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sábado, 25 de junio de 2016

El CNE, guardaespaldas de Maduro



Lo que voy a decir no es una novedad, y todo el mundo lo sabe, pero lo hago por amor a la crónica y para dejar registro. Voy a apuntar los hechos que recuerdo, y seguramente se me van a quedar muchos por fuera, por lo que agradezco cualquier ayuda para compilar la historia.
Desde el primer momento en que se habló de revocatorio, el CNE no ha hecho otra cosa que buscar entorpecer o evitar el proceso. Comenzando por el absurdo requisito de recoger el 1% de las firmas de acuerdo a distribución proporcional de la población por estado. Esto ya es un exabrupto, ya que no estamos compuestos por colegios electorales, como es el caso de EEUU. En Venezuela un voto en Maturín cuenta lo mismo que un voto en la Sierra de Perijá. El sitio en donde se recojan las firmas es irrelevante, la letra de la constitución solamente indica que basta con que el 1% de la población solicite el referendum revocatorio para activarlo. Otra arbitrariedad, hija de la anterior, es que la firma debió ser recogida en la entidad federal en donde está registrado el elector. Un abuso total. Si alguien estaba de viaje en el momento de la recolección de las firmas no pudo ejercer su derecho.
Otro hecho que sin duda está dirigido a torpedear la iniciativa es el relajo de los lapsos que se toma el CNE para cada etapa del proceso, y la discrecionalidad para decidir si una firma es válida o no. Todos sabemos cuántas personas conocidas denunciaron que su firma no fue aprobada, sin saber la causa y sin derecho a revisión. Los casos más patéticos, por supuesto, son los de los dirigentes políticos. Haberle rechazado la firma a Capriles y a Machado no puede sino catalogarse como provocación. Pero son apenas dos de los 600.000 venezolanos a quienes se le negó su derecho a convocar el revocatorio.
Llegamos al capítulo de la validación de las firmas, y aquí es en donde toda la estulticia de las rectoras del CNE se pone de manifiesto de la manera más evidente. Primero se estimuló el arrepentimiento, agregando un paso totalmente inútil como la retirada voluntaria de la firma y con ello alargando una semana más el proceso. Ese paso es una ridiculez ya que si alguien estuvo arrepentido con no ir a revalidar tenía. Luego, el diseño del proceso de validación tuvo como objetivo que se pudieran obtener el menor número de firmas posibles, tanto por la cantidad de máquinas puestas a disposición del proceso (un déficit de mil, según indican los expertos) como por la ubicación geográfica de las mismas. También se debe mencionar la operación morrocoy y el cierre de los centros de validación a pesar de haber personas en la cola, gente a la que se le conculcó su derecho político al no permitirle validar su firma.
Un paréntesis: El proceso de validación de firmas ha servido para demostrar la falacia de uno de los argumentos que esgrime el CNE para proclamarse como "el sistema electoral más seguro del mundo". Me refiero a la garantía de "un elector, un voto", que supuestamente estaría avalado por el sistema de identificación biométrico, la tristemente popular captahuellas. Ese mecanismo debería garantizar dos cosas: que no haya suplantación de identidad, al cotejar la huella del votante con la huella almacenada en la base de datos, asociada al número de la cédula que presente el votante; y garantizar que esa persona vote una sola vez. Conceptualmente es algo posible, y es un algoritmo que cualquier estudiante de primer año de alguna de las carreras que tienen que ver con computación está capacitado para resolver. Ahora bien, si tuvieran ese mecanismo activado y suficientemente probado, la validación de firmas debería ser automática y al instante. Bastaría con cotejar la huella en la base de datos, ver si el elector asociado a la huella pertenece a la entidad en donde está realizando la validación, y confirmar que no ha validado aún. Pero no es así: el CNE se va a tomar 20 días hábiles para chequear esas validaciones. Para menos de 400.000 firmas, que es un universo muchísimo más pequeño que el de los votantes en cualquier elección ya sea regional o nacional. Esto debería encender las alarmas: el CNE monta unas elecciones con un mecanismo que no es capaz de garantizar la identidad y la unicidad de los votos, y lo da por bueno sin ningún tipo de verificación posterior, verificación que por otra parte es realizada con todo el celo del mundo cuando se trata de un evento que atenta contra el oficialismo.
A pesar de todos estos obstáculos la ciudadanía se mostró digna del compromiso, y se logró la meta de acuerdo a los números de la oposición. Pero las zancadillas continúan: se van a tomar 20 días hábiles para revisar algo que debería estar revisado de origen por el carácter automatizado del proceso, por lo explicado más arriba,  y tal vez tengan la osadía de decir que no se alcanzó el número de firmas necesarias. Aunque no creo que lleguen a tanto, no me sorprendería. La pregunta es: ¿qué vamos a hacer si eso sucede?

lunes, 29 de febrero de 2016

Venezuela: no country for Mad Max



Resulta demasiado fácil establecer analogías entre los hechos ficticios representados en una película y la realidad abrumadora que nos envuelve. Basta hacer un poco de ejercicio de abstracción, algún ajuste de ideas, y se logra el cometido.

Esto viene a colación por la inevitable Mad Max. Esta película  viene como anillo al dedo para ejemplificar la situación venezolana: un caudillo que controla todos los productos esenciales para la vida, una población sometida por la fuerza del hambre y la sed a los designios del tirano, una élite que vive en la esfera del poder disfrutando de sus prebendas, y unos fanáticos dispuestos a inmolarse por la gloria de haber muerto para defender al caudillo. Sí: en Venezuela tenemos (o tuvimos) a Inmortan Joe, a los emperadors, a los war boys. Seguramente habrá alguna breeder. Hasta algún émulo de Furiosa podemos encontrar. Y, por supuesto, tenemos la gran masa de extras que eleva la totuma sobre la cabeza cuando al líder se le ocurre abrir el chorro.

Sin embargo, falta algo: Mad Max, precisamente. Yo no sé los demás, pero no identifico esa figura en nuestro país. No digo que falten aspirantes, que de esos hay de sobra. Pero creo que ninguno está dispuesto a hacer el gasto. Nuestros "Mad Max Wannabe" son demasiado modositos, no saben pelear sucio, y se meten en el barro esporádicamente, cuando hay un fotógrafo cerca. O, si fuera por ellos, la película se acabaría en los créditos, apenas al ser apresados.

Y esto no es ni bueno ni malo, sino lo real. No somos una película, somos una especie de país que busca a ciegas cómo recomponerse mientras se saca de encima una clase dirigente ineficiente y corrupta, que ha dilapidado la fortuna más grande que le haya entrado a Venezuela jamás sin dejar casi nada a cambio, y que tiene a la nación al borde del colapso. Y para lograr eso no se necesita a un antihéroe psicótico en busca de redención, apoyado en efectos especiales y coreografías espectaculares. Lo que necesitamos es gente comprometida con el cambio, estratega, astuta, y con la suficiente credibilidad para lograr un apoyo masivo de la población, que debería ser la manera adecuada de salir de este atolladero. La alternativa ya la hemos visto en el pasado. Los Mad Max tropicales no suelen retirarse con las manos vacías cuando logran derrocar al villano de turno, sino que se convierten en los nuevos Inmortan.

domingo, 6 de abril de 2014

Dos meses de protestas


Dos imágenes, dos caras de la realidad venezolana recogidas esta mañana. Ambas de escasa calidad, ya que fueron tomadas tal vez con un teléfono, pero que no dejan de ser emblemáticas. En una, se aprecia la arremetida de la GN en El Cafetal; en la segunda, la cola inmensa de gente procurando entrar al Bicentenario de Terrazas del Ávila. Dos maneras de reprimir a la población: por la fuerza y, más perverso aún, por el hambre.

No voy a escribir nada original ni nada que no se sepa. Mi intención es dejar un testimonio para el futuro, ya que somos de memoria corta y la dinámica endemoniada del país hace que los hechos de un día opaquen a los del día anterior. Acontecimientos de nuestro pasado reciente ya están borrosos en mi memoria, como los días post paro petrolero y las guarimbas de 2004, así que me permito redactar estas notas que seguramente serán para mí, para releerlas dentro de unos años y poder tener un punto de comparación.

Ya vamos para dos meses de protestas en el país, protestas que comenzaron en el estado Táchira con la exigencia de mayor seguridad en los campus universitarios tras el intento de violación de una muchacha, y que gracias al desinterés del gobierno en dar respuestas - por el contrario, trató de acabar con los reclamos utilizando una represión desmedida - comenzaron a tener eco en todos los demás estados del país. Ya se protesta abiertamente en las principales ciudades de Venezuela, y los motivos son variados y  todos válidos: la inseguridad, la escasez, el altísimo costo de la vida son las  banderas que ondea la colectividad, harta de los malos manejos de un régimen que se nota incapaz de resolverlos. Dos meses después los números asociados son escalofriantes: cerca de los 40 muertos, más de 2500 detenidos, innumerables denuncias de tortura y maltratos.En Panfletonegro comenzamos a documentar las muertes, pero llegó un momento en que se perdió la pista por la profusión de asesinatos y se volvió una tarea inmanejable. Por otro lado hay evidencias gráficas a mares, en donde aparecen los grupos paramilitares codo a codo con las fuerzas de control del orden público. Y escenas francamente atroces, como las recogidas en la UCV, en donde después de apalear a los estudiantes terminaron de vejarlos al dejarlos desnudos.

Los estados más aguerridos, y los que han recibido la mayor respuesta por parte del régimen, son los que dieron inicio a la situación, los andinos Táchira y Mérida. Al primero se le está dando el tratamiento que se le daría a una nación hostil, con sobrevuelos de aviones de guerra y una arremetida militar desproporcionada. Pero no son los únicos, en la práctica todos los estados con poblaciones importantes han dado muestras de descontento y apoyo a sus hermanos andinos.

Hay zonas de la capital que sufren un acoso constante y permanente, como lo son Chacao, Altamira y Santa Fe. Pero el resto de la ciudad no se salva, y urbanizaciones como Terrazas del Ávila, Palo Verde, El Marqués, Macaracuay, Los Ruices, Caricuao, El Paraíso, entre otras, han recibido la visita gaseosa de la GNB y la PN. Pareciera que el objetivo es aterrorizar a la población para extinguir las protestas. Y como todo en este país, la indefinición es la norma: no hay ni toque de queda ni suspensión de garantías formalizado a través de los canales regulares, pero los miembros del orden público actúan como si así fuera, allanando hogares, deteniendo de manera aleatoria a cualquier persona que les parezca sospechosa, revisando automóviles.

Esta mañana arremetieron contra la zona de El Cafetal. Como miembro de esa comunidad, en el aspecto laboral, puedo decir que en efecto la radicalización del sector es muy pronunciada. La intersección con Caurimare tiene más de una semana trancada, lo que obliga a dar largas circunvalaciones por las montañas adyacentes para poder llegar a la oficina. Aunque resulta fastidioso el trayecto, se entiende que hay una motivación poderosa para actuar de ese modo, y uno termina aceptando la situación. Pero ya desde hace varios días se estaba corriendo el rumor de que la guardia tenía pensado arremeter contra la zona, y que lo haría implacablemente. Y fue así: a la hora en la que escribo estas líneas hay un asedio total, parecido al aplicado a Chacao y Altamira. Las imágenes de tanto verlas se nos tornan todas parecidas, y si no fuera por algunos elementos arquitectónicos no podríamos diferenciar el lugar de las tomas.

Hoy es domingo, día que tradicionalmente se dedica al descanso, de poco tránsito. Tal vez por ello fue el elegido para acabar con las protestas del lugar. Veremos  como amanece mañana El Cafetal. Conociendo lo aguerrido de la población supongo que las protestas no cesarán, por el contrario se verán incrementadas. Es que el gobierno parece no haber asimilado que cada acción represiva que toma va a tener una reacción inmediata.

Mientras tanto la vida sigue, sigue en caída libre. Visitar los automercados, una de las principales actividades de los venezolanos en estos días, es una tarea deprimente por partida doble: la escasez de productos básicos de la dieta ya es crónica, y el precio de los artículos que sí se consiguen es escandaloso. El pescado ya es un animal sagrado, sólo los potentados pueden adquirirlo. La carne y el pollo regulado ya rayan en lo mitológico, por otra parte. Lo que se consigue se paga al precio que haya determinado la cadena de distribución bajo la mirada cómplice e indolente de los organismos que deberían velar por la aplicación de las regulaciones. Creo que en el fondo están aceptando que es imposible regular los precios en una economía tan inflacionaria como la nuestra. Otro rubro muy afectado es el de los repuestos automotores y  electrodomésticos: el venezolano reza para que la lavadora no se estropee, o para que la batería del carro aguante un mes más. De lo contrario le supondrá horas de visitas a diferentes casas de repuestos de la ciudad, sin la menor garantía de encontrar lo que está buscando.

Esta situación no es sostenible por mucho más tiempo. La gente está realmente cansada y quiere un cambio, cosa que por otra parte no es la intención del gobierno. En algún momento se producirá un punto de quiebre; cómo será, no está dentro de mis capacidades predecirlo.

sábado, 29 de marzo de 2014

Apuntes sueltos sobre la realidad venezolana




Hace rato bajé a la panadería. Una señora al lado mío pidió una pepsi de esas que llaman "de bomba", el envase plástico de 600 cc. Preguntó el precio, y le dijeron "38". Yo creí haber escuchado mal, y le pregunté, "¿Disculpe, eso cuesta 38 Bs?" Y el portu respondió: "Sí, 38. Y el lunes la aumentan a 50". Esta vaina se la llevó el diablo.


Mientras más rápido asimilemos que esto no es una democracia autoritaria con visos dictatoriales sino una dictadura por todo el cañón más rápido saldremos de ella. Ya han sacado del camino a unos 5 representantes escogidos por el pueblo en elecciones por motivos políticos, entre alcaldes y diputados, y van por todos los alcaldes opositores que les causen algún tipo de molestia.

El asunto es trágicamente sencillo: en frente no tenemos a unos gobernantes con un mínimo de sentido común para entender el malestar de la población, sino a unos individuos aferrados al poder, el cual ejercen de manera grosera, y que no tienen ningún escrúpulo. A esto nos estamos enfrentando, y debemos estar claros en ello.

Este régimen nos trae a la memoria la noche. La noche de los cuchillos largos, la noche de los cristales rotos, la noche de los lápices. Es de esperar que en algún momento amanezca.

Yo cuando chamo era chavista a rabiar. No me perdía un capítulo del Chavo del 8. Después crecí y entendí que el chavismo es una payasada.


¿Cuánto vale en realidad el Bolívar? La respuesta genérica, y bastante acertada, es "nada". Pero se puede especificar un poco más. Sin ser economista, la lógica me dice que, dada la proveniencia de todo lo que consumimos -con muy pocas excepciones-, se debe ponderar la distribución de lo que se compra entre los diferentes tipos de cambio, que hoy son 4. El antiguo Cadivi, el Sicad I, el Sicad II yel que antes era prohibido pero ahora parece que no. Por lo que estuve escuchando hace rato por radio, el Sicad II no tiene mucha injerencia, pues las importaciones a ese rubro se estiman en un 10% del total. Así que la torta se reparte entre los otros 3. Algo me dice que lo que se compra a negro debe ser un porcentaje muy alto, ya que ex-cadivi es para medicinas y algunos productos de primera necesidad, y Sicad I va un poco en esa misma línea. Así que el tema correspondiente a calzado, vestido, enseres, repuestos, diversiones, por nombrar algunos, se va a resolver por la vía del mercado alternativo. Eso quiere decir que si nos conformamos con un nivel de vida precario, tal vez podamos estirar los churupos para que nos lleguen a final del mes. Pero si aspiramos a una vida algo más holgada, nos la vamos a ver muy complicada. Nada nuevo bajo el sol, por otra parte.


Un tipo que al ser militar activo está violando la constitución al ejercer al mismo tiempo como diputado decide que María Corina Machado no es apta para ocupar una curul en la Asamblea Nacional. 


Si no aplicamos el 350, estamos desobedeciendo la constitución. ¿Cómo hacemos? Artículo 350 El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.

Lo peor que le puede pasar a un país es que se acostumbre al horror.


Que nunca se olvide que todo este problemón comenzó por la soberbia de un régimen que no le dio respuesta oportuna a unos estudiantes que exigían mayor seguridad.


La cosa está tan apretada que ya comienza a haber escasez de lo único que se conseguía, Patria.


Esta situación me ha hecho aprender geografía. Ahora sé que hay un país que se llama Saint Kitts and Nevis, que tiene menos habitantes que Corozopando pero vota en la OEA y su voto cuenta tanto como el de cualquier nación con más de 100 millones de habitantes. El saber nos hará libres, dicen por allí. No estoy seguro, de momento el saber me da es arrechera.

Estamos montados sobre una dinámica endemoniada, nadie quiere ceder. De un lado está la indignación de un pueblo cansado por la inseguridad, el alto costo de la vida, la escasez y un largo etcétera. Del otro un régimen que no escatima en usar todo el poder del estado para sofocar las protestas. Me pregunto cuál será el punto de quiebre, y cuando llegará.

El presidente de un canal de televisión del estado se queja de que hayan puesto término a un programa chabacano, sexista y de baja calaña en un canal privado. El detalle: él era el animador del programilla. Winston, date tu puesto, si es que tienes alguno.

Tanto criticar al fascismo para terminar copiándole los métodos y la estética.

Estamos necesitando un escritor como Kundera, que documente con precisión las vicisitudes de estos tiempos, y que describa la ignominia de aquellos que aún sabiendo lo que sucede lo justifican y encima lo apoyan.

Qué vaina con el prurito de ser respetuosos. Hay momentos históricos que demandan acciones fuertes, estamos en uno de ellos.

A los que están implorando por una intervención militar, tengan en cuenta que tenemos una que lleva 15 años, y sigue tan campante.


En Venezuela se están cometiendo delitos de lesa humanidad. Hay decenas de videos que atestiguan cómo los militares agreden salvajemente a la población civil desarmada. Esos casos no quedarán impunes, véanse en el espejo de los gorilas del sur a quienes la justicia apresó cuando pensaron que ya todo estaba olvidado.


Señor Maduro: quisiera pedirle permiso, siempre y cuando no sea mucha molestia, para protestar mañana por su pésima política económica, por su genuflexión ante los hermanos Castro, por armar con equipamiento de guerra a los mentados colectivos, por no hacer nada para evitar la inseguridad. A la espera por su aprobación, quedo de ud, atentamente, Mirco Ferri.

Este es un gobierno formado por tirapiedras de profesión, que se apalancó en un golpe de estado para hacerse notar, y que cuando la gente le protesta se altera todo y la acusa de violenta y antidemocrática. Qué bolas tienen quienes lo defienden.

Venezuela es firme candidata para ser sede de los próximos juegos de infierno.

sábado, 22 de marzo de 2014

Y la OEA, ¿de qué se ríe?


La OEA se rie, se carcajea, a ella le parece comiquísimo el ingenio de los dictadores, califica de fina ironía la boutade que suelta quien dijo "con total transparecia, privada". Mientras tanto los cadáveres de decenas de venezolanos asesinados por la fuerza pública y por los paramilitares están descomponiéndose lentamente, a la par de la anteriormente conocida como República de Venezuela, hoy apenas un terreno, una plantación manejada a distancia por sus dueños antillanos a través de un capataz bigotón, de pocas luces y escaso talento, pero con las cualidades que les sirven: la obediencia ciega, la lealtad muda.

A la OEA no le importa que las fuerzas del orden público repriman manifestaciones de protesta de manera brutal y sin respetar los derechos humanos, utilizando cartuchos aliñados con balines de plomo, metras y tuercas, muchas veces a quemarropa. O con pistolas 9 mm. O con el empleo de la fuerza bruta, golpeando a una persona ya rendida con un casco. O con vehículos de guerra. O con gases lacrimógenos vencidos.

A la OEA no le importa que le hayan dado sendos golpes de estado a dos alcaldes electos por el pueblo, saltándose a la torera la constitución. No le importa que haya un poder electoral totalmente entregado al ejecutivo, o al legislativo, que en un solo día emite orden de captura, enjuicia y condena a un hombre, en un país en donde los procesos judiciales duran meses o años, si es que terminan. Salvo cuando haya necesidad polìtica de apresurarlos. Allí si es la mata de la eficiencia.

A la OEA no le importa que la constitución venezolana sea una masa de plastilina moldeable al gusto de los gobernantes de turno, quienes la manipulan a su conveniencia porque no tienen ningún contrapeso.

A la OEA no le importa que las fuerzas armadas del país respondan a una parcialidad política, algo taxativamente prohibido por la constitución.

La OEA se ríe, y no le importa para nada lo que sucede en en Venezuela. Ese no es su problema, mientras siga fluyendo el petreóleo regalado, todo está bien. Los problemitas internos no son de su incumbencia. Yo digo que está bien: cuando uno de chamo le tenía arrechera a otro, no le pedía permiso al director del colegio para entrarle a coñazos. Actuaba y ya. Y se atenía a las consecuencias, posteriormente. Si lo expulsaban, seguía su vida igual, no se acababa el mundo por ello.

viernes, 7 de marzo de 2014

"Candelita que se prenda..."




"Gobierno sólo para el pueblo al cual pertenezco". En situaciones normales esta afirmación no debería levantar mayores suspicacias, ya que se entendería que "pueblo" hace referencia a la población total del país. Pero estamos viviendo una situación que de normal no tiene nada, a menos que por lo que estamos atravesando se convierta en nuestra normalidad, en adelante.

¿Qué quiso decir Maduro, en realidad? Dados los antecedentes, no nos queda otro remedio que inferir lo siguiente: para él, "su" pueblo es aquella parte de la población que simpatiza con su propuesta política, o mejor dicho con la propuesta política de su antecesor y mentor, ya que él no ha hecho otra cosa que tratar de profundizar y radicalizar lo más posible esa posición. Y, por ende, quienes no pertenezcan a "su" pueblo, vienen siendo un estorbo, al que hay que reducir a la fuerza, obligar a la emigración, o simplemente silenciar. Con todo lo que implique ese verbo. El día anterior a los sucesos terribles de Los Ruices, el miércoles 5 de marzo, fecha aniversaria de la muerte de Chávez, Maduro le dio carta blanca a los colectivos para que arremetieran contra las barricadas. "Candelita que se prenda, candelita que me apagan" fue, palabras más palabras menos, el mandato. Y también fue lo que hicieron los colectivos, con el trágico saldo de dos personas fallecidas. Sin entrar a especular sobre dichas muertes (ya hay dos versiones: la oficial, que habla de francotiradores de "la derecha", y la recogida por reporteros que dice que murieron por "fuego amigo"), uno se pregunta qué hacen civiles sofocando una protesta. Para eso deberían estar las fuerzas del orden público. Pero hay demasiadas evidencias gráficas que sugieren que ambos grupos operan coordinadamente: no es normal que un civil accione un arma a pocos metros de unos Policías Nacionales sin que éstos últimos hagan algo por impedirlo, como se puede apreciar en la siguiente fotografía:



En algún momento Maduro exigió que se le reconociera como legítimo presidente, electo en unos comicios fuera de toda sospecha (según él, por supuesto). Ahora es él quien no quiere reconocer a sus adversarios políticos. Cuando hice una reflexión en Facebook al respecto de lo que significamos los que nos oponemos al gobierno, en estos términos: "La mitad del país no tiene un presidente, sino un enemigo que lo quiere ver sumiso, emigrado o eliminado" alguien me hizo ver que en realidad es mucho más que la mitad: es el tercio que históricamente ha votado en contra del chavismo más el tercio que regularmente se abstiene. Tal vez la proporción  no esté bien calculada, pero el punto es que un porcentaje altísimo de la población es percibida como enemiga por parte del régimen. Este escenario, no hace falta decirlo, es peligrosísimo y explosivo. Y los acontecimientos que están ocurriendo en el país desde hace casi un mes lo demuestran. Poner a pelear pueblo contra pueblo es criminal, sobre todo cuando una parte no dispone más que de consignas y voluntad para hacerle frente a las balas que posee la otra.

Esta locura debe detenerse. No es posible que en el afán de sofocar unas protestas, absolutamente justas de paso, se provoque una matanza entre compatriotas. Las cifras de esta crisis son alarmantes: una veintena de muertos, más de mil detenciones, más de 30 casos de maltratos físicos y psicológicos, son los siniestros números que la dimensionan.  Ahora, ¿quién le pone el cascabel al gato? De la comunidad internacional no se debe esperar nada: para ellos es un problema doméstico y como tal debe solucionarse, sin injerencia externa. Un diálogo entre las partes involucradas tampoco parece ser viable, las vías de comunicación están totalmente bloqueadas. La sociedad civil no tiene otro papel que el de proveer  las víctimas. El juego parece estar trancado, pero nadie quiere voltear las fichas remanentes y contar.  

jueves, 27 de febrero de 2014

Elogio de la guarimba


Eh, no. De mí no saldrán elogios hacia ese ¿método? de ¿lucha?, que no es más que la masturbación mental de un individuo que está a buen resguardo en Miami y no debe haber quemado un caucho en su vida. Si me preguntan, la guarimba es la fantasía de una mente cobarde e irresponsable. Pero no vengo aquí a hacer juicios morales, más allá de los que expresé al principio. Me anima la intención de demostrar su ineficiencia en lograr el fin para la cual fue supuestamente diseñada, que no es otra cosa que provocar una crisis que logre un cambio en el gobierno.

Para que funcione, la guarimba debe tener dos cualidades fundamentales: extensión geográfica y larga duración. De nada sirve que en unas cuantas urbanizaciones de las principales ciudades del país se enciendan barricadas, si en el resto del país existe una relativa calma. Debe ser algo masivo y contundente.Y para que sea efectiva, debe durar un tiempo lo suficientemente largo para que logre erosionar las estructuras de poder, por cansancio. Eso amerita una logística rigurosa: se deben tener provisiones suficientes para resistir todo el tiempo que haga falta, se debe tener cubierto el auxilio inmediato a los vecinos de cada zona, se deben coordinar con los demás guarimberos rutas de escape en caso de alguna emergencia. Para hacerse bien necesita altos niveles de organización. No es sólo trancar la calle y ya, como quieren hacer ver. De la manera como se están haciendo solamente se logra molestar a los vecinos que no están de acuerdo con la medida; al poder no le hace mella.

Por otra parte, la guarimba no es realista: la mayoría de la gente en Venezuela vive de lo que produce cada día. Estoy pensando en las muchachas que limpian las casas, los obreros de la construcción, los taxistas, los porpuesteros, y un largo etcétera. Día que no trabajan, día que no comen. Y si no pueden desplazarse, no pueden trabajar. Tan sencillo como eso. A menos que en el diseño de la guarimba se le dé alguna respuesta a las personas que están en esa condición, no puede durar largo tiempo, y habrá sido inútil.

Esta es la segunda vez en la historia reciente de Venezuela que se apela a la guarimba, y parece que va camino a obtener los mismos resultados que la primera. Por mucho que el supuesto profeta diga que el régimen está tambaleándose, que a Maduro le queda una semana, todo parece indicar que poco a poco las aguas se están recogiendo. Veremos qué sucede después de este asueto carnestolendo perverso, que apuesta a la proverbial banalidad del venezolano. Tal vez me equivoque, y si es así seré el primero en reconocer mi error. Pero honestamente no creo que suceda.

lunes, 17 de febrero de 2014

Una chispa en la pradera


En su afán de exhibir fortaleza, el gobierno de Maduro se demuestra torpe e incompetente. Desde hace un par de semanas se está enfrentando a los estudiantes a todo lo largo del país. Esta escalada de protestas ha podido sofocarla de manera inteligente desde su inicio, dándole respuestas oportunas a quienes estaban demostrando genuina preocupación por un hecho puntual en una universidad de San Cristóbal. Ha podido dialogar, transar. Pero escogió tratar de sofocar la protesta, pensando que la cosa quedaría allí. Sucedieron los hechos que todos conocen, una reacción desproporcionada y agresiva. Detenciones de decenas de estudiantes, muertos, heridos, asfixiados, desaparecidos. La situación se le fue de las manos, a pesar de todos sus esfuerzos y apoyo de medios militares y paramilitares. Hoy los ojos del mundo se voltean hacia Venezuela, gracias a las agencias internacionales pero también al poder ciudadano que, haciendo un uso inteligente de la tecnología, no depende de los medios de comunicación tradicionales para rebotar hacia el exterior lo que está sucediendo en el país. El domingo 16 de febrero se dieron a conocer unos hechos espeluznantes, de un sadismo que espanta. Lo que revela el Foro Penal es de una gravedad sin precedentes; de demostrarse esas acusaciones, el gobierno es responsable de delitos de lesa humanidad. En el momento que escribo esto, hay comisiones de la policía política allanando de manera ilegal la sede de un partido político, Voluntad Popular, buscando a quien saben bien que no está allí, con la única finalidad de demostrar su poder. Tienen en jaque al centro comercial Plaza, en donde está situada su sede; informan que están lanzando bombas lacrimógenas dentro del centro, y la gente está atrapada en los comercios y oficinas. También comienza a escucharse de manifestaciones en Petare y Caricuao; por ahora son incipientes, pero no se puede predecir todavía cual será su evolución. Mientras tanto el movimiento estudiantil no cede en su intención de no abandonar las calles hasta tanto no se vean satisfechas sus peticiones, que no son otras que lograr la liberación de todos los estudiantes detenidos. Tienen a su favor la juventud, y la convicción de estar luchando por una causa justa, por lo que esto está lejos de detenerse. No quiero decir con ello que haya posibilidades de hacer caer al gobierno con las protestas estudiantiles; sin embargo, se le está incendiando el país por los cuatro costados. Y todo por no dar su brazo a torcer cuando tuvo la oportunidad.

jueves, 13 de febrero de 2014

Callejón sin salida



La oposición está entrampada. Tal vez sea su momento más oscuro desde 1998, cuando todo hacía suponer lo contrario: con la muerte de Chávez, el chavismo colapsaría eventualmente. Nada más alejado de la verdad: en estos momentos el régimen está más atornillado que nunca, gracias a la dependencia absoluta de los poderes públicos, supeditados a la presidencia.  A pesar de los continuos desaciertos del gobierno en casi todas las materias, desde la economía hasta la seguridad ciudadana, los líderes opositores no han sido capaces de capitalizar esas fallas a favor de su causa, y lucen erráticos y desperdigados, sin una agenda común y sólida.

El camino electoral parece lejano: las próximas elecciones son el año que viene, y con un CNE en manos del chavismo es muy poco lo que se puede hacer. Estoy convencido de que le arrebataron varias elecciones a la oposición, y no por trampas electrónicas, manipulación de las máquinas u otras teorías conspiranóicas que circulan elección tras elección, sino por una vía mucho más directa: la coacción, el voto asistido, los centros electorales fantasmas en donde no hay ni un solo voto nulo ni un solo voto para la oposición, centros en los cuales los testigos de los partidos opositores no entran.  Basta con revisar los mismos datos que publica el CNE en su página web para constatar esta situación. Así que, a menos que la victoria de la oposición sea contundente, el oficialismo tiene margen de acción para voltear los resultados, lo que les permitirá ganar todas las elecciones en las que  participen.

¿Qué queda, entonces? La  #salida, que pareciera un fast track para obligar el cese de funciones del régimen, es una fantasía improbable. Tenemos 12 años marchando y obteniendo los mismos resultados. Y al régimen parece habérsele acabado la paciencia, y no está dispuesto a dejarse embochinchar al país. Para evitar eso tiene a los grupos paramilitares, bien armados y dispuestos a todo. Ayer murieron 3 personas, dos estudiantes y un miembro de uno de los colectivos, y el mensaje está claro: habrá plomo para quienes protesten, y criminalización instantánea para quienes fomenten, apoyen o conduzcan las marchas. Ya se emitió la orden de captura para Leopoldo López, cosa que estaba en el ambiente desde un principio. Volviendo a la #salida, hay tres maneras constitucionales para acabar anticipadamente con un período presidencial, que yo sepa: por renuncia del mandatario, por fallecimiento del mismo, o por referéndum revocatorio. Ninguna de las tres parece viable en estos momentos.

Creo que el chavismo va a seguir en el poder por mucho tiempo más. No veo en el horizonte cercano nada que lo haga trastabillar, salvo su propia torpeza. Pero han demostrado saber cómo caer de pie, y hasta ahora les ha funcionado. Mientras su propia gente acepte el estado de cosas que imperan en el país, los que están del otro lado de la acera verán cerrarse cada día más puertas, coartandose más libertades, estrechándose más el cerco totalitario.


A menos que el gran árbitro decida lo contrario. Pero creo que eso no le conviene a nadie.  

jueves, 14 de noviembre de 2013

Devuélvame mi voto, diputado Ojeda



Voto en Miranda, voto siempre y voto siempre en contra del chavismo. Esa combinación de factores dio como resultado que en las elecciones parlamentarias de 2010 mi voto lista fuera a parar a la cuenta de ese triste personajillo de la política venezolana, símbolo de todo lo malo, de todo lo podrido que hay en ella: William Ojeda.

Sucede que, como era previsible, el que un día se preguntara cuanto vale un juez se preguntó más tarde cuanto valía su propia diputación. Una vez definido el precio, negoció con la mafia roja y cerró trato. Ahora hace vida en la otra acera, de donde vino y de donde nunca ha debido salir.

Pero resulta que, como yo, miles de mirandinos también le endosaron el voto para que defendiera sus intereses. Tremendo fraude nos metió: está haciendo justo lo contrario a lo que nosotros le encomendamos con nuestros votos. El diputado 99 es él, en la práctica. Y se vanagloria de ello, luciendo una franela que así lo indica.

Yo lo denuncio por haber cometido un fraude en mi contra. Mi denuncia caerá en saco roto o, mejor dicho, es una denuncia simbólica, puesto que no hay ninguna instancia en el país que haga justicia con asuntos relacionados con el honor. Claro, juntar en una misma frase las palabras honor y William Ojeda es un oximorón. Ese señor no conoce el significado de esa palabra. Tal vez comprarlo haya costado mucho, pero él no vale nada.

miércoles, 10 de octubre de 2012

¡Las zonas rurales, estúpido!



Domingo 7 de octubre, en horas de la noche. Jorge "Sonrisita" Rodríguez, acompañado por el alto mando del Comando Carabobo, le sale al paso a las declaraciones emitidas previamente por el Comando Venezuela. Entre otras cosas, dice lo siguiente: "en este momento están votando los pescadores y los campesinos de la patria". Vale decir que habían pasado un par de horas desde el momento oficial de cierre de mesas.

Ayer La Patilla publicó este interesante artículo, que me hizo caer la locha: hay un país que no conocemos y mucho menos controlamos, el rural. Los números son impresionantes: Chávez obtuvo una diferencia de 1.153.447 votos, casi la ventaja con la que ganó las elecciones. Esto se presta para todo tipo de suspicacias, y no quiero con esto alimentar la tesis del fraude sino alertar sobre una situación que parece no haber sido analizada a conciencia por la oposición. Se nos dijo a saciedad que el 100% de las mesas estaban cubiertas por testigos del comando Venezuela. Yo me pregunto en primer lugar si esa aseveración es completamente cierta, y en segundo si esos testigos tuvieron el apoyo suficiente para poder frenar situaciones irregulares. Porque, y me remito a las declaraciones de Rodríguez, ¿Qué hacían miles de personas votando a esas horas? ¿Estarían en cola antes de que cerraran los centros, o fueron acarreados a última hora, con el objetivo de revertir unos resultados adversos? Llevando el escepticismo al límite, ¿habrán existido realmente esos votantes o fueron votos artificiales? Porque si nos ponemos a malpensar es muy sencillo forjar votos, basta que haya connivencia entre los miembros de las mesas para poner a votar virtualmente a todo el cuaderno de votación. Sin que de ello resulten irregularidades numéricas.

Por otra parte, queda el asunto del REP. ¿Se habrá auditado suficientemente, en lo concerniente al medio rural? ¿Votarán todos los que son, no estará inflado con personas inexistentes o extranjeros cedulados a convenciencia?

Pero, lo digo de último pero es lo más importante, más allá de las suposiciones e inferencias que se puedan hacer existen los números fríos y crudos: hay un enorme patrón electoral que no se identifica con la oposición. Se hizo un extraordinario esfuerzo para llegar a todas las ciudades del país, pero parece que quedó corto el contacto con las zonas más desasistidas, que suman y por lo visto son decisivas para ganar o perder una elección. Creo que todos nos dejamos alumbrar por la contundencia de las marchas en las grandes ciudades, y pensamos que ganábamos de calle. Pero desestimamos el medio rural, y éste pasó su factura. Queda como aprendizaje: tal vez el casa por casa deba empezar por allí, más que por las ciudades y pueblos más grandes. Es una labor de hormiguita, pero puede dar mejores resultados.

martes, 9 de octubre de 2012

Venezuela, más de 50 años comprando ilusiones

Historia tragicómica, la de la Venezuela Republicana. Comenzó con una gesta comandada por los hijos de españoles que se rebelaron ante el poder de sus ancestros y decidieron que podían manejar el país ellos solitos sin la tutela de la Madre Patria. Después de una guerra fraticida (ya que los soldados eran reclutados a la fuerza tanto por realistas como por patriotas) que duró alrededor de 10 años, se logra consolidar la independencia, y poco tiempo después nos separamos de la Gran Colombia, sueño de Bolívar, para emprender en solo la administración de ese pedazo de terreno de 912.050 Km2 (como me lo enseñaron en el colegio, no sé por donde andarán las medidas hoy en día).

Durante los primeros 150 años de ese proceso, el venezolano de a pié poco o nada tuvo que ver con las decisiones que se tomaban, salvo en muy contados momentos en los cuales se tuvo la oportunidad de participar en unas elecciones directas, como la de Rómulo Gallegos (quien fuera luego defenestrado aparatosamente por sus antiguos aliados de golpe). Pero a partir de 1958 cae el último dictador (o más bien decide que ya está bueno y se larga a disfrutar de un merecido retiro en España) y el venezolano vota. Así comienza la compra de ilusiones, alternadas: 10 años adeca, 5 años copeyana, otros 5 adeca, y así hasta llegar a la ilusión chiripera, de 1993.

Pero llega 1998, y aparece una nueva clase de ilusión, aderezada con aromas socialistas y ofrecida por un habilidoso ilusionista. Parece que esta es la clase de ilusión que mejor le acomoda al venezolano, pues lleva 14 años consumiéndola y acaba de reelegirla por 6 años más, para llegar a unos fastuosos 20 años de lo mismo. No podemos dejar de admirar la capacidad hipnótica del individuo, quien dice con gran desparpajo que no importa que se ande desnudo, ni que se pase hambre, con tal de que se consolide su acto. Parece que con cada estropicio que comete su troupe, crece su prestigio. Como resulta de este poder de encantamiento vimos casos sorprendentes en esta última preventa: el del municipio Judibana, adyacente a Amuay, en donde el encantador obtiene el 60 por ciento de la taquilla, a escasas 4 o 5 semanas del accidente más grave en refinería alguna en los últimos 50 años, con saldo de decenas de víctimas, por falta de mantenimiento o lo que viene siendo lo mismo, negligencia. O el del estado Zulia, castigado con la colocación de un infame chip para regular la venta de gasolina, cosa que implica asumir que todos los zulianos son contrabandistas. Pero en general todo el país manifestó su intención de seguir observando el mismo acto que lleva 14 años en cartelera, con pocas atracciones nuevas. Se ve que al venezolano le gustan las repeticiones.

En democracia la mayoría gana. Los que somos minoría tenemos tres alternativas: sumarnos a la comparsa haciendo de tripas corazón y montarnos en el carrousel de misiones, a la espera de la generosa dávida; marcharnos hacia un destino que nos parezca más coherente con nuestra manera de pensar; o quedarnos haciendo contrapeso, en procura de que eventualmente el ilusionista pierda su encanto, las masas lo abandonen y aparezca un nuevo acto. Ninguna de las tres opciones es fácil de tomar,pero no avizoro ninguna otra; si alguno de ustedes la ve, le agradezco me ilumine.