martes, 12 de agosto de 2014

Adiós, Robin Williams



Ayer, un poco después del mediodía, vi que Sergio Monsalve, con su estilo frontal, irónico e incisivo, publicó en su muro una reseña poco favorable sobre The angriest man in Brooklyn. Así como otras personas, comenté sobre el declive cada vez más pronunciado de la carrera de Robin Williams. Cerca de las 7 de la noche la noticia comenzó a retumbar a todo lo largo de las redes sociales: Williams había sucumbido a la depresión que lo aquejaba desde algún tiempo, y puso fin a su vida. Por un buen par de horas Facebook no dejó de mostrarme manifestaciones de dolor por la muerte de Robin. Casi sin excepción, todos los comentarios eran de tristeza por la pérdida, y también de alabanzas hacia él. Es patente la marca que dejó en nosotros.

No pude dejar de experimentar cierto sentimiento de culpa por aquel comentario que hiciera horas antes. Es cierto que en los últimos años su carrera tuvo un bajón inexplicable, pero en compensación nos dejó más de una docena de películas absolutamente imprescindibles. Comenzando con la que para mí es la más significativa, y la que lo definió como actor cómico, sí, pero también de carácter. Me refiero a The world according to Garp, fechada en 1982, en donde interpreta a un personaje que llega al mundo casi que de manera forzada, por el simple deseo de su madre de experimentar la maternidad a costa de un hombre deshauciado, que en el momento del orgasmo lo único que pudo pronunciar fue precisamente la palabra Garp y con ella fue bautizada la cría que resultó de ese encuentro obligado. Creo que en esa película se comenzó a ver el tremendo potencial de Williams, tanto para la comedia como para el drama y el melodrama. Porque a pesar del tono humorístico que impera en la cinta, vaya que suceden cosas trágicas. Y Robin, con su media sonrisa y la expresividad de sus ojos, supo comunicar los sentimientos de manera muy efectiva. A partir de ese momento comenzó a coleccionar éxitos de taquilla: para mencionar solo algunos, recordaré The fisher king, Good morning Vietnam, Dead poets society,  Awakenings, Hook, Mrs Doubtfire, Jumanji, Good will hunting (que le valió su Oscar), What dreams may come, One hour photo, Insomnia, y la que para mí fue su última película decente, The final cut, de 2004. Todas esas películas, y muchas más, cimentaron su reputación de gran actor a lo largo de dos décadas largas de sacarla consuetudinariamente del parque. Quién hubiera dicho que ese actor que comenzó a hacerse notar por el gran público gracias a su personificación de un extraterrestre bastante torpe, que nos grabó en el cerebro su "nano nano", se convertiría en ese monstruo de la actuación que veríamos luego.

¿Qué le pasó después? No puedo saberlo, sino conjeturar. Tal vez malas decisiones de sus agentes, tal vez no le hicieron las ofertas correctas. El hecho es que participó en películas mediocres, como el bodrio llamado RV, la lacrimosa e insoportable August rush, y en la franquicia de Night at the museum, que no es que sea fatal pero no pasan de ser películas para preadolescentes, o para quemar una tarde de domingo. No vi más nada con él, tal vez inconscientemente quise ahorrarme presenciar una vez más la caída de alguien que fue ídolo. Ahora me da miedo ver su última actuación. Quisiera que haya sido una digna despedida para una carrera tan meritoria, pero tengo el pálpito de que no fue así, y de que él mismo se dio cuenta de eso, y tal vez su depresión fue en aumento por sus fracasos laborales. Quien sabe qué ocurre en la mente de los suicidas. El comentario más acertado que leí  la noche de ayer fue el de Lennys Rojas, quien dijo que Williams no resultó ser el hombre más amargado de Brooklyn, sino el más triste.

Supongo que los canales de televisión comenzarán a pasar ciclos en homenaje a Robin, y por un tiempo nuestras pantallas se verán inundadas de imágenes de sus películas más taquilleras. Y un poco después, ya la gente dejará de mencionarlo, y solamente en algún que otro Oscar, o Globo de oro, se le nombre de pasada. O le hagan un homenaje, como la entrega de un premio póstumo. Que llegará muy tarde, por lo menos para él.

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