Éste es mi cuarto de juegos. Siéntanse libres de tomar lo que gusten; si quieren dejar algo, también sirve.
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viernes, 2 de noviembre de 2018
Yonaider, piloto
Yonaider está en la fila del cerro en donde vive, volando un papagayo que hizo con dos veradas que cogió en la quebrada y papel celofán que encontró en la bolsa de basura que había registrado más temprano, en su patrullaje cotidiano. El papagayo le salió bien bueno, y ya es un puntico en el cielo, casi invisible. No sabe cuánto pabilo ha desenrollado, pero de seguro son cientos de metros. Yonaider afina la vista para tratar de ver a su creación, pero de pronto lo distrae otro objeto volador. Un blanco, reluciente y modernísimo jet, que todos los días cruza por encima del cerro, a la misma hora. Yonaider sueña con volar un día dentro de ese jet. Por ahora, debe conformarse con pilotar su cometa. Su honesto papagayo.
jueves, 24 de marzo de 2011
Construyendo laberintos
Esta mini-crónica se me ocurrió en una época en que los tiroteos empezaban a ser frecuentes en la ciudad (cosa que lamentablemente no ha cesado). Se lo dediqué a Jorge Gómez, apasionado lector de Bórges y editor de Letralia, el portal dedicado a la literatura nóvel latinoamericana, que ya va por sus 15 años de labor ininterrumpida.
CONSTRUYENDO LABERINTOS
A Jorge Gómez Jiménez,
tocayo de Borges
e inmerso en el laberinto de las palabras.
Uno de los temas mas abordados por Borges, casi pudiera decir que su ‘leit motiv’, es el laberinto. En su cuento ‘El jardín de senderos que se bifurcan’ propone un laberinto infinito, que se desarrolla en el interior de un libro. Una noche reciente, acabando de releer el cuento en cuestión, me acosté algo inquieto. Tal vez el calor, tal vez demasiado café, posiblemente intrigado por el significado del cuento, no pude conciliar el sueño. Puse mi mente en automático, a divagar, tratando así de burlar el insomnio. Casi fatalmente, llegué al tema predilecto de Borges. Un laberinto infinito. ¿Como crearlo? Debe ser imposible.
De repente, un disparo aislado en el silencio de la noche me proporcionó la clave: ya tenía mi laberinto resuelto. El método es sumamente sencillo: como punto de entrada al laberinto se escoge el sitio en donde se produce ese primer disparo. El resto es descontado: se espera la repetición del hecho, y se traza una línea imaginaria entre ambos puntos. El procedimiento se repite para todas las ocurrencias de ese evento, es decir, un disparo aislado. Tendremos de esa manera un laberinto infinito, que sabemos donde empieza pero no donde termina. Este método tiene, no obstante, una debilidad: el laberinto podrá dejar de ser eterno para una persona cuando el disparo aislado en la noche, la consiga en su trayectoria.
A partir del momento en que maquiné mi laberinto infinito, no he tenido mucha paz. No puedo evitar sentir un estremecimiento al escuchar esos balazos que de vez en cuando se escuchan, partiendo la noche.
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