes parecen anidar;
El tráfico se acumula en los corredores viales;
Llueve, llueve, llueve sin cesar.
martes, 3 de julio de 2012
Lunares
La luna, esa enorme piedra
flotando sobre nuestras cabezas,
creciente, llena, redonda, brillante,
eterna, solemne, nueva, menguante...
todas sus fases se confabulan
para alternar alegrías y tristezas,
para despertar pasiones
y lubricar tibiezas.
Si no existiera la luna,
habría que inventarla:
ningún poema de amor
estaría completo
sin el resplandor
del astro quieto
en el firmamento,
colgado del cielo
como un ornamento.
Ningún poeta digno de respeto
puede prescindir de la luna.
Alguna vez tendrá
que componer un soneto,
una oda, un epigrama
al astro nocturno que engalana
el negro techo del planeta.
.
sábado, 30 de junio de 2012
Opresión
Andar por la vida con sandalias de hormigón,
circular aceite y no sangre por las venas,
no respirar oxígeno, sino hollín.
Opresión.
Percibir el odio de miradas a traición,
cargar bolsas de ladrillos llenas,
tragar cucharadas de aserrín.
Opresión.
No atravesar aire sino capas de algodón,
ríos de petroleo cruzar con penas,
arrastrar un cadena que no tiene fin.
Opresión.
Soñar el reposo en un mullido almohadón,
volar en sueños con alas ajenas,
despertar cubierto por un enorme adoquín.
Opresión.
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