sábado, 5 de julio de 2014

Minuto 120



Ha pasado 4 partidos sentado en la banca. Tranquilo, vio a su equipo trascender todas las etapas, sufriendo un poco pero no más de lo necesario. Sabe que tiene una única misión, y para eso está allí. El de hoy es un partido más difícil que los demás, y a medida que el reloj deja los minutos regados comienza a intuir que tal vez llegó el día que estaba esperando. Cuando el juego arriba al minuto 90 presiente que su momento estelar estará aguardándolo, media hora más tarde. La adrenalina comienza a circular fuerte en su organismo. Está consciente de la tremenda responsabilidad que tendrá encima. Los ojos del mundo estarán sobre él, y la esperanza de una nación reposará en sus espaldas durante los pocos minutos que dure su actuación. Podrá ser el héroe o el villano del día. El técnico se le acerca, y le dice algo en secreto. Sonríe, y se va preparando mentalmente para lo que le viene. Comienza a desear que las cosas no cambien en la cancha, para perseguir la gloria. Cuando está a punto de terminar la prórroga, en el minuto 120, el entrenador le hace una seña. Levanta su enorme humanidad, un metro noventa de músculos y nervios entrenados para esa única labor, y lentamente se acerca al borde de la cancha; el cuarto árbitro le revisa los tacos, y enciende su número en la pizarra lumínica. Se cruza con el jugador que va a reemplazar en la instancia decisiva de ese encuentro, quien le dice algo al oído mientras lo abraza. Su cita con la historia ha llegado.

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