lunes, 29 de septiembre de 2025

Parque Industrial

 Cuando estoy frente a una propuesta musical nueva, mi cerebro intenta poner orden buscando asociaciones entre eso que estoy escuchando y el archivo musical que guardo en algún lugar de la mente. Supongo que es un mecanismo institivo para entender y asimilar la experiencia. Ayer me pasó en la sala TAC, cuando escuché por primera vez a Parque Industrial. Mi impresión inicial: tenía en frente una banda imbuida en el espíritu de Pink Floyd, pero con Tom Waits como "front man". Los sonidos me recordaron al Floyd psicodélico, el pre Dark side. Y el cantante, con su voz baja, casi gutural, pero sobre todo su peculiar presencia, me hizo inevitable la asociación con Waits. Pero esa impresión duró poco: la banda tiene una impronta propia, que se resiste a etiquetas. Su propuesta está orientada a la relación entre el ser humano y la naturaleza, o por lo menos eso entendí por el contenido de las letras, interpretadas por la figura sobria y casi chamánica de Lisandro Castro, que eventualmente tomaría un acordeón para sumarse a la instrumentación, ya rica de por sí, provista por el resto de la banda: guitarra, bajo, batería, percusión y coros. Una musicalidad a ratos melódica, a ratos salvaje, casi que pudiera decir telúrica. Y muy bien interpretada, cosa que siempre se agradece cuando se han visto tantas buenas intenciones frustradas. Es una banda a la que le daré seguimiento.


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