domingo, 2 de marzo de 2014

La uña que puede poner a trastabillar al régimen


"Maldita me volaste mi uña que la tenía tan bonita”. Esto dice Marvinia Jiménez que le gritó la mujer Guardia Nacional que la agredió el lunes 24 de febrero durante las protestas que se escenificaron en La Isabelica, Valencia, en la estremecedora entrevista que le concedió al diario El Carabobeño y que fuera publicada el domingo 2 de marzo. El relato es desgarrador, y no hay razones para no creerle a Marvinia. En los múltiples videos y fotografías que corren por la red es patente la saña con la cual fue agredida por los GN, así que quedan pocas dudas sobre lo sucedido. 

Marvinia no es ninguna opositora opulenta: vive de su trabajo de costurera en una zona popular de Valencia. Además tiene una discapacidad motora. Nada de eso le importó a esos guardias nacionales, quienes al ver que los filmaba con su teléfono celular enloquecieron y arremetieron brutalmente contra ella, en una de las actuaciones más vergonzosas que hayamos visto jamás por parte de las fuerzas públicas. Es evidente que esa fuerza no está actuando para contener las protestas, sino para aplastarlas a como dé lugar. Suponemos que esa debe ser la orden impartida por los superiores, por aquello de la obediencia debida.

Este episodio pone al descubierto la siniestra complicidad entre los poderes públicos, y sirve para ejemplarizar lo que está ocurriendo hace mucho tiempo en el país: los militares actuando sin ningún apego a la legalidad, el poder judicial tapareándolos al imputar con cargos inverosímiles a la muchacha, y la defensoría del pueblo alcahueteando todo el proceso.  Es el botón que muestra la realidad, y desnuda la connivencia que existe entre poderes que según nuestra constitución deberían ser independientes. Como el caso de Marvinia hay muchísimos otros, pero este tiene la particularidad de haber sido documentado debidamente y sin la censura de las cadenas televisivas nacionales, lo que permite que a estas horas todo el mundo pueda haberlo visto. La imagen de la enorme mujer apoyando toda su humanidad sobre el frágil cuerpo de Marvinia, y después atizándole un salvaje golpe con su casco, es icónica, y una muestra de la brutalidad al servicio de un régimen que no tolera la disidencia. Una uña, un cascazo, un símbolo de una lucha que no quiere terminar todavía. Algo que pudiera ser el detonante de un cambio. Por último, vaya un mensaje a la Guardia Nacional que perdió una de sus garras en el incidente: las uñas vuelven a crecer, pero los crímenes de lesa humanidad no prescriben nunca. 

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