domingo, 18 de noviembre de 2012

Un sábado, tres eventos


Ayer tuvimos un día intensivo, en cuanto a propuestas culturales. Habíamos decidido atender tres invitaciones de gente amiga, disímiles entre sí y desperdigadas en términos geográficos y - afortunadamente - temporales. Cine, poesía y música configuraban el menú de actividades.



La primera cita estaba pautada a las once de la mañana, en el edificio Ambos Mundos, situado de Conde a Principal, y otrora sede del periódico El Universal. Una edificación vetusta, bastante venida a menos, pero con unos detalles arquitectónicos notables, tales como el piso de granito bellamente adornado y la escalera de broncínea baranda. Allí funciona la Escuela de Cine Documental de Caracas, y un gran amigo de tiempos remotos, Pedro Correa, cumple en ella funciones gerenciales, y produce, dirige y actúa - a veces - piezas cinematográficas de corte documental. Hace un año largo vimos allí la película Musiú, de Eliadys Sayalero, dedicada a la inmigración masiva de los años 50. Ayer le tocó el turno a una gesta muy poco conocida, pero descomunal y con visos demenciales, pero también heróicos: "Petit y Carmona, de Caracas a Washington". Es una historia fascinante: trata de un misterioso personaje - para mí pieza clave - llamando Jorge Roll, con visos mitómanos a mi modo de ver, que se decía de origen turco, y que llegó caminando a Caracas desde Buenos Aires en un «Raid» que debería conducirlo a Washington. Por el camino su grupo quedó desmembrado, y decidió recomponerlo con piezas venezolanas. Para ello convenció primero a un señor de apellido Szinetar (padre del conocido fotógrafo Vasco Szinetar), pero posteriormente éste declinó. Por último reclutó a dos personas del ambiente deportivo de ese momento (estamos hablando del año 1933) y que estaban ligadas al incipiente movimiento scout. Como es de imaginarse, la travesía fue una odisea terrible, a través de 10 naciones carentes de un sistema vial razonable. Una de las partes más dramáticas de la historia cuenta el paso entre Colombia y Panamá, por la zona de El Chaco, una ciénaga permanente ya que se trata de uno de los sitios más lluviosos del planeta. En un momento determinado del viaje, Jorge Roll desaparece sin dejar rastro, por lo menos documentado; Carmona y Petit, por asuntos de nacionalismo - pues el primero era ciudadano español - se separan un tiempo; en fin, no es mi interés contar toda la película, pero se las recomiendo, sobre todo a aquellas personas interesadas en la historia. El esfuerzo documental fue titánico, ya que se tuvo que reconstruir la travesía con miles de recortes de periódico, entrevistas y anotaciones en diarios, desperdigados a todo lo largo del país. Cabe decir que un material que hubiera sido valiosísimo para el proyecto quedó sepultado entre los escombros del edificio Mijagual, derrumbado en el terremoto del 67.Un gran trabajo de la Escuela de Cine Documental, mi aplauso para ellos.



En segundo término asistimos al encuentro: «¡Lo cortés no quita lo valiente!  La urbanidad de Caracas en tiempos de jolgorio privado y deterioro público. ¿Carreño al rescate?», en su cuarta edición. Iniciativa de «Una sampablera por Caracas», de Daniela Pettinari y Nelson de Freitas en conjunto con «La parada poética», de Georgina Ramírez. Se trata de un evento que combina la poesía con reflexiones sobre el ser urbano y la cotidianidad, en el cual participan politólogos, filósofos, sociólogos y por supuesto poetas, los cuales después de sus lecturas y disertaciones entran en franco diálogo con el público presente. Ayer, en el grato espacio que representa la Plaza Los Palos Grandes, el ágora, que debiera ser sitio de encuentro permanente por excelencia de los ciudadanos, se dieron cita Héctor Caldera, Joaquín Ortega y Erik del Búfalo. Cada quien con su visión, trataron de explicar el fenómeno urbano y las razones del deterioro actual. Con apreciaciones disímiles pero a la vez complementarias, en las cuales no estuvo exenta la polémica, armaron parte del rompecabezas urbano. Al tiempo que hablaban, unos dibujantes urbanos iban documentando gráficamente el hecho, y al final expusieron sus trabajos para que los presentes los admiraran y fotografiaran.


Ya eran las seis de la tarde, y el tiempo se nos estaba haciendo corto pues la próxima etapa de nuestro periplo comenzaba a las 6:30, en Los Galpones. Allí mis amigos Maria Teresa Jiménez y Lorenzo Leal presentaron su obra «Rastrojos», una pieza para arpa y música electroacústica compuesta por Lorenzo y acompañada por un video armado a partir de unas hermosas fotografías tomadas por Maritere. Su presentación estuvo enmarcada en el concierto «EL sutil sonido de las plumas», organizado por la profesora Adina Izarra. Fue una experiencia enriquecedora, ya que se trataba de la armoniosa unión de dos elementos aparentemente disímiles como la música electrónica - o electroacústica, más bien - con los sonidos de la naturaleza representados por trinos de una innumerable variedad de pájaros. El evento, además, nos sirvió para apreciar un instrumento musical jamás visto antes por nosotros, la tiorba. Tiene catorce cuerdas, un mástil de un par de metros, y dos clavijeros, uno a la mitad y el otro al final. De gran sonoridad y supongo de gran complejidad en su ejecución. Tuvieron el detalle de obsequiarnos el libro «Canto electroacústico: Aves latinoamericanas en una creación colaborativa», que explica a detalle el movimiento que da origen a este género musical, sustentado en herramientas tecnológicas, como indica la contratapa del libro.



Caracas, si uno tiene la paciencia de buscar, es capaz de brindar esparcimiento de calidad. El día de ayer fue muestra de ello. Tiene su precio, por supuesto. No monetario, pero sí medible en términos de tiempo e incomodidades, sobre todo si se debe utilizar el transporte público, como nos tocó a nosotros para asistir al primer evento, y de regreso lidiar con un sistema metro colapsado por el gentío y la eventualidad de un arrollamiento; pero es un precio pagable, en definitiva, y que permite hacer contacto con la urbanidad en su más amplio sentido: en lo bueno y en lo malo.

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