Ayer
tocó madrugar, más de lo habitual, sobre todo para un domingo, pues Marianella
se había inscrito en la carrera auspiciada por la Unión Europea bajo la
consigna de contrarrestar la violencia hacia la mujer. La competencia tenía
previsto iniciar a las 7:00, pero para retirar el chip que permitiría el
registro del tiempo empleado por cada corredor, adminículo que no había llegado
el día anterior cuando fuimos a buscar el material ofrecido, tuvimos que estar allí a
las 6:00. A esa hora todavía el cielo estaba oscuro, y un cachito de luna era
lo único que lo iluminaba. Hacía fresco, por lo menos para los parámetros de
nosotros los caraqueños que gozamos de una temperatura que oscila entre los 20
y los 30 grados durante casi todo el año. Claro que andar en shorts y franela
tampoco ayudaba mucho. Pero eso fue cambiando rápidamente a medida que el sol
iba despuntando por el este, y pronto la sensación térmica dejó de ser la que
experimentamos momentos antes. Luego de los trámites administrativos, Mary se
reunió con sus compañeros corredores, y yo aproveché el tiempo para hacer
turismo peatonal por Las Mercedes.Éste es mi cuarto de juegos. Siéntanse libres de tomar lo que gusten; si quieren dejar algo, también sirve.
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lunes, 25 de noviembre de 2019
Un turista en Las Mercedes
Ayer
tocó madrugar, más de lo habitual, sobre todo para un domingo, pues Marianella
se había inscrito en la carrera auspiciada por la Unión Europea bajo la
consigna de contrarrestar la violencia hacia la mujer. La competencia tenía
previsto iniciar a las 7:00, pero para retirar el chip que permitiría el
registro del tiempo empleado por cada corredor, adminículo que no había llegado
el día anterior cuando fuimos a buscar el material ofrecido, tuvimos que estar allí a
las 6:00. A esa hora todavía el cielo estaba oscuro, y un cachito de luna era
lo único que lo iluminaba. Hacía fresco, por lo menos para los parámetros de
nosotros los caraqueños que gozamos de una temperatura que oscila entre los 20
y los 30 grados durante casi todo el año. Claro que andar en shorts y franela
tampoco ayudaba mucho. Pero eso fue cambiando rápidamente a medida que el sol
iba despuntando por el este, y pronto la sensación térmica dejó de ser la que
experimentamos momentos antes. Luego de los trámites administrativos, Mary se
reunió con sus compañeros corredores, y yo aproveché el tiempo para hacer
turismo peatonal por Las Mercedes.jueves, 11 de julio de 2019
Balcones
A veces, cuando paseo a pie por alguna calle bordeada por edificios, me da por mirar a los balcones: esas ilusiones de libertad, que les colocan los arquitectos a las cajitas que diseñan para que la gente haga su vida.
Hay todo tipo de balcones: algunos mínimos, en donde si acaso cabe una persona de pie; otros que, en cambio, pudieran albergar una pequeña fiesta. Los hay rectangulares, ovalados, y hexagonales. Hay balcones introverdidos, que están empotrados en el cuerpo de los edificios, como si les diera pena sobresalir,y se mimetizan con la fachada, y hay otros que se asoman con total desparpajo hacia la calle. Todo depende de la imaginación de quien los diseñó, y las intenciones del contratante.
Es raro ver a alguien asomado en su balcón. Los balcones fueron hechos para mirar, para asistir al espectáculo cotidiano que ofrece la calle. Por lo tanto,considero una aberracción un balcón sellado, o uno ocupado casi en su totalidad por aparatos de aire acondicionado. O cumpliendo funciones de maletero. Pero pareciera ser una norma: por lo general, los balcones se aprovechan para incrementar el metraje de los apartamentos, para obtener unos 3 o 5 metros cuadrados extra. Se gana espacio, pero se sacrifica ciudadanía. La gente vive más encerrada, aislada del exterior por vidrios de media pulgada, insonorizadores, polarizados, que niegan al otro. También es cierto que muchos lo hacen para protegerse de la inseguridad, pues no es extraña la incursión de escaladores, que penetran a las viviendas emulando las habilidades del hombre araña. He visto algunos balcones protegidos por cercos eléctricos.
Pero, afortunadamente, hay gente que todavía usa los balcones para lo que fueron hechos. Lo atestiguan las dos sillitas, tal vez manaplás, a la vera de la baranda del balcón, que seguramente serán utilizadas más tarde por la pareja de viejitos, habitantes de ese apartamento desde siempre, que verán un vestigio de atardecer filtrándose por las rendijas escuetas entre los edificios que tienen en frente, tomando un tecito o un papelón con limón y conversando sobre temas intrascendentes; o, simplemente, verán en silencio a la vida transcurrir, con su cadencia regular y monótona, unos cuantos metros debajo de ellos.
Hay todo tipo de balcones: algunos mínimos, en donde si acaso cabe una persona de pie; otros que, en cambio, pudieran albergar una pequeña fiesta. Los hay rectangulares, ovalados, y hexagonales. Hay balcones introverdidos, que están empotrados en el cuerpo de los edificios, como si les diera pena sobresalir,y se mimetizan con la fachada, y hay otros que se asoman con total desparpajo hacia la calle. Todo depende de la imaginación de quien los diseñó, y las intenciones del contratante.
Es raro ver a alguien asomado en su balcón. Los balcones fueron hechos para mirar, para asistir al espectáculo cotidiano que ofrece la calle. Por lo tanto,considero una aberracción un balcón sellado, o uno ocupado casi en su totalidad por aparatos de aire acondicionado. O cumpliendo funciones de maletero. Pero pareciera ser una norma: por lo general, los balcones se aprovechan para incrementar el metraje de los apartamentos, para obtener unos 3 o 5 metros cuadrados extra. Se gana espacio, pero se sacrifica ciudadanía. La gente vive más encerrada, aislada del exterior por vidrios de media pulgada, insonorizadores, polarizados, que niegan al otro. También es cierto que muchos lo hacen para protegerse de la inseguridad, pues no es extraña la incursión de escaladores, que penetran a las viviendas emulando las habilidades del hombre araña. He visto algunos balcones protegidos por cercos eléctricos.
Pero, afortunadamente, hay gente que todavía usa los balcones para lo que fueron hechos. Lo atestiguan las dos sillitas, tal vez manaplás, a la vera de la baranda del balcón, que seguramente serán utilizadas más tarde por la pareja de viejitos, habitantes de ese apartamento desde siempre, que verán un vestigio de atardecer filtrándose por las rendijas escuetas entre los edificios que tienen en frente, tomando un tecito o un papelón con limón y conversando sobre temas intrascendentes; o, simplemente, verán en silencio a la vida transcurrir, con su cadencia regular y monótona, unos cuantos metros debajo de ellos.
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