martes, 10 de diciembre de 2013

Casas cansadas

De noche las casas adquieren vida propia,
que se manifiesta a través
de una voz enigmática pero inconfundible,
un lamento quedo,
un quejido provocado
por el peso de los años
que les han pasado por encima.

Algunos piensan que son
los fantasmas de antiguos moradores
que vagan por los pasillos
arrastrando pasos cansados,
cadenas y demás artefactos espectrales,
pero esas son creencias infundadas.
Es el llanto de las maderas,
de las vigas, de las paredes,
aquejadas por achaques propios de ancianos,
ateridas por el frío que les provoca
reumatismos geológicos, minerales.

A veces despierto de madrugada
y escucho a mi morada
emitir apagados sollozos lastimeros.
Como si su edad, que ya es avanzada,
la hiciera clamar por descanso.
Pero, ¿cuándo puede descansar una casa?



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