miércoles, 26 de septiembre de 2012

Pentimento



Un edificio se asoma al bulevar, encajonado entre una feria de comida rápida y otro inmueble que, como él, conoció mejores tiempos. Tendrá unos 4 o 5 pisos; en su lado derecho posee unos balconcitos que hablan de la ficción del desahogo, espacios en los cuales rara vez se ve a alguna persona oteando el horizonte. En uno de ellos subsiste a duras penas una mata, seguramente una sábila, planta que aguanta largas épocas sin necesidad de cuidados particulares: el agua que de vez en cuando le cae del cielo es suficiente para prolongar su vida. Del lado izquierdo, en cambio, la edificación cuenta con unas pequeñas ventanas, que cumplen con la misión de secar la ropa. En los días de lavado se puede hurgar en la intimidad de sus habitantes, a través de la colorida exhibición de ropa interior y demás prendas de vestir. En la planta baja del edificio, al lado de la minúscula puerta que permite el acceso a los pisos superiores, hay un espacio destinado al comercio; actualmente una panadería lo ocupa, y en ella satisfacen su apetito centenares de personas que transitan a diario por esa zona, situada en el extremo este del bulevar. Un negocio modesto, sin mayores pretensiones más allá de servir de escusa para una pausa en el trajinar diario. Pero no siempre fue así; un detalle al desgaire señala que ese lugar tuvo un pasado glamoroso, un indicio que habla de elegancia y poderío económico. En pintura se le dice "pentimento" a una imperfección, un detalle que deja el pintor, semioculto, en alguna de sus obras. Algo así como un guiño hacia los espectadores más acuciosos. Nuestro edificio tiene un pentimento: si se mira con cuidado, encima del ajado mármol que cubre la fachada del  inmueble, se puede observar la huella de unas letras que estuvieron allí durante mucho tiempo, hace décadas. Eran letras de bronce, de tipografía sobria y elegante. Esas letras, o más bien la sombra que dejaron como constancia de su presencia por estos lares, componen las palabras "Rolls Royce".

domingo, 2 de septiembre de 2012

Un sábado cualquiera: Por el medio de la calle y Sibeliusfest




¿Quién ha dicho que en Caracas nunca hay nada que hacer? En estos últimos tiempos la ciudad se ha vuelto pródiga en eventos de calle, llamados a que la gente tome los espacios públicos, ofertas diversas de manifestaciones artísticas - musicales, teatrales, artes visuales o todas las anteriores - marcadas, eso sí, por el signo más característico de las autoridades, el "operativo".



Ayer primero de septiembre las propuestas abundaron: Chacao ofrecía su despelote anual organizado, Por el medio de la calle; en el estacionamiento de El Nacional montaban las tarimas del Nuevas Bandas, y en el Centro Cultural Chacao Philipp Scheer tomó el teatro para su evento de promoción de talentos emergentes en el instrumento rey del Rock, la guitarra eléctrica. Temprano en la mañana habíamos comprado las entradas para el concierto que culminaría esa jornada guitarrera, y a las 5:00, ya con el carro estacionado en el Lido, decidimos acercarnos al casco de Chacao para participar aunque fuera de soslayo de la fiesta urbana que se estaba escenificando en las variadas estaciones que componían la convocatoria callejera.


Como el Lido queda bastante lejos de La Castellana, adonde queríamos comenzar nuestro paseo, optamos por utilizar el transporte superficial. Abordamos una camionetica, conducida por cierto por una dama, y en unos 10 minutos nos bajamos en plena Francisco de Miranda para dirigirnos hacia la plaza Isabel La Católica, en donde una gran tarima hacía prever que la música iba a ser la atracción fundamental en esa estación en particular. La plaza estaba tomada por cientos de adolescentes, que charlaban, reían, y algunos bailaban al compás de la changa tuki que sonaba por los parlantes; en la orilla de la plaza unos simpáticos promotores obsequiaban Doritos a los asistentes. No nos quedamos mucho tiempo pues el mismo apremiaba, y tomamos hacia la calle Urdaneta, la que culmina en el Mercado Municipal de Chacao. Allí vimos algunas instalaciones, en particular la del balcón emblemático del cual colgaban varios artefactos, y en donde seguramente iba a producirse un performance más adelante; en una esquina unos muchachos terminaban de montar un gran móvil. Subimos hacia la avenida principal, y allí observamos tres propuestas: dos de artes gráficas, para llamarlas de alguna manera, y una musical, denominada "La liga del rock", en donde varias bandas iban a alternarse. Volvimos a llegar a la plaza La Castellana, y ya estaban tocando Los Telecaster. Continuamos nuestro paseo, y en la esquina frente a Fridays observamos una instalación denominada "Río iluminado", un montaje de innumerales bolsas plasticas transparentes llenas de agua con jugueticos flotando en su interior, simulando peces. A decir de la persona encargada, el mejor momento para contemplar esa obra era en la noche, pero ya no nos daría tiempo de verla. Seguimos hacia la plaza Francia, y allí vimos varios toldos en donde algunas bandas estaban afinando sus instrumentos. Lo que me llamó la atención fue que, por lo menos a esa hora,  a diferencia de los otros dos eventos por el medio de la calle a los cuales había asistido previamente  el tráfico de vehículos no estaba restringido; no se si más tarde si lo harían.


Ya la hora apremiaba por lo que recorrimos el camino inverso; abordamos otra camionetica, y en el trayecto disfrutamos de la amena compañía de un Hare Krisna vendiendo inciensos. Ya el tráfico arreciaba en la avenida, el corneteo era la banda sonora y las luces de stop de los vehículos teñían de rojo el panorama urbano. Una vez frente al Lido nos apeamos de la unidad, y bajamos hacia el Teatro. Mientras esperábamos por el comienzo del espectáculo estuvimos charlando con unos amigos, y nos distrajimos viendo las personas que iban llegando; la mayoría era el prototipo rockero, franelas alusivas a bandas, cabellos largos, tatuajes, piercings, pero también había bastantes adultos contemporáneos (frasecita que describe a la gente que anda entre los 45 y los 55, aunque cada vez ese intervalo como que se agranda), muchos de ellos acompañados por sus hijos. Por fin, alrededor de las 7:30, abrieron las puertas de la sala, en la cual por cierto nunca había estado. Es un generoso espacio, que mezcla acabados industriales con un color naranja intenso.

Como a los quince minutos, una voz grabada nos dio la bienvenida al local, se apagaron las luces y por fin tras la apertura del telón aparecieron los integrantes de Mojo Pojo, con su energía habitual. Para mí esa banda siempre ha sido un enigma: me cuesta clasificarla dentro de algunos de los estilos musicales que manejo, pues si algo tienen es originalidad. Solo puedo decir que su música es compleja y elaborada, y que todos son unos excelentes ejecutantes de sus respectivos instrumentos. Nos obsequiaron la interpretación de su segundo álbum, y nos ofrecieron enviárnoslos a nuestras direcciones de correo previa solicitud, un gesto que habla de su desprendimiento. La única nota negativa que aprecié fue la falta de claridad en el sonido en lo referente a las voces, no se apreciaban con facilidad (aunque para mi gusto lo mejor de Mojo Pojo son los pasajes instrumentales, por lo que esa falla no me molestó gran cosa). Quiero destacar la actitud fresca y totalmente opuesta al divismo de los músicos; fueron a hacer su trabajo, a dar lo mejor de sí, sin poses innecesarias. Para mí fue un gran espectáculo, y espero por el disco para procesar de manera más adecuada su música.

Después de un breve intermedio, apareció en escena el plato fuerte de la noche: la banda Sibelius, encabezada por el autor intelectual del proyecto, el gran Philipp Scheer. Se hizo acompañar por unos solventes  músicos, y alternó temas de su autoría con covers de las grandes bandas de metal y de hard rock de los 80-90, con la habitual calidad a la que nos tiene acostumbrados Phillip. Dentro de los temas propios nos deleitó con una pieza que permite a los guitarristas explayarse en sus cualidades, Neoclassical cowboy. En particular disfruté enormemente de la ejecución de The spirit carries on, de Dream Theater, en la cual Scheer se desprendió de la guitarra eléctrica y ejecutó sobre una acústica (la cual desafortunadamente no pude escuchar a plenitud pues era opacada por los demás instrumentos, claro que eso puede deberse a mi sordera incipiente). Me sorprendió ver la cantidad de personas que corearon la canción, parecía estar entre iniciados. Otro momento resaltante - vista la reacción del público - fue la ejecución de Sweet child of mine. No podía dejar de cerrar el concierto con el tema que se ha vuelto su marca personal, Venezuela infinita.

Una vez satisfecha el hambre espiritual, nos dispusimos a complacer la física. Hicimos una parada en Los Pilones - buena comida, atención mediocre: un vaso de agua que solicitamos nunca llegó, el mesonero casi nos quitó los platos antes de haber terminado de comer - y al salir de allí nos aguardaba una última sorpresa: coincidimos con el cierre de Por el medio de la calle, y pudimos disfrutar del lanzamiento de los fuegos artificiales a pocos metros de donde nos hallábamos.

domingo, 19 de agosto de 2012

Por el medio de la calle 2012, hasta el momento.




Sábado 28 de julio: el hombre levitante.
En una Plaza Bolívar de Chacao rebosante de gente, vimos la primera convocatoria del nuevo formato. Esparcidos por la plaza, algunos elementos que parecían dar pistas sobre lo que ocurriría allí: varias tarimas pequeñas, unipersonales casi, en donde se supone se acomodarían los músicos, y en dos o tres lugares un mobiliario tipo sala de apartamento (sofás, puffs cuadrados). Una estatua humana representando un campesino fue el sujeto de centenares de objetivos fotográficos; hasta ese momento era la única atracción evidente. De manera repentina comenzó un barullo,  la gente se fue aglomerando hacia el lado sur de la plaza, y allí observamos la ceremonia de vestidura de un caballero en el aire: como por arte de magia, le estaban colocando prendas de vestir a un señor que aparentemente estaba levitando. Concluído el trámite, el señor estaba flotando, apoyado con una mano (parte del truco, no era su mano en realidad sino una estructura atornillada de la pared) de un edificio. La ilusión era perfecta... pero como espectáculo, a los 5 minutos perdió la gracia, con sacar las fotos de rigor nos dimos por satisfechos y nos dispusimos a aguardar la atracción siguiente. Sin embargo no llegamos a ver más nada: pasó tanto tiempo sin ningún anuncio, que decidimos levar anclas y regresarnos.

Sábado 11 de agosto: multimedia.
Esta vez la convocatoria tuvo lugar en ese grato lugar de encuentro ciudadano que constituye la plaza Los Palos Grandes. El menú del día fue una jornada de canje de libros, y un espectáculo a tres bandas: una poeta leyendo algunos textos, acompañada por unas fotográfa que iba pasando en una pantalla algunas de sus tomas y por un guitarrista que improvisaba riffs. La idea interesante, la ejecución algo menos. A manera personal, no sentí empatía con la propuesta, lo mismo le sucedió a mis acompañantes y nos fuimos antes de que concluyera.

Sábado 18 de agosto: rock en la Isabel la católica.
Muy poca gente, espantada tal vez por la lluvia. La convocatoria era a las 4:00; llegamos a las 5:00 y estaban crudos, probando sonido todavía. Como a un cuarto para las seis se montó la primera banda, los Stereo Jam, para mi gusto unos muchachos en busca de su identidad, por ahora una suerte de "wannabe" Amigos Invisibles, con mucha energía pero sin muchas ideas que celebrar. Buenos ejecutantes de sus instrumentos, pero musicalmente incipientes. A continuación se montó Del Pez, una banda familiar (entre sus integrantes, tocan padre e hijo). Un rock bastante sólido, con reminiscencias pinkfloydianas; un vocalista/guitarrista, con guiños a Gilmour a ratos,  demasiado hiperkinético para mi gusto: era tal la vehemencia que le ponía a su ejecución que cuando le tocó hablar lucía fatigado de manera notoria. A la banda se le nota cierta falta de experiencia, pues tienen menos de un año de formados. Sin embargo son músicos muy solventes (no por nada tienen el sello Friedman) y si siguen por ese camino, puliendo algunos detalles, tienen potencial para llegar lejos. Por último, Fibonacci, sin duda lo más descollante de la noche. El mejor elogio que se les puede hacer es que no se parecen a nadie. Es una banda con una gran personalidad, y su frontman, Baldomero Verdú, es un ser que derrocha buena vibra y humildad bien entendida. Hasta el momento, esta jornada fue lo mejor del nuevo formato de PELMDLC.

domingo, 12 de agosto de 2012

Nostalgia

-.-


Nostalgia, ese aguacerito que se instala en los recovecos de la memoria,
y en un juego de espejos deformados nos ilusiona con un ayer mejor.

Nos ancla a recuerdos antiguos, estalactitas pendientes en la mente,
geologías fantasiosas en perenne formación.

Engañadora de oficio, mareadora, celestina del pasado,
¡cómo sabe su oficio ejercer!

Nos seduce y nos tormenta con películas embusteras,
y, tontos nosostros, nos las volvemos a creer.

sábado, 7 de julio de 2012

Lluvia




Resuenan cantarines los techos,
melodías monótonas improvisan;
gotean (¿o sangran?) los aleros,
las aguas al suelo irisan.

Caleidoscopio desparramado en asfaltos tornasoles;
superficies carentes de roce, resbalosas;
luces rojas agrediendo los ojos, aceitosas;
parabrisas salpicados por gruesos goterones .

La ciudad se paraliza toda,
el agua se represa,
la población se siente presa
por la natura que incomoda.

Las personas se refugian en los portales;
los motorizados bajo puentes parecen anidar;
El tráfico se acumula en los corredores viales;
Llueve, llueve, llueve sin cesar.





martes, 3 de julio de 2012

Lunares



La luna, esa enorme piedra
flotando sobre nuestras cabezas,
creciente, llena, redonda, brillante,
eterna, solemne, nueva, menguante...
todas sus fases se confabulan
para alternar alegrías y tristezas,
para despertar pasiones
y lubricar tibiezas.

Si no existiera la luna,
habría que inventarla:
ningún poema de amor
estaría completo
sin el resplandor
del astro quieto
en el firmamento,
colgado del cielo
como un ornamento.

Ningún poeta digno de respeto
puede prescindir de la luna.
Alguna vez tendrá
que componer un soneto,
una oda, un epigrama
al astro nocturno que engalana
el negro techo del planeta.




.


sábado, 30 de junio de 2012

Opresión



Andar por la vida con sandalias de hormigón,
circular aceite y no sangre por  las venas,
no respirar oxígeno, sino hollín.
Opresión.

Percibir el odio de miradas a traición,
cargar bolsas de ladrillos llenas,
tragar cucharadas de aserrín.
Opresión.

No atravesar aire sino capas de algodón,
ríos de petroleo cruzar con penas,
arrastrar un cadena que no tiene fin.
Opresión.

Soñar el reposo en un mullido almohadón,
volar en sueños con alas ajenas,
despertar cubierto por un enorme adoquín.
Opresión.

martes, 26 de junio de 2012

Fábula del banco y la farola



En la geografía de mi imaginación
existe un río risueño
que cruza un pueblo pequeño,
lejano, sin tradición.

Apenas una excusa
para albergar una plaza,
de vegetación escasa
y que casi nadie usa.

Pueblan la plaza escueta:
1) un prócer petrificado,
2)una farola coqueta,
3)un banco desportillado.

Cuando la tarde se desvanece
y el sol se oculta franco
un joven estudiante aparece
y se sienta en el vetusto banco.



La farola entonces se enciende
para alumbrar al muchacho
que anda todo borracho
por lo que todavía no entiende.

Saca un grueso tomo
de su ajado morral;
reza en su golpeado lomo:
"Tratado sobre la moral".

Lo confunden las palabras
mas lo tienen atrapado;
el libro no puede soltar
aunque anda demorado.


La farola envidia al banco
que da asiento al estudiante;
a su vez envidia el banco
del farol su luz radiante.

No lo aceptan, por supuesto,
y cual si fuera un torneo
comienza el bombardeo
de halagos autoimpuestos:

"¡Soy más importante!
-exclama la farola-
"Él no podría estudiar
sin mi luz brillante".

"¿y a mi que me cuentas?"
-replica el banco airado-
"sin mi buen apoyo
acabaría pronto cansado".

Pero la verdad es tajante:
tan necesario es el asiento
como la fuente de luz
para el joven estudiante.

Del centro de la plaza, de repente,
emerge un rumor potente:
se trata del prócer pétreo
que está riendo entre dientes.

A la sabia estatua del prócer
causa gracia el proceder
del que quisiera ser el otro
sin reparar en su ser.

Y así acaba esta fábula
que no tiene ton ni son,
simple y modesto fruto
de mi corta imaginación.











El largo viaje que es la vida


La vida es un largo viaje
accidentado, rutinario o divertido;
puede ser solitario,
o al contrario, compartido.

Tal vez sea atormentante,
o resulte relajante;
puede brindar escenas trágicas,
o simplemente mágicas.

A veces queremos detener el viaje,
parar un momento, frenar al carruaje.
Pero es imposible, y lo sabemos:
si nos apeamos, nos lo perderemos.

En el carrusel de feria
debemos seguir montados,
y ni siquiera podemos subir
en el animal deseado.
Todos quisieran viajar
en el caballo alado,
pero de esos hay pocos,
y debemos conformarnos
con el cerdito sonriente,
el elefante o el moscardón.
Sin embargo, no importa:
Todos van en la misma dirección.

A veces el viaje resulta agobiante,
y dudamos en seguir adelante,
pensamos quedarnos en alguna estación,
esperar tal vez una mejor ocasión.

Pero los trenes de la vida son incesantes,
debemos tomarlos, no hay atenuantes,
ni descansos, ni vacilaciones :
solamente el movimiento constante.

Cuando se ha traspasado
del viaje la mitad,
hace mucho tiempo, además,
es inevitable reflexionar.

El camino andado no puede recogerse,
las acciones no pueden devolverse,
las palabras no pueden borrarse,
los recuerdos olvidarse.

Todos sabemos como empieza 
el largo viaje que es la vida:
con gritos, sangre y dolor germinal; 
pero ignoramos cual pieza
del destino, latente, dormida,
nos dirija al inevitable final.



domingo, 24 de junio de 2012

Ojos



El conjuro del profundo
negror de tus pupilas
me condenó al eterno
suplicio de evocarlas.

Y no hay dia, ni noche,
ni madrugada, ni tarde
que no sufra el perenne
dolor de recordarlas.

Dos negros faroles
de acerado brillo,
escrutadores implacables
de todos mis movimientos.

Dos sensores incansables,
acuciosos, insobornables,
dos jueces inconmovibles
ajenos a los sentimientos.

Esos ojos hoy apagados
solo viven en mi memoria,
pero tengo la seguridad de
que me aguardan en algún lugar...

En el destino final.

Cuando cruce el río
en la barca de Caronte,

estarán allí, aguardado mi arribar.