lunes, 6 de mayo de 2013

Leer: 5° Festival de la lectura Chacao, 2013

Foto tomada de la página de Facebook del Festival


Ayer domingo 5 de mayo clausuró el festival de la lectura en los espacios de la Plaza Altamira. Desde el viernes 26 de abril estuvo abierto a un público ávido de ese tipo de experiencias: gente que necesita un desahogo, un escape a la situación agobiante del país. Un pequeño gran respiro, en suma.

Nosotros nos acercamos al festival en tres oportunidades: el 1° de mayo, aprovechando el feriado del día del trabajador, y las dos últimas fechas. En todas las ocasiones la plaza estuvo llena, y tuvimos la grata posibilidad de compartir con amistades recientes y añejas. Además de disfrutar de las ofertas propias del evento, que fueron muchas y variadas, el encanto estuvo precisamente en el rescate de ese ambiente relajado bajo el signo de la cultura, pero no una cultura solemne y acartonada, sino festiva.

El día sábado fue el que mayores satisfacciones me produjo: asistimos a una conferencia sobre la obra de Cortázar en general, con especial énfasis en Rayuela, dada la circunstancia de la conmemoración del cincuentenario de la novela. La ponente, la argentina Eva Tabakián, toda una experta sobre el tema cortazariano, nos dio un ameno paseo por la vida y la obra del genial escritor. Con anécdotas de primera mano nos fue contando la historia menuda de Julio, desde sus inicios hasta su lamentable muerte. Y nos ofreció una visión particular sobre el mundo de Rayuela, que reafirmó cosas que ya sabíamos pero también nos aportó elementos que no habíamos notado. En lo particular me sembró las ganas de releer la novela, bajo esa nueva luz. Acto seguido, nos movimos hacia el pequeño anfiteatro de la zona sur de la plaza, cruzando la Miranda, en donde disfrutamos de la música caribeña producida por Alfredo Naranjo y su Guajeo. Como siempre, fue un espectáculo memorable. No es sólo la maestría de la banda, en donde todos los músicos son profesionales de primera línea, sino el ambiente tan sabroso que sabe imponer Naranjo en sus toques. Parece un muchachito travieso, siempre buscando el momento jocoso y estimulando al público a divertirse. Hasta yo, que estoy dotado de dos pies izquierdos, no pude evitar sacudirme e improvisar una coreografía en los escalones del teatro al aire libre, lleno a reventar. Una jornada memorable, bajo todo punto de vista.

El domingo fue el destinado a la compra: dimos varias vueltas al circuito en busca de las ofertas de última hora, y regresamos a casa con un discreto botín literario, que de seguro suplirá las necesidades de lectura de los próximos meses. Ojalá esta iniciativa se mantenga durante los próximos años, la ciudad lo va a agradecer.

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