viernes, 24 de enero de 2014

Nombre de mujer, de Arnoldo Rosas



Una de las cosas más gratas de la vida la constituyen los regalos inesperados, que caen del cielo y nos ponen contentos como chiquillos alrededor del árbol de navidad. El diciembre del año pasado recibí uno de esos obsequios, de manos del escritor Arnoldo Rosas, quien me hizo llegar su primera novela Nombre de mujer. Gracias a ese desprendido gesto pude disfrutar de una lectura sumamente amena, bien construida y mejor llevada, que nos cuenta la historia de unos amigos de toda la vida haciendo énfasis en su etapa universitaria. Como en un juego de adivinanzas no se nos dice todo sobre ellos, poniendo al lector a conjeturar y de esa manera participar activamente en la trama. Es un notable ejercicio de escritura, sobre todo tomando en cuenta que se trata de una opera prima.

Ahora, más allá del hecho formal, esta novela significó mucho para mí: fue como si una parte de mi pasado me estuviera haciendo un guiño desde las páginas escritas por Arnoldo. Resulta que la universidad que describe es la Simón Bolívar, mi primera casa de estudios superiores, y el espacio temporal es el mismo en el cual estuve allí. Para mayores coincidencias, narra con precisión pasmosa mi primera clase con el adusto y temible profesor Dino Garber, nombre que Rosas trastoca en Fino Gabel: su discurso de bienvenida fue tal cual, la desazón producida por el mismo también. A partir de ese momento, la lectura se me trasformó en recuerdo, y en complicidad con la cuerda de amigos que hacían vida en el Ampere, en la casa del estudiante, en los jardines. Y rememoré las partidas de ping pong y de dominó, en las pausas a veces largas entre clase y clase. La similitud llegó hasta los predios de la música y las bebidas, ya que tanto la salsa brava como el triple filtrado La Florida fueron acompañantes frecuentes esos años.

Hay libros que se vuelven entrañables, y son revisados de tanto en tanto ya sea para recordar algún pasaje o para constatar si siguen siendo tan importantes para uno como lo fueron en el pasado. Sospecho que Nombre de mujer va a caer en esa categoría, porque ¿a quién no le gusta recordar el pasado, cuando fue irresponsablemente feliz?

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