lunes, 12 de marzo de 2012

Medianoche en el árbol (de la vida)




Los domingos, en la casa, tenemos noches de cine. Es el momento de reunirnos los cuatro al calor del sucedáneo de hogar que viene siendo el televisor, y transcurrir las últimas horas del asueto dominical viendo alguna película adquirida en La guairita o en algún otro tenderete de "quemaítos". Por lo general tratamos de ver algo ligero, que ayude a conciliar el sueño, para afrontar la semana con buen pie. O alguna película que valga la pena ver, dentro de las menguadas ofertas del mercado actual. Para este domingo escogimos "Midnight in Paris": buenas críticas, Woody Allen de por medio... en fin, un tiro al piso.

Colocamos la película, nos acomodamos en nuestros respectivos asientos... y quedamos atónitos: no veíamos a Owen Wilson por ningún lado, sino un muy sureño Brad Pitt. En el quiosquito nos vendieron gato por liebre: en lugar de Midnight in Paris, algún sádico colocó dentro de la carátula The tree of life. Digo sádico no como demérito hacia la película usurpadora, sino por la decepción y el desencanto que nos embargó, pues realmente deseábamos ver la cinta de Allen.

Pero hablemos de la película. La secuencia inicial me encantó: la angustia y la desesperación de la familia se demuestra de manera brillante a través de las imágenes, sin necesidad de diálogo. Mi problema con el film comenzó con el segmento sobre el origen del universo y la creación de las especies. No sabía si estábamos viendo "2001 odisea en el espacio", "Fantasía" o "Live at Pompeii" de Pink Floyd. Demasiado largo, demasiado visto.Demasiados dinosaurios, inclusive. En mi modesta opinión de aficionado, la película está inflada por imágenes que no le aportan nada en particular, como por ejemplo el perro tomando agua de un charco en el piso. Pero también tiene escenas memorables, como la inicial que ya comenté, la de Brad Pitt debajo del carro aguantado por un endeble gato que con cualquier empujón se podría caer, o  interpretando la "Toccata y fuga" de Bach en un bellísimo órgano de tubos, con teclas de envejecida madera y de sonido sobrecogedor, entre otras. Y algunas perturbadoras: por un momento temí que el hijo mayor se iba a revelar travesti, cuando estaba hurgando en los cajones de la ropa interior de la madre; o que electrocutara al hermano con la lámpara. Un aspecto que no me gustó fue la visión demasiado religiosa del director, pero eso es culpa de mi agnosticismo. Creo que las dos horas largas de la película han podido comprimirse facilmente en una hora y media, tiempo más que suficiente para mostrar el drama de la familia y su espiritual y celestial resolución.

En conclusión, aunque no la recomendaría, ya que no es para todo el mundo, no me arrepiento de haberla visto. Tiene varios méritos: la fotografía con planos poco convencionales, la buena selección musical, las actuaciones, sobre todo las de Pitt y el joven que hacía de Jack niño (la de Sean Penn me pareció regularsosa, a punto de gemir todo el tiempo). A pesar de la decepción inicial al ver que en lugar de París la pantalla exhibía un suburbio de algún pueblito sureño de los EEUU.

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